Escrito por Magdalena Pulido S. /mpulidohacerfamilia.net / Nº 182 /  23 junio 2011
El hombre y su cuerpo / Capítulo 4

Daños físicos: Más que un cuerpo enfermo, una persona enferma
El cuerpo no sólo son átomos, tejidos y células donde se aplican variadas técnicas para conservar la salud. El doctor Guillermo Arenas, utiólogo del Hospital San Bernardo, lo comprueba con un ejemplo muy gráfico
.
“Un minuto antes de morir, orgánicamente somos lo mismo que un minuto después de morir. Es decir, materialmente, en ese lapsus de tiempo no hay cambios, pero hay una diferencia sustancial, la vida de esa persona ya no existe”. Y por decirlo de alguna manera burda, ya no hay “trabajo” para el médico.
Dada esta importancia, la persona no puede perderse de vista. “Así, si bien hay una técnica para sacar el apéndice, entender que el apéndice es el mismo Juan, es clave” dice Arenas.
La integralidad de la persona es clave. Es así como frente a un daño físico, ella piensa, reflexiona y sufre. Compromete todo su ser, compromete su presente, sus intereses, su familia, su futuro. Y llegar a ver eso es tanto o más importante que la enfermedad misma.
¿Por qué? Porque un cuerpo enfermo es un “cambio de envoltorio” que requiere que la persona se REconozca, REarme su identidad y REorganice su rol.

Cuando una persona goza de buena salud satisface sus necesidades sin problemas, quizás sin ser consciente de ello, ocupa su cuerpo para seguir la dirección que desea y orienta su mente hacia lo que quiere ser y hacer.

Por el contrario, la enfermedad y la discapacidad son sinónimos de shock, de miedo y crisis. La persona pierde su dirección. Sufre un terrible desconcierto y la incertidumbre se apodera de ella.

Hay una ruptura con lo que ha sido la vida hasta ese momento, las habilidades para realizar las actividades de cada día ya no están. El cuerpo enfermo es tan exigente que, al menos en el comienzo, éste llega a ser el único elemento en el que la persona centra su atención.

Hay un corte con el pasado, una reconsideración del presente y una incógnita sobre el futuro, que llevan a una reevaluación de quiénes somos. Los pacientes no son los mismos antes y después de un problema físico importante.

Un antes /Un después
La persona enferma o con una discapacidad reorganiza su vida y es probable que cambie algunas actitudes. Por ejemplo, es común que:
– Perciba el tiempo de forma diferente. Tiende a darle más sentido que antes.
– El tiempo se transforma en un bien aún más preciado y se tiene plena conciencia que es corto.
– Hay un cambio de intereses, porque se reorganizan las prioridades.
– Tiene clarísimo lo frágil y vulnerable que es su organismo.
– Por lo mismo, reflexiona mucho sobre el sentido de la vida y enfrenta el concepto de la muerte continuamente.

 

 

 

 

 

 

El paso de la salud a la enfermedad es una de las situaciones que más repercute en la adaptación de la persona. Esta adaptación:
– Primero: No es fácil y toma su tiempo
A los 18 años Pedro tuvo un accidente en auto que lo mantuvo 45 días en coma y con ventilación mecánica. Despertó, pero quedó con un daño en su tronco cerebral, lo que le permitió caminar, pero con una marcha atáxica (torpe y descoordinada); hablar, pero también con un lenguaje atáxico.

El relato de Claudia Vottero, su terapeuta ocupacional, es gráfico en demostrar que asumir tal cambio es difícil y es un proceso que toma tiempo, pues sólo en la medida que la persona se hace consciente de sus nuevas debilidades y fortalezas podrá sentirse y vivir mejor.

“Él entró a estudiar a la universidad, y el grupo de personas discapacitadas con las cuales se juntaba, le sugirieron andar con un carné que informara su problema y los datos importantes que se requieren por si se sufre cualquier inconveniente”.

El joven se negó, dijo que ponérselo era colgarse el cartel de inútil. “Hasta que un día, en medio de la semana mechona, cuando el mundo estudiantil se llena de ciertas actividades, el portero no lo dejó entrar porque creyó que estaba ebrio. El joven intentó explicar su problema, tuvo más de 30 minutos tratando de convencerlo y en su desesperación debió recurrir al decano de la carrera para que certificara lo que él estaba explicando. Recién ese día y, sólo producto de una dificultad puntual, Pedro entendió que debía andar con su carné”.

Nadie puede reemplazar a la persona en la toma de conciencia de su nueva realidad. Entonces es importante saber que es natural, que no ocurre de un día para otro. Que la carga emocional es tan grande, que la adaptación a las nuevas condiciones demora, a veces más y otras menos.

– Segundo: Exige un REconocimiento
Era una doctora famosa. Además de tener destacados cargos académicos, cumplía un rol fundamental como radióloga en un hospital. Tres accidentes vasculares la dejaron en una silla de ruedas y con serias limitaciones físicas. Hoy necesita apoyo para vestirse, para comer y le cuesta muchísimo hablar.

Sus facultades intelectuales quedaron intactas, y es por eso que, pese a todo, no quería abandonar su profesión. La enfermedad hace que el cuerpo y el alma se pongan en primer lugar y quien la padece es un ser humano, con una historia, con un presente y con intereses que es lógico que quiera mantener.

Fue así como esta mujer adaptó una pieza en su casa, con un escritorio a medida, con un mouse especial, con todos los instrumentos médicos adecuados, de manera que pudiera seguir informando radiografías. “Después de tres meses ella misma se dio cuenta que eso ya no era lo suyo”, cuenta la terapeuta Claudia Vottero. “Es natural que dada la nueva realidad, la persona busque rearmarse. Es que en reliadad, nace un nuevo ser”.

Fue así como esta mujer comenzó a participar de reuniones con más personas discapacitadas donde tomó un gran liderazgo. Empezó a darse cuenta que su trabajo ya no sería la medicina, sino la discapacidad. “Hoy es una persona tremendamente pro activa, escribe cartas a los diarios o a las municipalidades cuando se encuentra con barreras arquitectónicas, da charlas, volcó todas sus fuerzas hacia eso. Cambió su foco porque cambiaron sus prioridades y sus intereses”.

Por lo general, la enfermedad impone nuevas coordenadas y para adaptarse a ellas es indispensable reorganizar los intereses, detectar las debilidades, encontrar las nuevas fortalezas y desarrollar estrategias para desplegarlas. “Uno ve que la persona se reinventa y vuelve a hacerse cargo de las actividades que más le acomodan. Y justamente de eso se trata, de retomar el control de la vida, pues de lo contrario se produce una dependencia que en nada les ayuda a salir adelante”, explica Claudia Vottero.

– Tercero: Requiere de buenas redes de apoyo
Carolina Bulow tenía 17 años cuando le descubrieron cáncer a los huesos. El tratamiento se inició con quimioterapias, pero a poco andar no quedó alternativa: había que amputar una pierna. “Es duro, pero al mismo tiempo pensar que en eso estaba la salvación de mi vida, lo hizo más llevadero”.

Y sigue su relato: “Cuando me desperté después de la cirugía fue muy extraño verme sin la pierna. Pensar que no era una pesadilla, fue difícil. Pero, hoy 24 años después, me siento muy afortunada por que siempre estuve rodeada de mucho cariño, mucha fuerza y mucho apoyo por toda la familia y amigos que tenía alrededor. Y también por un equipo del hospital de gente fantástica que también se convirtieron en amigos”.

Ya se dijo, frente a una enfermedad la mochila emocional es pesada, hay un proceso difícil de asimilación y es fundamental una reorganización de la identidad de quién se es. Para todo eso, lo que no puede faltar es una completa red de apoyo que acompañe muchísimo.

– La familia: “Yo siempre digo que el 90% de cualquier rehabilitación tiene que ver con la familia. Una persona que no tenga una buena contención por parte de sus más cercanos le cuesta muchísimo más levantarse” explica Claudia Vottero.
Por lo demás, según la especialista, cuando un cuerpo se enferma, éste enferma no sólo a la persona, sino también a varios más dentro de su familia. “Es decir, se produce un desequilibrio lógico dentro del hogar, que el ideal es que no empobrezca y dañe aún más al enfermo”. La actitud de compañía y apoyo de quienes están alrededor influye muchísimo en que la persona vuelva a rearmarse en su nueva condición.

– Grupos con la misma enfermedad: “Con lo que más aprende una persona enferma a salir adelante es con el testimonio de gente que haya pasado por lo mismo o algo similar. Es que, son los que más saben”, explica Claudia Vottero.

– Profesionales de la salud: El trabajo de apoyo que ellos brindan es determinante y en ellos no puede faltar la visión integral de la persona. “Los médicos estamos más formados para tratar la parte orgánica, y a veces nos preocupamos poco de la persona en su totalidad”, explica el doctor Arenas. Gran error, pues hay un ser con un enorme sufrimiento que necesita verse apoyado en todo aspecto. “La preocupación por la persona, es casi más importante que la propia enfermedad. De hecho, hay muchas cosas que son pequeñas en lo orgánico, pero se agrandan mucho en el alma, si no existe el adecuado apoyo médico. Es más, la enfermedad orgánica incluso se puede acentuar, se puede prolongar o complejizar por esta causa”, concluye el doctor.

Vida espiritual: Cualquiera sea la creencia, ésta es fundamental en el proceso de reorganización personal, pues se transforma en un gran apoyo y aparece como un norte seguro. “En mis 30 años de experiencia laboral, no tengo dudas en afirmar que la tarea más difícil a la hora de salir adelante frente a un problema físico lo tienen quienes no creen en nada”, concluye Claudia Vottero. HF

La importanciade la ocupación
– La persona con alguna enfermedad crónica o discapacidad requiere del apoyo de varios especialistas del área de la salud.
Uno de éstos es la terapia ocupacional, que, tal como lo dice su nombre, se encarga de la ocupación de las personas.

– “Ocupación es cualquier actividad que desempeñamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos”, explica Claudia Vottero.
Es decir, es prepararse la comida, hablar por teléfono, mantener una conversación, escribir, trabajar, estudiar, jugar, etc. “El ser humano no puede vivir sin ella, el estar realizando una actividad es tan propio de su naturaleza como lo es respirar o tomar agua. El tener cosas que hacer es el alimento que necesita el alma para la motivación”.

– La terapia ocupacional se hace cargo de esto, es decir, “encontraremos algo en que la persona se pueda ocupar, de manera que de alguna forma se sienta inserto en el mundo.
Pues de lo contrario, la vida puede empezar a perder sentido”.

– El caso de un hombre enfermo lo demuestra. Estaba postrado y le era imposible hablar.
“Descubrimos que le gustaba dibujar… y en eso ocupó sus días. Fue un hombre que dibujó su biografía completa, con dibujos maravillosos, llenos de colores. También dibujaba sus emociones y lo que más le había gustado del día. Llenó cuadernos completos que le dieron sentido a su vida y una motivación insospechada”.

– El hacer cosas siempre se traduce en un bienestar y en una mejor calidad de vida.
Está comprobado: “Con actividad mejoran los índices de salud, disminuye la gente con depresión, con estrés, disminuyen las consultas al médico… es una gran inversión”.HF

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