18 Octubre 2010
Enseñar a tomar v/s ley seca

Francisco Javier Bustamante. Médico Cirujano, Universidad de Chile. Psiquiatra, Universidad de los Andes. Terapeuta Conductual Dialéctico por Grupo DBT Chile y Behavioral Tech. USA. Por: Francisco Bustamante / cartas @hacerfamilia.net

1. Explique su postura en relación a cómo los padres deben actuar en el tema alcohol con sus hijos
Numerosos estudios señalan que los adolescentes que consumen altas cantidades de alcohol presentan además, otras conductas de riesgo, como violencia física, consumo de drogas, etc. Estos adolescentes habitualmente tienen una baja autoestima y una mala comunicación con los padres. Por lo tanto, el problema no es del alcohol, sino de quién se lo toma.

2. Usted es defensor de que los padres enseñen a sus hijos a tener una sana relación con el alcohol. ¿Cómo se logra eso?
Soy defensor de la excelente comunicación entre los padres y sus hijos. Si eso se da, entonces los padres -de común acuerdo- podrán fijar una edad, situación, etc. en que su hijo va a poder consumir alcohol. La cantidad, edad de inicio y otros factores quedan a libre disposición de los padres.

3. ¿En qué se fundamenta su postura?
En cuatro razones:
a) El alcohol, y particularmente el vino, han estado presentes desde siempre en la historia de la humanidad, especialmente en el contexto de la vida familiar. En España, podemos observar que al bar (cantina) -el cual es parte de la idiosincrasia española- acude toda la familia regularmente y es donde se consume alcohol y se enseña a tomar. Sorprendentemente no se observan adolescentes intoxicados por las calles. Esto me parece atribuible en parte a la enseñanza familiar. Por otro lado, el vino se ocupa en ceremonias religiosas donde se resalta su bondad, como por ejemplo, en la misa católica. Enseñarles a los adolescentes que el vino es malo, es ir en abierta contraposición de lo anterior.
b) Porque no todos los adolescentes están en riesgo de ser alcohólicos. Según lo señalan numerosísimas investigaciones, son los adolescentes con baja autoestima y mala comunicación con los padres aquellos que están en mayor riesgo. Si un adolescente tiene una alta autoestima y excelente comunicación con los padres, aunque le regalemos un tonel de pisco, no se va a embriagar.
c) Porque prohibir algo es la peor manera de enseñar. Muchos adolescentes, porque se lo prohíben, y porque la presión de sus pares es muy fuerte, igualmente consumen alcohol. Dado que violan la regla de sus padres, prefieren mentirles, perdiendo la confianza de éstos al ser descubiertos. Luego los padres imponen reglas más severas, que nuevamente son rotas por los adolescente generando un círculo vicioso.
d) Los adolescentes están en proceso de transformarse en adultos, lo cual implica que los padres tienen que darles una mayor libertad, y el adolescente aprender a ser responsable y asumir las consecuencias de sus actos. Prohibirles el consumo de alcohol es visto por los adolescentes como una infantilización. Por el contrario, darles permiso bajo ciertos límites, tiende a empoderarlos en un rol de adulto y hacerse cargo de las consecuencias.

4. Puede contar experiencias concretas de pacientes que respalden su teoría.
Por razones de secreto médico no puedo ejemplificar, pero en mi consulta he visto:
- Adolescentes con mala comunicación con los padres, que no sólo se intoxican con alcohol, sino que además consumen drogas y presentan conductas violentas. Cuando uno observa la familia, y el tipo de relación que tienen entre ellos, comprende muchas cosas.
- Adolescentes con una buena dinámica familiar y prohibición de consumir alcohol, pero ante la elevada presión de los pares, igualmente consumen alcohol y le mienten a sus padres.
- Adultos a quienes sus padres les enseñaron a beber de adolescentes y que en la actualidad tienen un consumo recreativo y sano de alcohol, y así lo enseñan a sus hijos. Este caso se ve en numerosas familias y ha dado resultado.

5. A su juicio la postura opuesta, es decir, la de prohibir el alcohol hasta lo más tarde posible, ¿por qué es dañina?
Por las razones que ya he señalado. Además, el adolescente va a probar el alcohol sí o sí, dado que es un elemento casi obligatorio de todo carrete juvenil. Es preferible que lo haga en frente de sus padres que a sus espaldas.
En todo caso, la postura de cada familia frente al alcohol debe ser determinada por los padres en común acuerdo.

 

Jorge Gaete, Médico Cirujano, Pontificia Universidad Católica de Chile. Psiquiatra, Universidad de Chile. Magíster en Psicología, Mención Psicología Clínica Infanto-Juvenil, Universidad de Chile.

1. Explique su postura en relación a cómo los padres deben actuar en el tema alcohol con sus hijos. Usted es defensor de que los padres eviten que sus hijos tomen hasta lo más tarde posible. ¿Por qué?
Mi posición está basada en la evidencia actual y apoyada por distintas entidades a nivel mundial. En particular, el Instituto Nacional de Estados Unidos sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo, menciona expresamente que hay ciertas poblaciones que no debieran beber ninguna gota de alcohol, por los riesgos a la salud que esto conlleva, y entre estos grupos están los menores de 21 años.
De hecho, todos los países desarrollados, como por ejemplo, Gran Bretaña, Australia consideran que el no beber antes de los 18 años es la postura más saludable y segura al momento de pensar en el desarrollo de los niños y adolescentes. La recomendación del Gobierno australiano a través de la Guía Australian Guidelines to Reduce Health Risks from Drinking Alcohol, 2009″, establece que los padres debieran advertir a sus hijos menores de 15 años el gran riesgo para su salud que el alcohol conlleva, y que no debieran beber. Luego agrega, que para los jóvenes entre 15-17 años, la opción más segura es retardar la iniciación del consumo de alcohol lo más posible.
Adicionalmente, las guías del gobierno inglés apuntan en la misma dirección y dicen que: no hay una edad segura, antes de los 18 años, en la que a los jóvenes se les esté permitido beber. Pero en el caso que niños entre 15-17 años lo hagan, éstos deben contar con la supervisión de sus padres.
Efectivamente, no hay que cegarse al hecho que una proporción importante de jóvenes ya ha bebido. Es, en parte, por esto que hay algunas voces que llaman a que se les enseñe a beber moderadamente. Sin embargo, toda la evidencia actual apunta a que se establezca claramente que la mejor forma de evitar los altos consumos de alcohol en la población adolescente es que, tomemos conciencia, de retrasar lo más posible el inicio del consumo de alcohol.

2. ¿En qué se fundamenta su postura?
Podríamos resumir que esta postura se fundamente en dos grupos de evidencia, que se denominan fundamentos biológicos y fundamentos epidemiológicos. En relación a los primeros, hoy es claro que el desarrollo cerebral no está completo sino hasta comienzos de los 20 años de una persona. Es decir, durante la plena adolescencia aún hay importantes desarrollos neuronales, nuevas relaciones sinápticas y conexiones entre diferentes aéreas cerebrales, que lo hace un periodo especialmente vulnerable si se introducen sustancias que alteren este desarrollo. Hay evidencia actual, y no sólo en modelos animales, sino en estudios en jóvenes, menores de 18 años, donde se demuestra cómo el consumo de alcohol disminuye el funcionamiento de áreas cerebrales implicadas en el procesamiento de la información (Brown, 2000 [Alcohol Clin Exp Res 24(2):164-171]; Tapert, 2001 [Alcohol Clin Exp Res 25:80A]), e incluso se producen cambios estructurales en la integridad de la sustancia blanca en distintas zonas cerebrales (McQueeny, 2009, Alcohol Clin Exp Res 33(7): 1278-1285).
Por otro lado, hay fundamentos epidemiológicos que muestran los riesgos implicados en el inicio precoz del consumo de alcohol. Primeramente, mientras más temprano se comience el consumo de alcohol, mayor es el riesgo de generar una conducta de consumo excesivo en los años siguientes. Por ejemplo, un estudio del Centers for Disease Control and Prevention, Estados Unidos, en 2003, mostró que aquellos estudiantes que empezaban a consumir alcohol antes de los 13 años, versus aquellos que lo hacían en años posteriores, tuvieron a la edad de 17 años un riesgo 7 veces mayor de beber excesivamente (5 o más bebidas alcohólicas en la misma noche). En segundo lugar, aquellos jóvenes que comienzan a beber antes de los 15 años tienen un mayor riesgo de desarrollar una dependencia al alcohol cuando ellos sean adultos. Hingson y col. (2006, Arch Pediatr Adolesc Med 160:739-746) mostró que el riesgo de desarrollar una dependencia al alcohol entre los jóvenes que comenzaron a beber antes de los 14 años fue de un 47%, mientras que el riesgo de desarrollar una dependencia al alcohol entre aquellos que comenzaron a beber después de los 21 años fue de un 9%. Pero este no es el único problema asociado al inicio precoz del consumo de alcohol, sino el más evidente. Otros estudios muestran cómo aquellos que comienzan a beber tempranamente tendrán más riesgo de desarrollar una baja autoestima, depresión, problemas de conducta y violencia y dependencia a otras sustancias. (National Research Council and Institute of Medicine (2004): Reducing Underage Drinking: A collective Responsability)

3. A su juicio la postura opuesta, es decir, la de enseñar a los hijos a relacionarse con el alcohol más tempranamente, ¿por qué es dañina?
El riesgo de esta postura, y no hablaría de dañina per sé, es que es muy difícil establecer los límites del consumo entre los adolescentes. Si ya es muy difícil entre los mismos adultos el que respeten la recomendación de consumo de no más de 2 medidas/día de alcohol en hombres y 1/día en mujeres, mucho más difícil es el que un adolescente se comprometa con un consumo bajo de alcohol. Pero lo que es más controversial, es que no hay ninguna evidencia que muestre cual es el límite del consumo seguro de alcohol entre adolescentes (15-17 años), sino que toda la evidencia apunta que en realidad no existe este consumo seguro, y como ya he expuesto anteriormente, lo más seguro entonces es retrasar lo que más se puede en la vida el uso de alcohol. HF

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(1) Comentario

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