24 diciembre 2010
Estrés prematrimonial

Casarse implica mucho amor, pero también algunos trámites y organizaciones inevitables. El principal consejo para celebrar tranquilos y no angustiarse es hacer un matrimonio a la medida de los novios y no dejarse llevar por lo que todos hacen.
Por Luz Edwards. / ledwards@hacerfamilia.net

Cuenta Francisca:
“Tengo 26 años y estoy muy feliz porque mi pololo de hace 4 años me propuso que nos casáramos. Hace meses que estaba esperando este momento… pero han pasado dos semanas y las burocracias me tienen súper mal genio. La postura de argollas, el matrimonio civil, el religioso, el vestido, las fechas, cotizar la comida, dejar contentas a las dos familias… ¡Es mucho el tiempo que demanda y además es mucha plata! ¿Qué se hace? Hoy sólo sé que cada vez que nos vemos hablamos de trámites, lo cual no es demasiado romántico”.

Algunas fiestas de matrimonio han llegado a tanto, que hay pololos que sencillamente optan por saltarse ese evento y contar al día siguiente que se casaron. Otros, al contrario; dicen que no pueden casarse todavía porque están juntando la plata para hacer la fiesta que corresponde.

En esto no hay recetas ni opciones correctas o equivocadas. “Lo que deje tranquilos a los novios, está bien, ése es el parámetro que debe tenerse como prioritario”, dice Patricia Cruzat, quien lleva años preparando matrimonios junto a su marido Gonzalo Menchaca, en la Vicaría para la Familia y en la fundación Familia Unida.

Por eso, ella recomienda a los futuros esposos pensar cómo quieren celebrar ellos su matrimonio, para así no quedar subyugados a los prototipos que ofrece el mercado o a lo que se usa en su círculo de amigos. Aquí, algunos criterios que pueden ayudar.

Asumir la situación económica
Para comenzar este camino despejando complicaciones innecesarias, un buen primer paso es ser realistas en la plata con que se dispone. El consejo general que entrega Patricia Cruzat es pensar en las consecuencias que va a tener la celebración: quedar endeudados o que los papás tengan que vender la casa para pagarlo, puede ser un riesgo.

Pero también puede pasar que los novios sean ambos muy sociables y sueñen con una fiesta grande a donde invitar a todos sus seres queridos. Ellos, tal vez, es mucho más lo que ganan que lo que pierden pidiendo un crédito o usando todos sus ahorros en ese día.

Conocer las realidades de cada familia
“Una niña puede tener el ideal de hacer una celebración muy sencilla. Pero si se va a casar con alguien cuya familia tiene muchos compromisos por el trabajo del papá, por ejemplo, va a tener que ceder en algunas cosas. Y eso es parte de querer y aceptar al otro”, grafica Patricia.

Con respecto al apoyo o la ayuda que se espera de las familias, también conviene ser objetivos. La gama de comportamientos posibles, especialmente de los padres, va desde la absoluta indiferencia hasta el máximo entrometimiento. Lo que termine ocurriendo no es algo que pueda manejarse demasiado. Pero sí es una situación que puede preverse, pues este período es una continuación de la forma de relacionarse de las dos familias.

En las que siempre ha reinado la armonía y el diálogo, este período estará marcado por esa misma tónica. Las decisiones se irán conversando, nadie querrá imponer su punto de vista ni pensará que los otros quieren imponerlo. Los novios sabrán que cuentan con apoyo y también con la autonomía necesaria.

En cambio, en las familias donde han habido grietas desde antes, seguramente este período de propuestas, renuncias y decisiones intensificará los roces. Es probable que sea más difícil ponerse de acuerdo, a lo mejor los novios no reciban ayuda y tal vez algunos miembros no estarán demasiado interesados en participar.

La lista de posibilidades es infinita: dominantes, introvertidos, peleadores, gritones, egoístas, serviciales… Para evitar sufrimiento, es bueno que los futuros esposos conversen este tema al principio y así no esperen de su familia algo que no les van a poder dar.

Saber que es una celebración, no un show
Vestirse de blanco, maquillarse, peinarse de una manera especial, comer rico, bailar, ponerse un terno nuevo, puede ser un mero espectáculo, pero también la manifestación de algo muy profundo, que es querer compartir ese momento tan importante y dar testimonio de la gran alegría que se siente. “El matrimonio es una fiesta social y no sólo por lucirse. Por algo para el matrimonio civil y el religioso se necesitan testigos”, dice Patricia Cruzat.

Para que los trámites y cotizaciones no se hagan tan pesados, conviene hacerlos con este sentido en la mente. Y, por supuesto, intentando ser lo más coherentes posible con los propios gustos y visión de la vida. Patricia Cruzat observa que, en general, los novios tratan de seguir por esta línea y que son los papás los más preocupados por el qué dirán y por cumplir expectativas.

“Nos toca ver que el matrimonio de un hijo se convierte en una ocasión para devolver favores de negocios o para afianzar compromisos. Eso no se puede juzgar desde afuera, pero sí les aconsejamos a los papás que traten de ponerse en el lugar de los novios y entiendan lo que ellos quieren también”, dice la monitora.

Por eso mismo, -y corroborando el dicho de que “no hay mal que por bien no venga”- los novios con menos apoyo de las familias y los que no tienen mucha plata son los que mejor logran hacer realidad su idea inicial. “Ellos necesariamente tienen que ser autónomos y creativos”, observa Patricia, habilidades que todos los novios debieran sentir que poseen.

Externalizar es propio de los tiempos de hoy
Las mujeres trabajan y muchas veces sus mamás también… Es un hecho que la vida es distinta y que es difícil tener el tiempo para hacer las cosas para el cóctel en la propia casa. O que la novia compre ella misma las flores, que su hermana le cosa el vestido o que el novio coordine a los mozos.

Si se puede, vale la pena contratar a alguien para poder estar más tranquilos ese día. Pero también ser muy conscientes de que no todo lo que ofrece el mercado es en realidad necesario.

Consejos para Francisca
– Antes de dedicar horas a cotizar, gastar mucho tiempo en conversar con tu marido qué matrimonio les gustaría.
– Sean realistas e identifiquen qué batallas es mejor no pelear.
– Sepan que romper esquemas y ser originales no es ninguna rareza. Todos los seres humanos son libres y creativos. ¡Usen esas cualidades!
– La postura de argollas no es obligatoria y hoy la ley permite realizar sólo el matrimonio religioso y luego inscribirlo ante el Registro Civil.
– No se asusten cuando tengan distintas opiniones. Mejor aprovechen esta oportunidad para aprender a discutir y dialogar de buena manera.
– Si algo sale mal ese día o si finalmente no pudieron llevar a cabo su plan soñado de fiesta, unos meses después se van a reír de eso. HF

¡¡¡Y además las charlas!!!
Entre todo el ajetreo quienes se casan por la Iglesia Católica tienen que cumplir con el requisito de la preparación matrimonial. Pero la experiencia muestra que esto que en un principio parece una obligación más, se convierte en un oasis de calma donde se conversan temas que son de gran ayuda para el inicio de la vida en común.
– “Antes eran charlas, pero ya no. Es un acompañamiento a los futuros esposos donde la base es escucharlos a ellos con cariño y apoyarlos en su proceso de discernimiento”, explica Mary Ann Roberts, quien con su marido Christian Paulsen están a cargo del Centro de Catequesis Prematrimonial del Arzobispado de Santiago.

– Actualmente son cuatro encuentros y lo más común es que sean una vez a la semana. Eso les permite a los novios conversar con calma los temas entre una y otra reunión, y así asegurarse de tener al menos un mes impregnado por la reflexión.

– También existen preparaciones complementarias como el cuestionario Foccus (Facilitating Open Couple Comunication Undestanding & Study), herramienta creada para descubrir las fortalezas y debilidades de la relación. Lo ofrecen algunas parroquias y fundaciones.

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