Durante los primeros días de enero, alrededor de 15 mil jóvenes prepararán sus mochilas para asistir a los diferentes trabajos y misiones universitarias que se realizarán a lo largo de todo Chile. Son diez jornadas intensas en las que los universitarios se dan a los demás y ponen al servicio de los otros su cariño, su tiempo, sus conocimientos y capacidades. Si bien entregan mucho, todos dicen que reciben más de lo que dan.
Distintas motivaciones
Las razones que tienen para acercarse a estas iniciativas son muy variadas: una fuerte inquietud social, una instancia de reflexión espiritual, el deseo de ayudar y acompañar al prójimo, el interés por conocer gente y hacer nuevas amistades, el gusto por viajar y conocer lugares, las ganas de carretear y concretar un pololeo, etc. Si bien unas motivaciones son más nobles que otras, los organizadores de estas actividades afirman que lo relevante es lo que ocurre al final y no la motivación inicial de los jóvenes.
"Independiente de las razones que tengan para ir, lo importante es el resultado de la experiencia, que es mucho más homogéneo. Si parten con el objetivo de buscar polola o hacer vida social, pero salen con una conversión, un fuerte sentimiento de solidaridad con el prójimo, una clara conciencia de la realidad de la pobreza, un verdadero interés por ayudar y servir a los demás, obviamente la experiencia ha valido la pena", asegura Nicolás Jaramillo, Director de Misiones y Trabajos de la Pastoral de la Universidad Católica.
Reconoce que también hay quienes participan en estas actividades de voluntariado y salen indiferentes con lo que vivieron, pero afirma que son los menos. "Pienso que a un 80% de las personas estas experiencias les deja una huella, pero la profundidad de esta marca es lo que hace la diferencia. Se trata de un proceso que no se concluye en diez días, pero de todas maneras los cambios ocurren y algunos son muy fuertes", asegura.
Añade que estos remezones muchas veces se dan en personas tímidas, con pocos amigos o indiferentes religiosamente, ya que están viviendo una experiencia distinta, en la que se entregan y eso hace que aflore lo mejor de cada uno.
"En estos diez días se conoce a las personas tal cual son, porque se muestran con transparencia y esto hace que los vínculos que nacen sean más fuertes y permanentes", explica Nicolás.
En Chile hay alrededor de 500 mil universitarios. Sólo 15 mil de ellos participarán en misiones y trabajos sociales este verano.
Tocados por otras realidades
El diagnóstico de Sebastián Bowen, Director Social de Un Techo para Chile, es muy parecido: "Estas experiencias marcan a la mayoría, pero no a todos. Depende de la fuerza con que los jóvenes se metan en los trabajos, construyendo mediaguas, conociendo a las familias del lugar y discutiendo los temas que se proponen sobre la realidad del Chile actual. Esta no es una fórmula mágica, sino que depende de la entrega de cada uno".
A su juicio, tampoco son relevantes las razones por las cuales la gente se acerca a los trabajos, ya que lo importante es el resultado final: salir tocados por la realidad de la pobreza y dedicar la vida a esta causa y a los más marginados.
Para María Paz Errázuriz, Jefa Nacional de Misión País 2008, las misiones marcan mucho, tanto por la experiencia que se tiene con la gente del lugar como por las vivencias entre los propios misioneros. "Saber que están todos en lo mismo y que hay personas que se mueven por llevar a Cristo a los demás, por acompañar y escuchar a los otros, por construir el alma de Chile, como se dice en la Misión País, deja una huella profunda", explica María Paz.
Y esto es justamente lo que motiva a la mayoría de los 2.400 jóvenes de alrededor de 80 establecimientos de educación superior chilenos y extranjeros, que este verano se embarcarán en la Misión País, y se distribuirán a lo largo de 60 zonas desde Arica a Punta Arenas. Este año el lema es: "Por el encuentro con Cristo, mi entrega hacia un Chile misionero" y todo el espíritu estará marcado por los lineamientos dados por la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, CELAM, realizada en mayo de este año en Aparecida, Brasil.
Poner los estudios, la profesión, al servicio de los demás es otra manera de darle un sentido social a la vida.
Integrar este espíritu a la vida
Lograr que estas experiencias de voluntariado no se limiten a 10 días en el año, sino que permanezcan para siempre y se arraiguen en las personas como una actitud de vida, es el gran desafío de todos los organizadores de trabajos y misiones a lo largo del país. La idea es que los jóvenes que han pasado por este tipo de vivencias hagan propio un estilo de vida solidario, preocupado y atento a las necesidades de los demás, y que éste se replique en los ámbitos espirituales, familiares, sociales, universitarios y laborales de cada uno.
¿Cómo alcanzar esta meta? Nicolás Jaramillo explica que hay que ser explícito con los jóvenes y decirles claramente que la tarea está empezando y que esto no puede ser una cosa sentimental y pasajera. "Mucha gente me dice: Esto es increíble, pero cuando vuelva al mundo real, se va a acabar. Yo les contesto: Este es el mundo real que tenemos que llevar a la vida cotidiana. Si aquí hemos sido transparentes y generosos, si hemos vivido en forma sana y sin aparentar cosas que no somos, todo esto tenemos que replicarlo en la vida diaria, porque estamos hechos para vivir de esta manera", asegura Nicolás.
Agrega que algunos piensan que la única forma de ser uno mismo es en un contexto lejos de la cotidianidad y con una realidad de pobreza cruda. "Esto no es así. No es necesario vivir en el barro de una caverna para que la identidad salga a flote. Es verdad que la pobreza ayuda a sensibilizar, pero la realidad de carencia y de miseria, tal vez no material, pero sí espiritual o afectiva, que es mucho más fuerte, la tenemos todas las personas", afirma.
Entrega desde lo profesional
Para Sebastián Bowen, otra manera de mantener esta inquietud social es procurando que los jóvenes le den sentido a sus estudios y tomen conciencia de que a través de ellos pueden servir con fuerza a la sociedad, sobre todo en la medida en que conozcan mejor la realidad chilena. Y agrega que si los universitarios participan activamente en los debates que surgen en estas experiencias de voluntariado sobre temas de fondo, como la libertad, la entrega, la juventud y otros, hay más probabilidades de que ellas marquen para toda la vida.
Bowen añade un cuarto camino que consiste en generar instancias durante el año para que los universitarios participen en proyectos sociales. "Nosotros como Techo invitamos a los jóvenes a trabajar durante el año en los campamentos y a que pongan sus estudios al servicio de la pobreza. En Chile, todavía hay más de 28 mil familias que no tienen terreno, vivienda ni servicios básicos. La idea es ayudarlos con la construcción de una mediagua y luego comenzar con un trabajo de educación, capacitación y asesoría en distintas temáticas para el desarrollo comunitario. El gran desafío es que los campamentos consigan su anhelada vivienda definitiva y sean barrios integrados al país".
Solidarios todo el año
María Paz Errázuriz cuenta que la Pastoral de la Universidad Católica también ofrece a los jóvenes actividades solidarias para participar durante el año. Belén UC es un proyecto de voluntariado permanente con comunidades pobres, y Calcuta UC es una instancia para acompañar y servir a personas que viven en cárceles, hospitales, hogares de ancianos y de niños. También existe el proyecto Siembra UC, que reúne a universitarios y alumnos de IV? Medio, y siempre está la posibilidad de asistir a las misiones y trabajos que se realizan en el verano y en el invierno.
María Paz añade que para evitar que este espíritu solidario y misionero se limite sólo a los días que dura la Misión País, es fundamental una buena elección y preparación de los jefes de zona. La idea es que ellos sean capaces de transmitir que estamos llamados a ser misioneros todos los días del año y con todas las personas que aparecen en nuestro camino, siguiendo la invitación que hicieron este año los obispos en la V Conferencia del CELAM.
Si bien es cierto que son muchas las personas que han salido de la universidad y están haciendo vida la inquietud social que sembraron en ellos los trabajos y misiones durante su vida universitaria, todavía hay mucho por hacer para que más jóvenes se sumen a estas experiencias de voluntariado.
Aunque es un buen número que 15.000 personas se embarquen este verano en estas iniciativas, la cifra es baja si se considera que en la educación superior hay cerca de 500 mil jóvenes. Para los organizadores de estas actividades, la tarea es grande, pero apasionante a la vez. HF
EL SENTIDO SOCIAL HECHO VIDA
Una semana en Yungay, VIII Región, pasarán los Vizcaya Vergara este verano participando en las Misiones Familiares Católicas. Al igual que el año pasado, Carlos, Ana Luisa y sus seis hijos, entre 4 y 16 años, entregarán una semana de sus vacaciones para compartir su fe y acompañar a los más necesitados.
Desde muy pequeña, Ana Luisa Vergara desarrolló una fuerte inquietud social y espiritual que luego profundizó en la universidad.
Quiso que sus hijos también tuvieran la oportunidad de vivir esto, y fue así como nació la idea de participar como familia en misiones. "Ha sido una experiencia muy enriquecedora y un importante factor de unión familiar. En este ambiente las personas se muestran tal cual son y se las quiere así, lo cual da mucha seguridad para el futuro a los niños, que además se dan cuenta de que no es necesario tener talentos especiales para ponerse a disposición de los demás".
Ana Luisa agrega que las misiones ayudan a educar en muchas virtudes y son una gran oportunidad para conocer otras realidades, comprender a los demás y valorar lo que uno tiene.
Hace cinco años, un grupo de amigos profesionales se juntaron a pensar cómo canalizar la inquietud social que traían desde el colegio San Ignacio y la época universitaria, inquietud que por la falta de tiempo quedó suspendida al ingresar al mundo laboral.
Así nació la Fundación Trascender. "El modelo se basa en que dentro de su día de trabajo, el profesional atienda a un cliente más, lo que implica un promedio de dos horas semanales. Este cliente siempre será una organización social sin fines de lucro que trabaja para la superación de la pobreza", explica María Paz Rencoret, Directora Ejecutiva de la fundación.
Un publicista puede contribuir elaborando un plan de marketing para una fundación; un psicólogo, realizando una capacitación en un hogar de niños; un abogado, asesorando en la nueva Ley Penal Juvenil; un arquitecto, diseñando el segundo piso de un hogar de ancianos, etc.
Actualmente, hay 1.200 voluntarios inscritos entre Santiago, Antofagasta y Puerto Montt. La mayoría de ellos -un 71%- ha tenido experiencias previas trabajando en organizaciones sociales.
María Paz Rencoret asegura que "gracias a todas las vivencias de voluntariado se está formando una juventud muy arraigada en la realidad del país, y que cuando trabaje en el mundo público o privado, tendrá otro discurso".
Y ésta es justamente la idea de Trascender. Por un lado, ayudar a profesionalizar el trabajo de las organizaciones sociales y, de esta manera, contribuir a superar la pobreza. Y, por otro, formar voluntarios con una visión amplia de la realidad, tolerantes, empáticos, responsables y comprometidos con el país.
En primer año de Ingeniería Civil de la PUC, Patricio Mansilla comenzó a participar en misiones y siguió hasta finalizar sus estudios. Hoy destaca la importancia de vivir en la práctica este tipo de iniciativas de voluntariado.
"Permiten darse cuenta de que estamos llamados a preocuparnos del prójimo, ya que la naturaleza humana va de la mano con el servicio a los demás y eso hace feliz", afirma.
Aclara que el desafío es lograr que el espíritu que los anima se integre a la vida diaria, independiente de si se desempeña en el ámbito público o privado. En su caso, las misiones y trabajos le ayudaron a darse cuenta de a qué quería dedicarse en el mundo laboral. Hoy trabaja en Acción Emprendedora, una corporación dedicada a apoyar a microempresarios de escasos recursos, con pocas redes de apoyo y posibilidades de acceder a capacitación y a créditos con tasas razonables, y con dificultades para competir.
"Hoy la microempresa genera el 55% del empleo en Chile, pero sólo el 13% de las ventas y el 1% de las exportaciones. Si ayudamos a estas personas a surgir, daremos un salto importante en la productividad y en la creación de empleo", asegura Patricio.
"El gran desafío de los organizadores de misiones y trabajos sociales es que quienes participan hagan propio un estilo de vida solidario. Una meta que no es tan difícil de lograr si se crean las instancias para que la ayuda se realice durante todo el año". Nicolás Jaramillo, director de misiones y trabajos de la Pastoral de la PUC.
"Los jefes de zona cumplen una labor fundamental, pues son los llamados a transmitir el espíritu misionero a muchos jóvenes". María Paz errázuriz, jefa nacional de Misión País 2008.

