En un mundo en que los padres están sumamente exigidos y la esperanza de vida bordea los ochenta años, el rol de los abuelos es cada día más importante. Lejos de malcriar, pueden ayudar a educar y aportar esa sabiduría que se adquiere con los años.
Por Magdalena Pulido / mpulido@hacerfamilia.net
Personifica lo que cualquiera entendería como una “abuela chora”. A sus 68 años se la puede ver guiando visitas por la Catedral de Santiago, tapando con spray publicidad inmoral en la vía pública, o paseando con su marido y sus nietos por los pueblitos más insospechados de nuestro país. María Elena Troncoso es de esas mujeres valientes, creativas y ejecutivas que no pierden el tiempo.
Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Chile, pero toda su vida se ha dedicado a la museología. Su amor por la cultura, el arte, la música y la literatura, lo heredó de su madre y de su abuela. Promovió y cofundó el Museo de Ciencia y Tecnología y el Museo Infantil y del Juguete, a los que se integró el ya existente Parque Museo Ferroviario. Todos en la Quinta Normal de Santiago, los cuales dirigió durante los diez primeros años.
Hoy trabaja en la Catedral de Santiago y además es Secretaria Ejecutiva de la Comisión Nacional para los Bienes Culturales de la Iglesia, que preside el Padre Gabriel Guarda.
“Nuestra labor es conservar y proteger todo el patrimonio de la Iglesia en Chile y así lograr que dure miles de años. Queremos cuidarlo para las futuras generaciones y procurar que cumpla la función evangelizadora para la que fue creado. Actualmente hacemos talleres de conservación de documentos, nos preocupamos de que el trabajo de restauración se realice adecuadamente, y damos charlas y conferencias a lo largo de Chile”, explica María Elena.
Naturaleza y cultura
Sus ojos claros brillan cuando habla de los temas patrimoniales, pero se entusiasma aún más cuando le preguntan por su familia. Casada con Mauricio Infante hace 45 años -quien la acompaña en todas sus andanzas-, cuenta con nostalgia que sólo pudo tener dos hijos (Julio y Magdalena), pero “gracias a Dios, los nietos ya son trece” (entre cero y 15 años).
Cuando sus hijos estaban todavía solteros les ofreció que un fin de semana al mes su marido y ella se harían cargo de los niños que algún día tendrían, para que ellos pudieran descansar y estar solos. Pasaron los años, llegaron los nietos y la promesa se hizo realidad.
“Los pasamos a buscar el viernes en la noche y nos trasladamos a nuestra parcela en Nos, donde vivimos hace casi veinte años. El sábado siempre hacemos un paseo a un pueblito o a un museo, con pic-nic incluido. En la noche ven una película -de esas clásicas infantiles- y el domingo empezamos con desayuno, misa y luego día de campo”, cuenta.
Para los niños, el fin de semana que pasan junto al “tata” y la “Nené” es realmente inolvidable. ¿Qué es lo que más les gusta de irse con los abuelos? Los niños se pelean para responder: “Hacemos paseos, vamos a museos”, dice Felipe; “¡Jugamos con los perros!”, exclama Anita; “¡Trabajamos la huerta!”, cuenta Emilia; “Hacemos pan amasado”, asegura Rosario; “¡Nos tiramos por el canopy y hacemos clubes en los árboles!”, dice Juan Pablo; “Tomamos té rico”, vuelve a acotar Felipe.
“Para nosotros es un regalo, un gran privilegio”, cuenta Magdalena Infante, casada con Pablo Schneider hace 16 años. “Es darnos la posibilidad de tener tiempo para nosotros, conversar, pololear tranquilos y hacer las cosas que nos gustan. Al mismo tiempo, es sentir la tranquilidad de que los niños están con sus abuelos aprendiendo, disfrutando de la naturaleza, conociendo la cultura y tradiciones que ellos mismos podrán continuar”.
María Elena reconoce que sus nietos la rejuvenecen y le permiten salir de su mundo adulto para entrar en el de los niños y aprender de su alegría, sencillez, descomplicación y trasparencia absoluta. Agrega que esta experiencia familiar le ha permitido darse cuenta de que tiene una misión muy concreta: trabajar para mejorar el ambiente en el que les va a tocar vivir a sus nietos.
Fue así como nació “Abuelos Evangelizadores”, un grupo de 15 abuelas que -sin ninguna organización burocrática- se han embarcado en la tarea de velar por la dignidad de todas las personas, tanto en la actividad ciudadana como en los medios de comunicación.
“Desde 1998 hemos sacado mucha publicidad erótica de la calle. Juntamos firmas y les llevamos una carta a los gerentes de las tiendas que tienen avisos que pueden dañar la formación de los niños. Sin agresividad -pero con valentía- les pedimos que retiren la publicidad y que si no lo hacen promoveremos una camapaña llamando a no comprar sus productos”.
Cuenta que a veces reparte panfletos en la calle y que también ha hecho un trabajo con los kiosqueros del centro de Santiago, logrando que saquen de exhibición portadas de revistas inapropiadas. “Los admiro mucho, somos bien amigos y me regalan ´Negritas´”. HF
“Los abuelos NO están para malcriar”
María Elena Troncoso está convencida de que los abuelos pueden complementar la educación que sus hijos les dan a sus nietos y abarcar aquellos ámbitos donde los papás no alcanzan a llegar. “Muchas veces los padres están preocupados de lo inmediato en la educación de sus hijos y no tienen tiempo para ampliarles el mundo”.
A su juicio, los abuelos pueden enseñarles a los niños que son parte de un todo, que provienen de una familia con historia y raíces, y también que son parte de un mundo mucho más amplio que su casa y su colegio.
“A mis nietos les cuento las biografías de sus antepasados, y los llevo a conocer pueblos y ciudades. Cuando llegamos a un lugar les digo: ´¡A conocer chilenos!´ Ellos saben que eso significa conversarle a la gente o visitar una familia. Es algo muy enriquecedor, que tiene un fuerte sentido social”, dice.

