Están aferrados con uñas y dientes a su libertad. Pero también se proyectan casados y con hijos en un futuro ojalá no tan lejano. ¿Por qué tienen este doble discurso y a dónde conduce?
Escriba “hombres con miedo al compromiso” en Google. Por supuesto que no se trata de un experimento científico, pero la cantidad de foros y artículos que existen sobre el tema muestra que se trata de una tendencia en aumento o, al menos, de una característica de los tiempos actuales. Las opiniones publicadas pueden agruparse en dos: las mujeres se quejan de que sus parejas les dicen explícitamente que no quieren presiones y que prefieren vivir el día a día; y los hombres se defienden diciendo que no es que no quieran comprometerse, pero que no tienen apuro y sólo lo harán cuando estén muy seguros de que es la mujer indicada y que ella respetará su espacio.
El perfil de estos “malos de la película” es claro: hombres profesionales mayores de 28, que trabajan hace por lo menos un par de años. Algunos aún viven con sus familias, pero la mayoría viven solos o con amigos tan solteros como ellos. Todos manejan su tiempo y su plata con total libertad. Y respecto de las mujeres, el denominador común es que no dan el siguiente paso: los que están saliendo no se ponen a pololear, y los que están pololeando, no se casan.
El psicólogo clínico Benjamín Reyes, docente de la Universidad de los Andes, aclara que no hay que generalizar. Dice que obviamente dentro de ese grupo también hay algunos que quisieran estar comprometidos, pero que simplemente “ella” no ha aparecido todavía. Sin embargo, considera que es un tema que vale la pena reflexionar. De lo contrario, puede que aumenten los hombres que en un momento de la vida se detienen angustiados al darse cuenta de que dejaron pasar al amor de su vida.
¿Todo bajo control?
Una causa de esto es la falsa idea de que la vida afectiva se puede planear. Es común escuchar a los hombres contar casi orgullosos que van a aprovechar su soltería al máximo y que a los 30 buscarán a una mujer para casarse. “Pero no es raro que lleguen los 32, los 34 y sigan solteros, ya sin quererlo”, cuenta el psicólogo.
La filósofa Carolina Dell’Oro explica que aunque todos los seres humanos tienen la capacidad de amar, ésta no es espontánea, sino que debe ejercitarse. “Si recién a los 30 decido querer amar, significa que llevo 30 años centrado en mí mismo, lo cual dificulta mucho las cosas. Es que la vida es un proceso, cada etapa prepara para la que sigue”, dice. Por lo mismo, advierte que es importante tomarse con seriedad los pololeos, porque ellos son una escuela de amor: aunque finalmente no se case con esa mujer, tratarla como si fuera la definitiva, entregarse, buscar actividades que permitan conocerse y pasarlo bien juntos.
Abrirse al otro, no evaluarlo
La filósofa agrega que no se puede confiar en que cuando aparezca la persona indicada todo va a fluir fácilmente y serán muy felices, porque la media naranja no existe. Lo que existe son las condiciones que permiten enamorarse de alguien. Dentro de ellas, la principal es la apertura al otro, sin barreras ni condiciones.
Esto es otro punto débil de los hombres solteros a esta edad y se relaciona con el tema de los planes y el control. Creen tener muy claro qué tipo de mujer necesitan y, por eso, cuando comienzan a conocer a una, van lanzándole preguntas o provocando situaciones que les permita evaluar de inmediato si ella es idónea o no. Pero esta actitud difícilmente llevará a buen puerto, pues no permite conocer al otro realmente ni deslumbrarse por su riqueza. Además, atenta contra una característica esencial del amor y es que éste tiene el centro en el otro. Así, el criterio para buscar pareja no es encontrar a quien me haga feliz a mí, sino a la persona a quien yo pueda hacer feliz.
Miedos y libertad mal entendida
Con este intento de controlar su vida afectiva y los juicios tempranos que hacen a las mujeres, los hombres buscan proteger principalmente aquello que llaman “su espacio”. Éste se ve más amenazado hoy, cuando las mujeres no están dispuestas a ceder tanto y también quieren que se les respete su modelo de vida. En esto, hay que darles un tirón de orejas a las generaciones anteriores por la mala fama que le han hecho al matrimonio. “No hemos sabido transmitir que todas las renuncias que se hacen para vivir de a dos traen beneficios mucho mayores”, dice la filósofa Carolina Dell’Oro. Así, en la sociedad actual, matrimonio es sinónimo de ataduras y los hijos, de cargas. Lo cual, sumado al visible aumento de separaciones, vuelve al matrimonio algo de lo que es comprensible querer arrancar.
Benjamín Reyes agrega que hoy existe una cultura anticompromiso en todo ámbito y que ésta ha trascendido al área afectiva. Pone algunos ejemplos: la gente no se compromete con un partido político; son católicos “a su manera”; los jóvenes eligen una carrera y después se cambian; y los matrimonios tienen hijos y luego no están cerca de ellos. La filósofa está de acuerdo y dice que es necesario posicionar la idea de compromiso. “Hoy se valora la libertad ‘de’, cuando lo más grande es la libertad ‘para’. Los jóvenes no se dan cuenta de que al comprometerse están ejerciendo su libertad, no perdiéndola”, explica.
Carolina agrega que hay que tener cuidado, pues es mucho más fácil cuantificar los costos que los beneficios de un compromiso, y ello conduce a una imagen falsa. “Menos tiempo, menos posibilidades de gastar la plata en lo que yo quiero… ¿pero cómo sé las experiencias que me van a tocar? Tal vez antes de enamorarse un joven está obsesionado con poder salir solo con sus amigos. Pero luego, al ver el dolor que eso le provoca a su mujer, ya no querrá hacerlo más”, ejemplifica.
El club de Toby
Llegar a esto hace feliz, pero requiere, sin duda, de gran valentía y generosidad. Los cómodos continuarán juntándose con su grupo de amigos, donde se sienten comprendidos, aceptados y no tienen que dar explicaciones. No poniendo en duda la amistad, Carolina Dell’Oro advierte que este sobredimensionamiento de los amigos no es más que un exceso de “yo”: es querer estar con un yo continuado. Y es el mismo patrón que buscan en la pareja: que los dejen seguir siendo tal como son y que no les pidan cambiar nada. “Pero aferrarse a uno mismo no permite un verdadero compromiso ni una entrega”, dice Benjamín Reyes. Y agrega que los hombres, cegados, no se dan cuenta de que si tienen una relación en la que ambos quieren lo mejor para el otro, podrán mantener aquellas actividades o espacios que necesitan para estar contentos. Esto, porque cuando hay una relación de confianza se puede llegar a acuerdos.
Entonces, es necesario darle fuerza a la idea de que la vida en pareja no es un yugo, sino una oportunidad. También retomar el idealismo que permite creer que las cosas son posibles; que si el hombre y la mujer son seres complementarios que por miles de años han vivido en pareja, no puede ser una misión fuera de alcance.
En primera persona
“En el último tiempo he tenido varias relaciones amorosas, pero todas de corta duración. Reconozco que me preocupa un poco el tema, porque siempre soy yo quien decide terminar las relaciones; a todas les encuentro un “pero”. En esos momentos los amigos son un apoyo importante, ya que ellos te quieren como eres. Aunque hoy mis amigos están la mitad casados y los demás comprometidos… Verlos emparejarse me deja una sensación de tristeza por estar perdiendo a mis compañeros de salidas nocturnas. Pero luego, si veo que la relación los tiene contentos, me alegro por su felicidad y refuerzo su decisión. Sí, finalmente, aunque no tengo apuro, yo también quiero eso”. Gonzalo, 30 años, psicólogo.
Mis Amigos y Yo
“Vengo de una familia grande y muy unida, con unos papás que se quieren mucho. Me gustaría poder repetir esa historia, pero veo tantas separaciones, gente que lo pasa tan mal al casarse que creo que hay que ser más cuidadosos y no dejar todo de lado por una mujer. Porque los amigos son para toda la vida, en cambio la pareja, no se sabe. Por eso, cuando voy conociendo a una mujer, lo que más me importa es que ella respete mi espacio y que me deje ser libre para seguir viendo harto a mis amigos. Si me doy cuenta de que no va a ser posible, que ella es muy dependiente y controladora, me alejo, porque no es lo que yo quiero”. Matías, 28 años, ingeniero comercial.
Para ver…
“El último beso” (L’ ultimo bacio). Película italiana del 2001, pero de extrema vigencia. Muestra a un grupo de amigos hombres de 30 años y las reacciones de cada uno ante el amor y el compromiso. Por lo mismo, no es precisamente una película romántica, pero sirve para reflexionar y pasar un buen rato. (Mayores de 14).

