Uno de los dolores más frecuentes en los niños son los de estómago. A veces no están relacionados a una enfermedad específica, sino que pueden desencadenarse por malos hábitos alimentarios o estrés. Aquí algunas pistas para saber cuándo consultar.
Si un niño se queja permanentemente de dolor de estómago, se ve mal, tiene fiebre, vómitos, diarrea y no quiere comer o hacer cosas que normalmente disfruta (como jugar), algo anda mal y, por lo tanto, se debe consultar cuanto antes a un pediatra.
Ahora, cuando quizás no hayan tantos síntomas como los descritos, pero el niño se queja frecuentemente de dolor estomacal, puede tratarse de lo que los especialistas llaman “dolor abdominal recurrente”.
Se trata de una de las grandes causas de consulta gastroenterológica en niños de entre los 4 y 8 años. La principal razón es la denominada “no orgánica”, es decir, no asociada necesariamente a una enfermedad. “Fundamentalmente se debe a malos hábitos alimentarios, como el consumo escaso de fibra (presente en frutas y verduras), ausencia de horarios establecidos para comer, postergación del momento de ir al baño por estar entretenido jugando, sedentarismo y escaso ejercicio físico”, explica el Dr. Francisco Moraga, pediatra y presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría. Pero también puede deberse a una expresión de estrés, especialmente ante algunas situaciones, como por ejemplo la entrada a clases.
Una forma de expresión
En general, es bueno saber que los virus que producen gastroenteritis son menos frecuentes a esta edad y provocan infecciones menos intensas que en los niños menores de 1 ó 2 años. “En los más pequeños es recurrente la ingesta de objetos sucios, contaminados o de intoxicaciones alimentarias”, recuerda el Dr. Moraga. Eso ya no ocurre con los niños mayores.
Es por eso que el dolor de estómago por estrés cobra importancia, pese a que en general no se manifiesta en forma tan dramática. “Eso ayuda a discriminar. Sin embargo, en etapas tempranas de una apendicitis puede ocurrir lo mismo. De modo que lo más sano, ante la duda, es concurrir al médico, quién podrá orientar a los padres o solicitar exámenes si la condición no se ve tan clara”, señala la especialista.
La psico-somatización es frecuente en niños que poseen características de personalidad muy autoexigentes o que viven problemáticas que se encuentran fuera del alcance de su resolución. También tienen en común su dificultad para expresar sus emociones, lo cual se traduce a un dolor físico. En algunos casos y muy comúnmente en dolor de estómago; en otras, se manifiesta a través de dolores de cabeza, náuseas, vómitos, mareos o dolores focalizados en el cuerpo, entre otros.
Según la psicóloga Camila Paredes, las situaciones que pueden causar dolor de estómago por estrés y pueden generar una somatización de estas características van desde la asistencia al colegio hasta el nacimiento de un hermano, pasando por situaciones más complejas.
Si el dolor es frecuente, de evolución larga, asociado a estreñimiento, pero no compromete en forma importante las actividades diarias del menor, “la orientación es estar atentos a la evolución clínica, pero lo más probable es que no se trate de algo grave. Aún así, puede requerir tratamiento en la medida que interfiere con la dinámica familiar y la calidad de vida del niño”, agrega el Dr. Moraga.
¡Ojo con los gotitas antiespasmódicas!
Se tiende a pensar que cuando un niño presenta dolor de estómago lo mejor es darle las famosas gotitas antiespasmódicas, pero en general éstas no debieran usarse en niños, ya que pueden enmascarar la evolución de un cuadro más serio, especialmente en menores de 12 años. “Además, pueden agravar un estreñimiento como condición de base o favorecer complicaciones en el caso de una gastroenteritis aguda. Y por ningún motivo deben ser auto-administradas. Si hubiese alguna indicación de uso, debe ser bajo estricta vigilancia y supervisión médica”, afirma el pediatra Francisco Moraga.
La contención de los padres
Los padres y/o cuidadores del niño cumplen un rol fundamental y primordial a nivel de apoyo psicosocial. “Es imprescindible que quienes se encuentren al cuidado del niño se ocupen de lo que él está manifestando (ya sea por características orgánicas o psicosomáticas). Los dolores con un origen psicosomático también son reales y vivenciados por él niño, y los padres deben prestar atención a ellos y dialogar en torno a éste, sin jamás ignorar o denunciarlo abiertamente como una “mentira”, “actuación” o “manipulación dirigida”.
Lo anterior pudiese incluso causar un aumento en la somatización experimentada por el menor, llevándolo de una vivencia estresante y angustiante, a una depresión”, advierte la psicóloga Camila Paredes.
En su opinión, la forma esencial de mitigar estos síntomas es dándole espacio al diálogo, identificando los elementos que le causan malestar y las situaciones o contextos facilitadores de estrés o ansiedad. “La idea es que los padres o cuidadores dialoguen a un nivel comprensible para el niño, se muestren cercanos y jamás exigentes en cuanto a un plazo de término para el malestar que está experimentando”, señala. Agrega que es muy útil que, incluso los padres, adopten una postura física cercana, como por ejemplo agachándose y poniéndose a su altura para conectarse visualmente con ellos. También es clave no burlarse ni dudar de los síntomas presentados.
“La mejor forma de tratar el dolor de estómago asociado al estrés es estableciendo alianzas entre la familia y el colegio. A través de múltiples actividades se le puede entregar al niño herramientas para enfrentar los desafíos, las situaciones nuevas y los conflictos. En general, bastan las muestras de cariño y confianza para superar este síntoma”. Dr. Francisco Moraga, pediatra y presidente de la Sociedad Chilena de Pediatría.

