10 noviembre 2009
Videojuegos ¿qué saben los padres de ellos?

La respuesta es clara: bastante poco. Se ha comprobado que son escasos los que juegan con sus hijos. Saben que les entretiene, o incluso que los apasiona. A algunos les asusta la adicción y el exceso de tiempo que consumen divirtiéndose. Como todos los medios que ofrecen imágenes, hay varios excelentes y sanos, pero también los hay dañinos y perjudiciales. Muchos niños los tienen al alcance de la mano con la ingenua ignorancia de sus padres. Los hay -nos dice el experto en videojuegos Fernando García Fernández- “con altas dosis de violencia, sexo o incitación al consumo de drogas”. Y añade: “los mismos niños reconocen que si sus padres conocieran su contenido, nos les dejarían utilizarlo”.
Por: Diego Ibáñez

Un videojuego es un programa informático interactivo destinado al entretenimiento que permite disfrutar de experiencias que, en muchos casos, no podrían vivirse en la realidad. Puede jugarse solo o acompañado por otros muchos jugadores, que pueden estar presentes u on line. Para ello se usan diferentes dispositivos electrónicos: computador, consola, celulares, etc.
Fernando García, experto español en el tema, sensatamente sostiene que esta entretención ofrece oportunidades, pero reconoce los riesgos. Entre las primeras destaca que, “si se juega acompañado, son una forma de participar en actividades comunes y fomentar el contacto social con iguales. Además de divertir, fomentan la adquisición de habilidades intelectuales y psicomotoras. Tienen un importante potencial educativo: pueden estimular la lógica, el desarrrollo de estrategias encaminadas a la resolución de problemas, la perseverancia en aras a conseguir una meta o la tolerancia ante el fracaso”. Hasta aquí, miel sobre hojuelas. Pero…

Los riesgos también son evidentes
Y García los reconoce y su voz autorizada debe servir de alerta a los padres. De paso, también a los abuelos, ya que nos consta que en alguna ocasión han regalado a sus nietos los peores, disfrazados con nombre de santos. “Si se utilizan en exceso pueden llevar al aislamiento del menor, dañando sus relaciones sociales y afectando negativamente su rendimiento académico. La pérdida de control por parte del jugador puede desembocar en algún tipo de conducta adictiva”. Pero aún: “Si sus contenidos son inadecuados, además de herir la sensibilidad del menor, pueden fomentar ideas y conductas inapropiadas”.
La evidencia de los riesgos lo demuestra la creación de páginas web tanto en Europa como en Estados Unidos: www.pegi.inf; www.esrb.com. Ambas ofrecen una escala de valoración para ayuda de los padres. Pero esta información no basta, ya que por Internet se pueden bajar videojuegos piratas que no contienen información sobre edades y contenidos. Como en todos los medios tecnológicos que nos rodean (Internet, TV, videojuegos) hay de todo. Muy sanos, en este caso, como Super Mario Galaxy o Mario Kart, y otros de una bajeza venenosa, como Grand Theft Auto San Andreas IV, de intenso contenido sexual, violencia, lenguaje ya no ordinario, sino soez, y cero valor educativo, o mejor dicho, cargado de virus perjudiciales. Y ojo si a través de la pantalla o el chat toma contacto con indeseables desconocidos.

El videojuego no puede ser el entretenimiento único
Ni único ni exclusivo. Los padres deben fomentar en sus hijos -valga la redundancia- “intereses interesantes”, que les abran horizontes y los saquen del sedentarismo y la inmovilidad frente a una pantalla, que les ayuden a tener una visión amplia y no los encierre en un pequeño mundo. Incluso los videojuegos sanos y educativos pueden dejarlos presos en una burbuja. Sin descuidar los estudios que son su oficio, la lectura de buenos libros que les permitan vivir estupendas vidas ajenas y aventuras apasionantes; la práctica de deportes que cada vez ofrecen un abanico más amplio de posibilidades; una intensa vida familiar en la que forjan su carácter y encuentran sus raíces; el asombro frente a la naturaleza y la maravilla de lo creado (belleza, variedad de animales, pájaros, insectos, plantas…); todo esto, además de aprender a ser un buen hermano, un buen compañero, un buen amigo, es decir, el aprendizaje de la generosidad que los saca de su espontáneo egoísmo.
El gran tema de la educación es el buen uso de los tiempos libres, y en esto, los padres solemos tener poca imaginación o poca voluntad de enseñar.

Padres tontos
Es fuerte decirlo, pero incluso de buena fe, hay familias que con el afán de darle lo mejor a sus hijos, ponen un televisor, un equipo, un computador y una consola de videojuegos en la pieza del niño. Es verdad: no meterá ruido a menos que exagere en el volumen de estos medios, pero lo arruinarán como persona. Han sentado en el trono al pequeño príncipe del egoísmo, ensimismado en su aislamiento y ajeno a toda vida que no sea la suya. Nunca sabrán a qué juega, cuándo juega y cuánto tiempo, ni qué ve ni cuánto ve ni cuándo ve. La tecnología se ha convertido en su mamá y los medios son sus pares. La pantalla es su niñera.

Detecte situaciones de riesgo
Fernando García aconseja “estar atento ante los problemas que puedan estar surgiendo por un uso inadecuado de los videojuegos. ¿Tiene cambios bruscos de humor, enojándose en exceso cuando pierde, cuando algo no funciona bien o cuando se le priva de jugar? ¿Su rendimiento escolar ha caído notablemente? ¿Juega de forma compulsiva?”
También conviene detectar problemas posturales, alimentación a deshora, lata frente a juegos al aire libre, falta de amigos, escasa vida de familia. Los medios hay que utilizarlos inteligentemente y no dejarlos que se traguen a la pobre criatura que se hace su esclavo.

Adicción a los videojuegos
Esta palabra tiende a asociarse a las drogas y al alcohol, pero también los juegos pueden provocar esta dependencia que captura al niño y es tan difícil de quitársela de encima. Dejar pasar las horas de almorzar o comer, volverse impenetrable cuando se les dirige la palabra, desatender el trabajo escolar y desinteresarse por la vida familiar por un deslumbramiento frente a la pantalla, son signos de esta adicción. Golpear, aniquilar al contrincante, reducirlo, vencer, pueden transformarse en pasiones incontroladas. La altamente lucrativa industria de los videojuegos lo sabe por el aumento cada vez mayor de sus arcas. Además de que lleva a confundir el mundo real con el mundo virtual por los efectos cada vez más sofisticados que logran, y la participación activa del jugador, son consecuencias que aún están en estudio, pero se puede adelantar que no son benéficos sino dañinos para un niño o adolescente.
Como siempre, los padres juegan el papel principal para reinsertar al hijo en la realidad. Pero si ya ese ha escapado de las manos, puede ser necesario consultar con un experto.

La vida ¿un videojuego?
Desear que nuestros hijos jueguen diariamente en medio de bucólicos paisajes sin televisión, internet o videojuegos como los de la familia Ingalls de La Pequeña Casa en la Pradera es una utopía. Querámoslo o no, los videojuegos llegaron para quedarse y probablemente existirán siempre. Por lo tanto, tenemos que adaptarnos a ellos y sacarles el mejor provecho posible.
Por otro lado, muchos de nosotros crecimos con la primera generación de videojuegos: Space Invaders, Pac Man, Rally X, Moctezuma, etc. y no somos causa perdida. Si bien es cierto que los videojuegos han evolucionado muchísimo, nos pueden ser de utilidad algunos de los siguientes tips:

– Fíjese en la calificación del videojuego: En EE.UU. es obligatorio que los videojuegos tengan una calificación que recomiende la edad adecuada, así como una descripción de contenidos referentes a sexo, violencia y procacidad. En Chile comenzará pronto.
– Varias revistas de actualidad y periódicos ya están incluyendo críticas a videojuegos. Léalos.
– Juegue usted, de esa manera podrá conocer cómo es el juego y podrá ponerse como ejemplo para enseñar a cortar.
– Bonos de naturaleza: Así como las empresas contaminantes compran bonos de carbono, obligue a sus hijos a comprar “bonos de naturaleza”: por cada 1 hora de consola, 1 hora de aire libre.
– Deporte virtual versus Deporte real: Muchas consolas incluyen deportes virtuales lo cual puede ser una excelente oportunidad para ofrecerles deportes reales: tenis, bowling, yoga, artes marciales. Desafíelos a ser tan buenos en deportes así como lo son con los videojuegos.
– Permitir la frustración (sana): La vida no funciona apretando “pausa”, o rehaciendo lo que resultó mal. Tienen que aprender a asumir las consecuencias de sus actos, y que muchas veces “no se puede jugar de nuevo”.

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