17 Marzo 2011
Una atleta que no estudia

Laura tiene aptitudes para el deporte y lo ha demostrado desde que se integró al equipo de atletismo. Esta participación la ha ayudado mucho para integrarse al colegio, pero sus padres no logran que ponga esfuerzo en lo académico.
Por: Luz edwards / ledwards@hacerfamilia.net

Cuenta su mamá: “Mi hija Laura tiene 12 años. Desde chica que no le sale fácil estudiar. Por eso, era bien rebelde con todo lo relacionado al colegio. Pero hace tres años la profesora de gimnasia la invitó a quedarse a atletismo y resultó ser muy buena. Tiene aptitudes, ha participado en varios campeonatos y le gusta muchísimo, le apasiona. El problema es que no le importan los estudios y no sé cómo explicarle que aunque éstos no sean su prioridad, no puede descuidarlos, tiene que esforzarse”.

El deporte contribuye a que los niños se desarrollen física y mentalmente, además permite que se relacionen de manera saludable con sus pares. Hay escolares que desde pequeños destacan en alguna disciplina deportiva, pero ¿qué pasa cuando descuidan sus estudios?

“En esta situación lo primero que deben hacer los padres es estar atentos y descartar si esa “rebeldía” contra los ramos se debe a una dificultad en el aprendizaje que ocasiona la desmotivación por el estudio”, sostiene Verónica López, psicóloga infanto-juvenil del Servicio de Psicología Integral de la U. del Desarrollo. Y luego, si se ha descartado lo primero, es necesario saber cómo motivarlos; con pillería de forma comprensiva, pero con firmeza y estableciendo ciertas reglas.

Buscando el entusiasmo
Aquella motivación está tanto en manos de los padres como de los profesores. Un buen docente sabrá poner todos los recursos para enganchar y encantar a aquellos que, como Laura, ponen su mirada en otros intereses.

“El profesor debe fomentar el gusto por el aprendizaje buscando aquello que es significativo en la vida de los alumnos. En este caso se puede buscar una relación entre el tema de la asignatura y los deportes”, recomienda Catalina Carrasco, profesora de Lenguaje de Enseñanza Media del colegio Santiago College.
Otra buena idea es que los profesores demuestren real interés en los logros deportivos de Laura. Así, ella se sentirá valorada por sus aptitudes y entenderá que si le exigen, no es sólo en virtud de la buena nota, sino que por su bien.

La motivación de los padres también debe ser astuta y jamás centrada sólo en la obtención de resultados. No deben perder de vista las capacidades, aptitudes y habilidades reales de Laura y deben reconocer el esfuerzo, los progresos y logros que ella vaya alcanzando. “La idea es estimular y motivar el aprendizaje y no que éste se asocie con malas experiencias o con autoridad extrema”, explica Verónica López.

Catalina Carrasco señala que “más que ‘exigir’ igual en todos los ramos, hay que inculcar el compromiso académico, hacer lo que más se pueda según las propias capacidades y ser flexibles en entender quién es nuestro hijo y cuáles son sus fortalezas y debilidades”.

Equilibrio de los tiempos
El gran consejo es no aflojar en los esfuerzos por motivarla, ni dejar de fomentarle su compromiso académico. Generalmente los papás, al ver el buen desempeño de su hijos en el área deportiva, tienden a ser más permisivos. Se oye a muchos decir: “Bueno…no puede ser bueno para todo”. Pero lo ideal sería que los padres dieran la oportunidad a sus hijos de demostrar todas sus capacidades.

La organización, disciplina y perseverancia serán clave a la hora de encontrar un equilibrio entre el área deportiva y académica y en esto, la familia es fundamental. Es importante que se feliciten y destaquen los logros en cada disciplina y si hay más logros en lo deportivo, está bien. “Aunque uno pueda sentirse más cómodo en alguna área específica, los seres humanos estamos constituidos de varias dimensiones. Por lo tanto, los niños y jóvenes deben desarrollarse en todas ellas para conocerse mejor y lograr un desarrollo integral. Si esto se promueve desde la familia y desde los grupos significativos, creo que se puede lograr el equilibrio”, concluye Catalina Carrasco.

¡No a la flojera!
En algunos casos más que desmotivación por los demás ramos, lo que hay es simplemente flojera.
Algunas señales de ella son:
- Poco tiempo dedicado al estudio.
- Poco esfuerzo puesto en él.
- Poca motivación por los logros.
- Escasos progresos.
- Malos o ningún hábito de estudio.
- Mala disposición y evasión del estudio con rabietas y conductas de opoisión.

¿Cuándo cambiar a un hijo a un colegio para deportistas?
> Si se piensa en esta posibilidad, es imprescindible que el niño también forme parte activa de la decisión.
> Padres y profesores deben evaluar en conjunto la motivación y verdaderas aptitudes y competencias que posee en relación al deporte seleccionado.
> Es recomendable la valoración de una entidad externa que se pronuncie acerca de la habilidad que posee y cómo ésta se pudiera desarrollar y potenciar en el tiempo.
> Finalmente, es importante considerar el proyecto educativo que ofrece el establecimiento deportivo, y si éste es acorde a lo que los padres quieren para la formación de su hijo.

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