Escrito por Diego Ibáñez L. / Nº 169 /  19 marzo 2010
Mi hijo está condicional

Joaquín cursa tercero medio, pero siempre ha estado en la “cuerda floja”. Su paso por el colegio ha implicado un sinfín de condicionalidades y de negociaciones con la directiva del establecimiento educacional.

Escriben los padres de Joaquín: “Como todos los años, Joaquín partió éste con el pie izquierdo. Es desordenado, conversador y no dejan de pasar por su cabeza las ocurrencias más extravagantes, para, según él, pasarlo bien. El colegio, con justa razón, lo tiene entre ceja y ceja. Nosotros como padres hemos intentado por todos los medios que controle su conducta. Por períodos lo logra, pero no sé cuánto pueda durar este tira y afloja. No queremos ni pensar en la idea de que Joaquín pueda quedarse sin colegio, menos a esta edad”.

La vida escolar de algunos adolescentes es un continuo sobresalto para sus padres, ya que su permanencia en el colegio está siempre pendiendo de un hilo poco resistente. Como lo dicen ellos mismos, desorden, interrupciones reiteradas a las clases, pero el riesgo mayor son “esas ocurrencias  extravagantes” a través de las cuales Joaquín busca -así lo cree él- “pasarlo bien”.  Un modo curioso de divertirse que, obviamente, su familia no puede comprender, ya que sólo es una muestra de su inmadurez.
Pero, a favor de Joaquín, está la postura que han adoptado sus padres,  que, a diferencia de muchos en situaciones similares, no reconocen los problemas que causa su hijo y culpan a “la exageración de los profesores” de las sanciones que le imponen.
Con padres como los de Joaquín se puede hacer mucho. Aconsejarles, por ejemplo, que estén muy cerca de él, que lo llenen de un cariño inteligente, que conversen muy seguido sin que ello sea un reto continuo. Que se entrevisten con el profesor Jefe y lo conviertan en su aliado para sacarlo adelante. Ningún profesor se resiste a unos padres sinceros necesitados de ayuda. Y que se apoyen en algún buen amigo dispuesto a colaborar en la misión de lograr que se autocontrole.

Condicionalidad como sanción
Ninguna medida disciplinaria surte efecto si el propio afectado (ni sus padres) no la comprende. Deben explicarse las causas que la provocaron. No pueden entenderse como venganza, sino como una oportunidad para que reaccione.
Las condicionalidades deben revisarse periódicamente en los colegios, estando atentos a posibles cambios positivos, reconociéndolos y haciéndolos ver. Es una mochila muy pesada para el alumno, pero debe ver que el interés del establecimiento es ayudarle a sostener el peso, aligerándolo. Por ejemplo, si hay muestras de un cambio, se puede convertir en pre-condicionalidad. Y si el cambio positivo persiste, debe levantarse. Nada es más alentador para un adolescente que se reconozca el esfuerzo que pone en mejorar su conducta, su actitud o su rendimiento. Y nada más inútil que “las condicionalidades eternas”, con la que algunos alumnos completan su vida escolar. Por lo mismo, se debe explicitar los motivos de la sanción. No es lo mismo una condicionalidad por faltas de respeto graves (deshonestidad, engaños), a una condicionalidad por conductas infantiles o payasadas constantes.

Actores fundamentales
Colaboración de las familias.
Si las familias no ponen el hombro, hay muy poco que hacer. Los padres dirigen el proceso de mejora personal de cada hijo y son ellos los que mejor saben cómo, cuánto y en qué exigirle. Si están cerca de ellos, tendrán claro qué teclas apretar para que la luz se encienda. Si el colegio trabaja en la misma dirección, siempre hay esperanzas.
El papel de los colegios.
Los profesores no pueden tratar a los “condicionales” como alumnos dese-chables que están siempre pisando el umbral de la puerta de salida. Nada desanima más a un adolescente que lo consideren “lo que botó la ola”. Por eso es tan importante la existencia de las tutorías, en las que un profesor converse amigablemente con cierta periodicidad con cada alumno y le vaya fijando metas posibles, a su alcance. Esto lo debe tener en cuenta el equipo de profesores, ya que, a veces, no faltan los que quieren librarse de un alumno “difícil”.
Los compañeros ayudan o “avivan la cueca”.
Los compañeros de cursos son insustituibles si quieren sacarlo adelante, como también pueden ser los grandes causantes de una expulsión, ya que pueden estimular positiva o negativamente las “ocurrencias extravagantes” de Joaquín. Hay ocasiones en que el alumno quiere cambiar y los que se dicen sus amigos no lo dejan porque les corta la diversión.

Causas de condicionalidad
Aunque cada colegio tiene un reglamento interno, en general la condicionalidad de un alumno está determinada por:

  • Reiteradas muestras de indisciplina tanto dentro como fuera de la sala de clases.
  • Rendimiento académico deficiente y sostenido en el tiempo.
  • Inasistencia permanente a evaluaciones, presentaciones o entrega de trabajos.
  • Faltas graves como robo, vandalismo, agresiones verbales o físicas, consumo de alcohol, tabaco o drogas.

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(3) Comentarios de lectores

  1. Si mi hijo tiene la matricula condicional como se puede hacer para que ya no esté condicional

    • Hola Fernando, te recomendamos que esto lo preguntes directamente al director o inspector del colegio de tu hijo. Ellos te podrán decir qué dice en el reglamento interno del colegio acerca de la condicionalidad.

      Saludos,
      Hacer Familia Chile

  2. Me gusto leer la experiencia de Joaquin y sus padres, ya que me sentía sola en este problema.
    Mi hija paso a sexto básico, en el quinto básico ocurrio un cambio muy desfavorable en su conducta se potencio con otras dos compañeras y fueron reiteradas las anotaciones porque ella se levanta reiteradas veces del asiento para ir a conversar con estas amigas o las amigas van donde ella. Ahora yo fui al colegio para que la cambien de curso y no lo permitieron diciendome que va hacer lo mismo, no entiendo la reaccion de la profesora no la quiere soltar yo esto lo venia conversando desde este año y me aseguraron que para la matricula solo la cambiaba al otro curso y listo y me sale con esto la profesora jefe “que no es aconsejable por el bien de la niña”, la verdad no lo entiendo.

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