Se casaron y partieron un año a Ecuador como voluntarios de la fundación América Solidaria. Aunque el trabajo social no era algo nuevo para ninguno de los dos, sabían que esta experiencia intensiva sería oxígeno que avivaría aún más el amor y fortalecería su proyecto de familia.
Por Luz Edwards
“Allá no había que pensar ni siquiera en qué ponerse, porque todos teníamos que andar con blue jeans y una polera del Hogar de Cristo”, cuenta Darío sobre su trabajo en Ecuador. Tampoco tenían que elegir dónde vivir ni había muchos panoramas posibles. “La casa quedaba en un sector bastante peligroso de Guayaquil, entonces había que irse directo del trabajo a nuestra villa y la vida social era ahí mismo”, dice Rocío.
Jugar cartas en la parroquia del frente o comer con otros voluntarios era lo máximo a lo que se podía aspirar, pero con eso les quedó claro que para pasarlo bien, no hace falta nada más. “Si un día estábamos un poco peleados no teníamos la opción de salir a comer o ir a ver una película, que es lo típico que uno hace para arreglar las cosas. Ni siquiera teníamos televisión, así que había que ser creativos y conversar las cosas al tiro”, cuenta Darío.
Cada uno tenía un trabajo concreto y de acuerdo a su profesión. Ella es socióloga y se dedicó a diseñar y redactar proyectos para la superación de la pobreza.
A Darío le encargaron investigar nuevas tecnologías para desarrollar viviendas sociales, área que siempre había sido su principal interés dentro de la arquitectura.
Unidos desde la raíz
Hace un año que volvieron de Ecuador y todavía no tienen televisión. Cuentan que no les hace falta, pero Rocío dice que a lo mejor para el mundial van a conseguirse una, comentario que su marido escucha con esperanza.
Pero saben que esa decisión no va a ser problema, porque los dos están muy de acuerdo en el estilo de vida y de familia que quieren tener. “Todo lo conversamos mucho y lo rezamos mucho juntos”, cuenta ella, y eso desde antes de casarse. Por supuesto que aparecen discusiones del día a día, pero no saben de desencuentros profundos.
Los une el mismo entusiasmo de trabajar por los demás, entonces, el año en Ecuador fue un paso natural. “Antes habíamos pololeado con personas que no compartían esto y era un problema. En cambio en nosotros es igual de fuerte”, dice Darío, y su señora agrega que eso lo siente como un regalo enorme. Además, incluso sus familias los entienden perfectamente, pues son igual de entusiastas con el trabajo social. Rocío dice, por ejemplo, que ella nunca pasó una Navidad en su casa, pues siempre iban como familia a compartir esa noche con la gente de la calle.
Cuidando el regalo
Están felices porque han podido llevar a la práctica esta forma de vida que a los dos les hacía ilusión y a la que hace seis meses se unió Violeta, su hija. Pero saben que, no por ser compartida, va a ser siempre fácil y que deben cuidar y alimentar su proyecto. En ese sentido, Rocío siente que el objetivo encubierto de su año en Ecuador era llenarse de aire fresco y vivir intensamente eso de que si la vida se te fue regalada, uno debe entregar algo de vuelta.
“Es una experiencia que siempre vamos a poder recordar y además es algo para contarles a la Violeta y a los demás hijos que tengamos”, dice. Sin dudas, la fuerza de ese recuerdo será mucha pues no fue sólo una experiencia aislada, sino que marcó una pauta en ellos y profundizó su estilo propio de vivir.
Hoy, él trabaja en Un techo para Chile, en proyectos de vivienda social, y ella está buscando trabajo en alguna fundación relacionada con la pobreza o en investigación sociológica. Saben que probablemente nunca les sobre la plata, pero ése es un tema más donde tienen absoluto consenso. “No concebimos trabajar en algo que no nos motive y siempre vamos a ajustar nuestro estilo de vida al presupuesto que tengamos. Ahora, por ejemplo, no podemos hacer panoramas muy increíbles, pero no importa porque nuestro día a día nos encanta y nos hace pleno sentido todo lo que hacemos”, cuenta Rocío. HF
Voluntarios de a dos
América Solidaria es una ONG de cooperación internacional que presta servicio voluntario profesional en las localidades más empobrecidas de América Latina y El Caribe.
Actualmente más de 50 latinoamericanos se encuentran trabajando en ocho países del continente.
Cada año se evalúa la posibilidad de enviar un matrimonio que cumpla con los requerimientos: jóvenes hasta 35 años con gran vocación social.
Más información en
postulaciones@americasolidaria.org. Fono 6970085


