Escrito por Equipo Hacer Familia / Nº 163 /  20 Agosto 2009

cuerpoenformaCuidar el físico con una alimentación saludable y un poco de ejercicio no es vanidad. es dignidad. El cuerpo es una parte integral de nuestro yo.

Señor Director:

¿Sigue usted por casualidad algún régimen de comida? Parece que somos pocos los que, pasada cierta edad, nos libramos de la tiranía de las restricciones culinarias. Para algunos es la diabetes, para otros el colesterol. Y para muchos el sobrepeso. Sobran las razones y las presiones.

Como chiquillo joven, me asombraba la disciplina con que mi mamá y mis hermanas cuidaban su régimen para adelgazar. ¿O era un régimen para no engordar? Yo ni tenía el problema, ni se me ocurría siquiera que pudiera existir. Me parecía sólo un capricho femenino, equivalente a pintarse los labios o los ojos. La espontaneidad marcaba mi vida, y lo hizo por lo menos hasta que terminé la universidad. Después comencé a aprender más sobre el autocontrol en todos los campos de la vida.

Es una suerte, creo yo, no tener una tendencia a engordar, ni siquiera a mi avanzada edad. Muchos de mis amigos y amigas de antiguos bailoteos son unos gorditos y gorditas respetables. Hubo períodos de su vida en que siguieron algún tipo de dieta, casi seguro. Habría que preguntarles, pero la respuesta va a ser un sí. Pero cuando no hay una enfermedad de por medio, dígame usted, ¿quién se atribuye el derecho a incomodar a una persona de edad imponiéndole una cierta figura esbelta porque es la moda social?

Si tomamos el tema por el lado de los ancianos mismos, yo pienso que es mejor no perder la ilusión de la buena apariencia. O sea, no descuidarse a ninguna edad, sea uno hombre o mujer. Alguno podría pensar que se trata de vanidad y yo pienso que se trata más bien de dignidad. Total, nuestro cuerpo es una parte integral de nuestro yo. Caminar, trotar, gimnasio: todo puede ayudar.

Por otra parte, nada nos va a durar para siempre, y llega el momento en que el deterioro físico se hace imparable. Yo por lo menos intento estar preparado para esa realidad, que se va imponiendo sigilosamente.

¿Cómo podríamos formular todo esto? Quizás así: Queridos jóvenes y ancianos: tengamos todo el tiempo la ilusión de vivir, y de mantener lo mejor posible nuestro cuerpo y nuestro espíritu hasta el final. Algún día habremos de resucitar.

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