El sueño de cualquier artista es mostrar su obra a la sociedad. Este grupo de niños tuvo el privilegio de hacerlo gracias a una iniciativa que los reunió con destacados pintores nacionales.
Por: Pía Orellana
La familia Zúñiga González vive con lo justo y lo necesario. No puede darse el lujo de salir los fines de semana, ni siquiera para recorrer los museos que tanto quisieran conocer sus tres hijas. Su vida transcurre bien “puertas adentro”, porque además el barrio es peligroso. “No dejo que las niñas se asomen al balcón por si hubiera una bala perdida por ahí”, cuenta Claudia, la mamá.
Por suerte todas son aficionadas a la pintura y no tienen problema en pasar la tarde dibujando y pintando. “Yo les trato de incentivar todo lo que a ellas les guste. Soy una mamá 100% dedicada a mis hijas y en la medida que podemos. les compramos los materiales que necesitan”, agrega orgullosa.
No es para menos. El cuadro de su segunda hija, Stephania, luce expuesto en la galería de la CCU, en pleno Sanhattan.
“Llegamos de Puerto Montt hace un año por el trabajo de mi marido, pero el barrio donde vivimos no es bueno. No tenemos ni teléfono fijo porque se roban los cables. Entonces, que nuestra hija haya sido destacada por su dibujo y pueda ser visto por tanta gente es una emoción muy grande”, afirma Claudia.
Encuentro con artistas profesionales chilenos
Stephania es parte de los 40 niños de los colegios Juan Luis Undurraga (Quilicura) y San Alberto Hurtado (Pudahuel) que tuvieron la posibilidad de trabajar con destacados artistas nacionales. El objetivo era pintar a la propia familia; Stephania pintó a los 33 mineros saliendo de la mina; afuera estaban todos los familiares esperándolos.
Una manera de decir que fue la ilusión de ver a sus seres queridos lo que los ayudó a salir sanos y salvos. “Yo creo que ella reflejó bien en el cuadro la visión que tiene de la importancia de la familia. Siempre les digo que lo más importante es que tienen a su papá y mamá juntos, que tienen una familia unida”, piensa Claudia.
Los profesionales estuvieron ahí para enseñarles técnicas que hasta el momento desconocían. Stephania recuerda: “A mí me pasó que quería hacer mi cuadro, pero no quería gastar toda la pintura, entonces el tío dio vuelta el agua del vaso sobre ella. Yo me asusté, pero después me di cuenta de que era una técnica que servía. Aprendí que hay cosas que uno cree que son peligrosas o prohibidas en el arte y no es así”.
El pintor Hernán Gana concuerda: “Creo que el proceso lógico para estos niños era: dibujar, pintar y que quedara bien enmarcado. Para romper el hielo lo que hice fue agarrar el tubo de pintura y vaciarlo sobre la tela; luego empecé a mover la pintura con las manos. En el fondo los invité a liberarse de los convencionalismos, decirles que no importa cómo se haga, que no hay una sola manera de hacerlo. Eso los soltó mucho”.
Los niños aprendieron que el pincel no es el único medio con el cual pintar. Que un papel arrugado también puede generar el efecto de hojas en los árboles. Que no es necesario contar con muchos recursos para hacer arte. En palabras de la artista Teresa Aninat, “se dieron cuenta que el arte es mucho más accesible que lo que ellos creen”.
La exposición Mi Familia
La familia Zúñiga González vive con lo justo y lo necesario. No puede darse el lujo de salir los fines de semana, ni siquiera para recorrer los museos que tanto quisieran conocer sus tres hijas. Su vida transcurre bien “puertas adentro”, porque además el barrio es peligroso. “No dejo que las niñas se asomen al balcón por si hubiera una bala perdida por ahí”, cuenta Claudia, la mamá.
Por suerte todas son aficionadas a la pintura y no tienen problema en pasar la tarde dibujando y pintando. “Yo les trato de incentivar todo lo que a ellas les guste. Soy una mamá 100% dedicada a mis hijas y en la medida que podemos. les compramos los materiales que necesitan”, agrega orgullosa.
No es para menos. El cuadro de su segunda hija, Stephania, luce expuesto en la galería de la CCU, en pleno Sanhattan.
“Llegamos de Puerto Montt hace un año por el trabajo de mi marido, pero el barrio donde vivimos no es bueno. No tenemos ni teléfono fijo porque se roban los cables. Entonces, que nuestra hija haya sido destacada por su dibujo y pueda ser visto por tanta gente es una emoción muy grande”, afirma Claudia.

