Un primer episodio de depresión después de los 60 años puede estar alertando la presencia de otras patologías.
Contrario a lo que se podría especular, la relación entre la edad y el aumento de los casos de depresión no es directamente proporcional. Así lo demuestra la Encuesta Nacional de Salud del año 2003. Según este estudio, el segmento de la población chilena que más se queja de síntomas depresivos no son los adultos mayores, sino las mujeres en el tramo de edad entre 25 y 44 años, con un 30% de prevalencia.
El doble que la presencia de síntomas depresivos en la población de más de 60 años, que corresponde a un 13%.
Según el Jefe de Psiquiatría de la Clínica UC de San Carlos de Apoquindo, Jaime Santander, si bien el adulto mayor enfrenta escenarios más adversos debido a la pérdida de familiares, problemas económicos y cese de actividades laborales, “la mayoría de las personas, a esas alturas de la vida, toleran las dificultades con la sabiduría propia de los años”.
Por los años
Existen características biológicas propias de la edad que predisponen al adulto mayor a presentar un cuadro depresivo. Según la Dra. Trinidad Hoyl, geriatra de la Universidad Católica, “en la mujer, los cambios hormonales asociados a la menopausia con bastante frecuencia se asocian a síntomas depresivos”.
También durante la vejez suelen aparecer enfermedades crónicas que pueden generar cuadros depresivos. Es el caso, de aquellas que causan dolores óseo-articulares persistentes y patologías tiroideas.
Según la Dra. Hoyl, los cánceres se asocian a depresión y lo hacen bidireccionalmente, ya que “las personas con cáncer se deprimen más, lo que es comprensible por el diagnóstico, el dolor asociado, etc., pero se sabe también que la depresión se relaciona a una alteración de la inmunidad que predispone a desarrollar cáncer”.
Por último, según la experta, “hay algunos medicamentos que pueden desencadenar o agravar los síntomas depresivos”. Es el caso, por ejemplo, de los betabloqueadores, los cuales se utilizan para tratar la presión arterial alta.
Enmascarando otras enfermedades
A mayor edad se incrementa la probabilidad de desarrollar Alzheimer, y a veces las primeras manifestaciones de esta enfermedad son los cambios de ánimo y la aparición de síntomas depresivos; más tarde se hace evidente el problema de memoria.
Según el Dr. Santander, “la demencia o el Alzheimer son dos cuadros que debutan con síntomas de tipo depresivo y posteriormente van apareciendo los signos más propios del deterioro cognitivo, como la pérdida de la memoria, en el caso del Alzheimer.”
Por esto, el psiquiatra asegura que si una persona no tiene antecedentes previos y comienza a dar luces de una posible depresión “hay que estar atentos a buscar efectivamente y descartar la presencia de este tipo de complicaciones.”
Jubilación y dependencia
Hay personas que sueñan con jubilar y disfrutan esta etapa: organizan su tiempo libre y logran sentirse útiles cumpliendo otros roles en la sociedad. Pero hay quienes dejan de encontrarle sentido a su vida. “Este trastorno de adaptación genera ansiedad y síntomas depresivos que pueden prolongarse en el tiempo si no se logra un nuevo equilibrio”, explica la Dra. Hoyl.
Por esto, la geriatra resalta la importancia de desarrollar a lo largo de la vida intereses fuera del trabajo, como actividades culturales, físicas o sociales. “Los ayudan a mantenerse integrados a la sociedad y a sentirse útiles para los demás”, explica.
También, como consecuencia de una enfermedad o daño neurológico, algunos adultos mayores de pronto pasan a depender de otros para ejecutar acciones simples como desplazarse, comer o ir al baño. Según el Dr. Santander, el cómo el adulto mayor enfrente estas situaciones depende de su personalidad de base. “Hay personas para las que cualquier síntoma de enfermedad o limitación se vive catastróficamente y con un gran estrés. En esos pacientes van a haber síntomas reactivos y de angustia”.
Tratamiento
La depresión en el adulto mayor trae consigo un deterioro funcional del individuo, lo que lo hace ser más dependiente de otros. Esto lo deprime aún más.
En cuanto al tratamiento en general, las dosis iniciales de antidepresivos son menores que las que se administran a los jóvenes y se van regulando acorde a la respuesta del paciente. Esto porque las personas mayores suelen estar tratándose otras patologías. También producto de la edad, algunos fármacos en dosis normales pueden ser excesivas para un mayor porque su capacidad de metabolización está disminuida.
Según la Dra. Hoyl, “la psicoterapia puede ser de utilidad. Hay que destacar que el tratamiento de la depresión para ser efectivo debe ser prolongado, en general, con un mínimo de seis meses”.
Atención a los Sintomas
Muchas veces la consulta por depresión es tardía, pues la persona mayor tiene el mito de que es “normal” que se deprima por la edad, y lo acepta como parte de su destino en vez de buscar una solución.
La familia debe apoyar a la persona con posible depresión, acompañarla y no ignorar ni desestimar sus quejas. Según la Dra. Hoyl, debe estar atenta y consultar a un especialista si observa algunos de los siguientes síntomas:
- Cambios de ánimo.
- Tristeza o indiferencia persistentes.
- Irritabilidad o agresividad.
- Tendencia al aislamiento.
- Si la persona deja de disfrutar con las cosas que antes le gustaban.
- Cambios del apetito.
- Sentimientos de mi-nusvalía.
- Pérdida de la esperanza.
- Deseos de muerte.

