Algunos papás se angustian cuando su hijo no se luce en la cancha. Esto sucede porque han olvidado que lo único importante es que se entretenga jugando de la manera que él mejor pueda y que hay muchos otros deportes que pueden interesarle más.
Por: Luz Edwards S. / ledwards@hacerfamilia.net
El Caso:
Arturo es un papá muy comprometido. Todos los sábados lleva a su hijo de diez años, Lucas, a una escuela de fútbol y lo anima desde afuera de la cancha. “¡Pégale con el arco del pie! ¡Acuérdate de lo que practicamos en la casa!”, le grita. Lucas mira confundido, no sabe si hacerle caso a sus ideas o a las de su papá. Arturo se da cuenta de eso, pero tiene decidido perseverar como entrenador. Porque Lucas no tiene habilidades para el fútbol y él está seguro de que eso le va a traer problemas con los amigos, de autoestima y quizás qué más.
Sin dudas, Arturo quiere lo mejor para su hijo y se esfuerza por entregarle las herramientas que él considera importantes para una vida feliz. Sin embargo, muchas veces en la educación de los hijos, la buena intención no basta. También es necesario contrastar esas ideas con la realidad: “¿Es el fútbol tan fundamental como yo creo?”. Y, sobre todo, es clave ponerse en el lugar del niño, quien es el protagonista de la historia.
Y los niños de esta edad lo que más esperan del deporte es jugar, pasarlo bien, reírse, correr, compartir con sus compañeros de clase en otro contexto. Así lo explica Daniel Farías, profesor de Educación Física del colegio San Miguel Arcángel: “Hasta los 12 años se entusiasman fácilmente con lo que les propongas. Puede ser fútbol, otro deporte o un juego como las naciones. El tema de quién gana o la superioridad del que tiene más habilidades son ideas que copian de los adultos”.
Entonces, la labor principal de los profesores y los papás debiera ser fomentar ese disfrute. Eso, por supuesto, también va asociado a la mejora que cada alumno va obteniendo con la práctica, pero en un ámbito personal, no comparándose con el resto. “Para un niño gordito no es agradable correr. Pero cuando lo guías para que encuentre el ritmo apropiado, él queda feliz. Eso debiera ser el objetivo de un profesor”, ejemplifica Daniel Farías.
El drama de lo excluyente
Sin embargo, este ideal es difícil de llevar a la práctica. Porque la mayoría de los padres quieren dos cosas: uno, que su hijo sea el mejor; y dos, que lo sea en las áreas que la sociedad considera exitosas, lo cual pone al fútbol como uno de los ámbitos prioritarios. Por eso, los papás como Arturo no son una excepción.
El profesor a cargo de las selecciones de fútbol del colegio Tabancura, Javier Ávila, explica que esta mirada produce una situación bastante dolorosa. Cuenta que los primeros años de básica es una etapa donde se recluta alumnos y lo importante no es la calidad del juego, sino las ganas. Por eso, organizan torneos frecuentemente, para que todos tengan la oportunidad de jugar y también coordinan partidos con otros colegios enfrentando a equipos de nivel similar. “Pero en 5° básico se hace la primera selección, que participará en copas interescolares competitivas. Ahí es cuando de los 40 que entrenaban, sólo 12 continúan y eso deja muchos corazones partidos”, describe Javier.
Porque en el mundo de los resultados no hay espacio para los menos destacados. Los papás lo llaman pidiéndole que admita a su hijo en la selección aunque nunca lo haga jugar, que con estar en la banca él estará feliz. “Los entiendo porque en realidad lo que pasa en el fútbol repercute en lo social. Si a esta edad, incluso los cumpleaños muchas veces consisten en arrendar una cancha”, dice Javier.
Testimonio desde las canchas
Francisco Bravo es futbolero desde chico y creó hace 9 años la escuela “Formando campeones”, para niños de 4 a 8 años, donde están divididos por edad y por nivel. Para él, el principal error de los papás está en las expectativas.
- “No deben enfocarse en que llegue a ser un gran futbolista, sino que sea un aporte al grupo según sus condiciones. Para esto se le debe estimular, comprender y respetar, y no forzarlo a cumplir un rol que quizás no tiene por qué cumplir. Menos aún amurrarse porque no juega como ellos quisieran.
- Tampoco es suficiente que el niño tenga el talento. El deporte es un medio de educación de importantes valores que lo acompañarán toda su vida, como la sociabilidad, el liderazgo, el compañerismo y el trabajo en equipo. Ser bueno para el fútbol no entrega esos valores inmediatamente. Éstos se deben cultivar.
- Por ejemplo, existen niños muy habilidosos, pero que son exageradamente competitivos y ensimismados. A ellos hay que enseñarles a superar esas actitudes que los alejan de sus compañeros”.
En el colegio San Miguel Arcángel sucede lo mismo y ésa es la lucha del profesor Daniel Farías. ¿Qué pasaría si cada uno pudiera jugar fútbol como le salga? Ahí nadie quedaría excluido de un cumpleaños o del recreo.
Mejor aún si además de fútbol se fomentaran otros deportes y juegos, porque de todas maneras cada niño tendría mediana habilidad o gusto por alguno: natación, atletismo, básquetbol, trote, escalada, artes marciales, ciclismo, hockey, skate, pimpón, tenis, voleibol, gimnasia artística, artes circenses, luche, elástico, tombo, naciones, subir trepas… Es verdad que en la mente de los chilenos, el fútbol tiene un lugar privilegiado, pero la verdad es que es sólo uno más de la lista.
“Que el fútbol sea el deporte más popular tiene directa relación con que apenas hay instalaciones para otros deportes”, dice Daniel. Y agrega que no se puede culpar a los colegios de esto. “Los primeros educadores son los papás. Si ellos ven que en el colegio no hay un deporte que motive a su hijo, pues investiguen, muéstrenle opciones. Y siempre tratando de encontrar lo que a él le gusta, porque sin motivación interna, cuando se acabe la sumisión del niño, terminará su vida deportiva también”, advierte Daniel.
En el Colegio
- Profesores y padres deben recordar que el fútbol es sólo uno de los tantos deportes que existen.
- El deporte debe tener intención formativa. Por eso, si la manera en que se practica el fútbol genera discriminación o burlas hacia los que no juegan, y no está fomentando el respeto y la cooperación, algo anda mal.
- Más que ganar competencias interescolares, importa que la mayor cantidad de alumnos incorporen el fútbol u otro deporte como un hábito entretenido.
- El deporte es un área de la formación integral, del cual ningún alumno puede quedar o sentirse excluido.
No todo es competir
Hoy el deporte es una de las maneras de evaluar a un colegio. Pero la mayoría de los papás no se fijan en qué porcentaje del alumnado practica constantemente y con gusto una actividad física, sino que sólo toman en cuenta las copas. Y sucede que una cosa es el deporte de excelencia y otra, el deporte como parte de la formación integral de una persona. Que hoy los padres se angustien porque el hijo no es bueno para jugar fútbol tiene que ver con que prevalece la primera mirada. Pero esa perspectiva no es la mejor cuando se está educando, aún en los casos donde el niño sí tiene destrezas.
Porque siempre puede haber un jugador que destaque más, entonces es poner el logro en algo externo y eso es muy arriesgado. Conviene fomentar la competencia contra uno mismo, contra la flojera, la irresponsabilidad, la falta de constancia, y tratar de ser lo mejor que cada uno puede ser. Quienes se mueven en ese plano, sí tienen el éxito a la mano, aunque sea un triunfo que nadie más ve.
Por el contrario, iniciar a los niños en el deporte pensando en los resultados o logros cuantificables y visibles que van a tener es un error garrafal. Javier Ávila lo corrobora desde su experiencia. Dice que podría estar horas contando casos de niños afligidos por su rendimiento en el fútbol, porque saben que sus papás esperan mucho de ellos en esa área.
“Son papás futbolizados, algunos porque eran buenos para el fútbol y otros porque ser malos los hizo ser rechazados por sus pares. En los dos casos están proyectando sus vivencias en el hijo y eso no ayuda. El niño tiene que poder sentirse libre”, dice el profesor del colegio Tabancura.
Cuenta también que muchas veces ve a los padres sufriendo desde las graderías porque el hijo no corrió durante el partido y, en realidad, el niño está feliz, no le dio mayor importancia. Al respecto, Daniel Farías da un consejo: “Los padres deben tratar de no traspasar sus miedos a los niños. Si ellos mantuvieran esta actitud abierta y gozadora, todos podrían jugar con agrado y tranquilidad, al fútbol y a lo que quisieran. Y eso es lo importante, que jueguen, no medir cuán bien o mal lo hacen”. HF
Consejos para Arturo
- Sigue fomentando el deporte en tu hijo, pero recuerda que el protagonista es él, no tú. Por lo tanto, no le des tantas instrucciones, sino que anímalo a encontrar su mejor forma de jugar y el deporte que más le guste.
- Reflexiona sobre tu idea de que sin fútbol no hay éxito social. Seguro hay muchas cosas que Lucas sí hace bien y por ellas será valorado.
- Dado que el fútbol es tan popular, conviene que tu hijo sepa lo básico para que no pase vergüenzas. Pero más que aprender técnicas, lo que le será más útil es confiar mucho en él mismo para atreverse a entrar a la cancha. Y también para decir con la frente en alto que no le gusta jugar fútbol. HF

