Escrito por Natalia Agüero / Nº 170 /  05 Mayo 2010
Su rencor no le permite olvidar

Paulina y Carlos están casados hace 18 años y tienen cuatro hijos. Problemas cotidianos como que a él se le olvidó un aniversario o no ayudó a Paulina en algún quehacer doméstico, los hacen pelear. El problema es que ella no olvida y tiene un registro telegráfico de cada discusión.

Por: Natalia Agüero

Cuenta Carlos
“Paulina siempre ha tenido memoria de elefante, pero ésta nos está jugando en contra de nuestro matrimonio. Ella se acuerda de cada discusión que hemos tenido, de los motivos que la generaron y de cada error que yo pueda haber cometido. El problema mayor es que no sólo no las olvida, sino que continuamente está sacándolas en cara. Me dice que no las recuerdo porque me conviene y que no enfrento mis errores. Pero lo que yo veo es que ella es extremadamente rencorosa. De hecho, después de una discusión -que por lo general es por cosas chicas- podemos tener una buena conversación, perdonarnos, pero yo sé que eso se anota en mi historial y que ella no es capaz de olvidar, de dar vuelta la página. ¿Cómo puedo lidiar con esto? ¿Cómo puedo ayudarla para que sea menos rencorosa?”

En este caso, lo primero que hay que procurar es no caer en los extremos ni polarizar la situación. No se puede pensar que uno es el “malo” y el otro el “bueno”, ni que uno de los dos tiene la culpa de todo. En las relaciones humanas siempre existen matices y generalmente las responsabilidades son compartidas. En este sentido, hay que tener cuidado con no patologizar a Paulina y victimizar a Carlos o viceversa. Sería muy peligroso etiquetarlos a ambos, por ejemplo, a ella como una mujer rencorosa, exigente, demandante e inconformista; y a él como un hombre poco cariñoso, despreocupado, no ayudador.
En segundo lugar, es importante detectar hace cuánto tiempo comenzaron estas discusiones y con qué frecuencia ella le saca en cara las cosas a su marido. Identificar si ha habido algún cambio importante en la estructura familiar -por ejemplo, crecimiento de los hijos, llegada o ida de algún familiar- que pudiera estar afectando las relaciones dentro de la familia.
En tercer lugar, es muy importante preguntarse si esto que está ocurriendo tal vez oculta otras carencias o demandas de cada uno, no satisfechas en la relación. Esto es clave, porque detrás del afán por registrar telegráficamente todos los errores del otro y no dejar pasar ni una, se esconden necesidades afectivas de ser acogido, comprendido, acompañado, querido. En otras palabras, es probable que esa memoria de elefante se haya transformado en una herramienta muy rígida que esconde la petición de: “estemos juntos”, “me siento sola”, “te echo de menos”.
Por otro lado, los olvidos y errores de Carlos pueden ser un medio que se utiliza para decir: “no soy perfecto”, “no puedo con todo”, “también me equivoco”, “me siento solo y cansado”. Esto es muy importante de identificar, porque si no se enfrenta el problema de fondo, puede ocurrir que por muchos esfuerzos que haga Carlos por acordarse del aniversario o ayudar en los quehaceres domésticos, Paulina igual no esté contenta y siga acumulando rencor.
En cuarto lugar, hay que procurar no caer en un círculo vicioso de desconfianza. Él puede pensar que nunca será realmente perdonado por su señora, “porque no me acepta como soy ni ve los esfuerzos que hago”. Y ella puede creer que su marido jamás se acordará de una fecha importante ni ayudará en la casa, “porque no me quiere ni soy importante para él”. Desde esta postura, cada uno puede ir tomando una actitud cada vez más rígida, aislándose, anulando toda posibilidad de diálogo y poniendo en riesgo el matrimonio.
En quinto lugar, hay que saber que -en un nivel más inconsciente- muchas veces estas situaciones se conectan con experiencias vividas de soledad y/o distanciamiento afectivo que como hijos hemos percibido y aprendido de los propios padres, quienes son nuestros modelos de aprendizaje.
En este caso, es muy probable que Paulina sea muy exigente con su marido y no le perdone los errores porque es muy dura con ella misma y no se permite caer o equivocarse por miedo a no ser querida o aceptada. Puede ser que ella no haya tenido una experiencia de amor incondicional en su infancia y que sea eso lo que está esperando de Carlos.

Consejos para ella
Paulina, lo primero que debes hacer es conversar con Carlos. Dile explícitamente cuáles cosas son importantes para ti: el aniversario de matrimonio, la ayuda doméstica. Recuerda que los hombres y las mujeres somos muy distintos, y que a veces a ellos no se les ocurre lo que nosotros estamos esperando. La solución no es enojarse, sino hablar amablemente y pedir ayuda.
Dentro de lo posible, intenta conocerte más. Te darás cuenta que como todo ser humano, tú también tienes fallas y te equivocas. Así serás más comprensiva con los errores de Carlos y te será más fácil perdonarlo. Quien piensa que es perfecto es poco tolerante con las debilidades del otro. En la medida en que te aceptes a ti misma, podrás aceptar mejor a los demás con sus virtudes y defectos.

Consejos para él
Carlos, trata de querer a Paulina tal como es, de aceptarla rencorosa y demandante, para que ella tenga la experiencia de sentirse realmente querida. Así va a abrirse a reconocer sus propias debilidades y podrá ser más comprensiva y menos intransigente con los demás.
Sin embargo, tienes que decirle lo que sientes para que tú no acumules rabia. Por ejemplo, “te quiero tal como eres, pero me molesta que cada vez que discutimos saques a flote cosas que ocurrieron hace años y que no tienen nada que ver con el problema actual”. Esto es clave, porque si no irás acumulando mucha agresión que algún día saldrá en forma inadecuada y poco sana.

Consejos para ambos
Busquen espacios de diálogo fuera de la situación de crisis para evitar la violencia y las descalificaciones, que dañan mucho la relación. Hay que esperar que pase la discusión y luego -con más tranquilidad- hablar sobre el tema en el momento propicio y de una forma adecuada.
Procuren escucharse y descubrir qué le ocurre a cada uno y qué sentimientos se esconden detrás de la situación que están viviendo.
Conversen qué tiempos reales se están dando ustedes como esposos, qué es lo que realmente puede esperar uno del otro, cómo están cultivando el cariño diario, los detalles, y qué proyecto común de familia están construyendo.
Nunca olviden que vivir con rencores estropea el corazón, quita la paz y hace la vida muy difícil. Fácilmente se cae en el resentimiento y los problemas se acumulan y crecen como una bola de nieve que -tarde o temprano- estalla de manera explosiva. HF

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