Irse de viaje sin los hijos no es tan sencillo como parece. Sea por trabajo, vacaciones o cualquier otra razón, es una situación que genera aprensión no sólo en los niños, sino también en los padres.
Por Francisca Zúñiga / cartas@hacerfamilia.net
No hay nada más normal que un niño esté triste ante la ausencia de sus padres. Y al revés: nada más lógico que esa preocupación genere angustia en los adultos, sobre todo en la mamá. Esto se agudiza cuando ambos o uno de ellos tiene que viajar. “Que echen de menos es deseable y bueno, quiere decir que extrañan, que tiene una buena relación con sus padres”, dice la psicóloga Sandra Gelb. “Al contrario, si no pasara nada, algo podría estar fallando en el vínculo”.
Aún así, se puede hacer mucho por lograr que ese alejamiento, aunque sea por pocos días, sea más llevadero.
Hacerlos partícipes
Puede que los niños no lo entiendan del todo, pero contarles el lugar de destino o mostrarles un par de fotos puede ayudar mucho a disminuir su angustia. En el fondo se trata de hacer del viaje un tema familiar en el que los niños entiendan que, a pesar de que no irán, también son parte de esa “aventura”. Otra idea, es por ejemplo, lo que cuenta un papá que por trabajo viajó al norte del país. Desde allá, y con las nuevas tecnologías, mandó fotos del desierto. Los niños estaban felices de “conocer” esos lugares, incluso llevaron las fotos al colegio.
Aunque lejos, siempre presentes
Quien se quede a cargo de los niños juega un rol fundamental: debe aceptar y entender que reaccionen con pena y, frente a eso, es bueno hablarle de los papás y decirles que ellos también los extrañan. “Debe nombrarlos, no hacer como que no existen”, dice la psicóloga y directora de “Mundito DT” Constanza Bordagorry. “Una buena idea es ir contando con ellos los días que faltan para que lleguen, haciendo por ejemplo un calendario”.
Los padres, por su parte, no deben olvidarse de mantener el contacto permanente, ya sea llamando por teléfono, “juntándose” por web-cam o enviando e-mails. “Es importante que escuchen la voz de ellos, aunque lloren o no quieran hablar”, explica Sandra Gelb. “Con eso al niño le queda claro que también los padres lo echan de menos y se acuerdan de él”
Es fundamental también que, a pesar de la distancia, los papás se muestren interesados en qué hicieron sus hijos durante el día y que les hagan las mismas preguntas que harían si estuvieran en la casa: ¿Cómo estuvo el jardín? ¿Aprendiste algo nuevo hoy día? ¿Qué almorzaste? ¿Hiciste las tareas? Escuchar las anécdotas y sus penas. Esta vez, quedarse hablando por teléfono hasta que duelan las orejas queda justificado.
Durante la ausencia, sorprenderlos
Otra buena manera de amenizar la ausencia es dejarles pequeños recuerdos para que la persona a cargo se los entregue cada cierto tiempo. Un día puede ser un chocolate bajo la almohada “que le mandó la mamá”, otro, una cartita o un dibujo. Así ellos tendrán la certeza de que los tienen presentes siempre.
Preguntas y respuestas
¿Están preparados para que yo me vaya?
Eso se puede ver al exponer al niño a pequeñas ausencias y ver cómo reacciona. Probablemente al principio llorará -y mucho-, pero si tiene la certeza de que la mamá o el papá van a volver en algún momento, se le hará más fácil tolerar la separación.¿A cargo de quién los dejo?
Lo ideal es que la rutina de la casa siga funcionando lo más normalmente posible durante la ausencia de los padres. “Ojalá que se queden en su casa, con su comida, sus juguetes y mismos horarios”, dice Sandra Gelb.
El adulto a cargo debiera ser de confianza, que hayan visto antes y que en los momentos difíciles del viaje sepa transmitir a los niños que echar de menos es normal y que el viaje no es para siempre.
Lo menos recomendado es separar a los hijos y enviarlos a distintas casas, ya que eso puede generar un desconcierto mayor en el niño y quedar con una idea de viaje equivocada y traumática en su cabeza.¿Por qué al volver del viaje mi hijo no reaccionó como yo esperaba?
Es bastante común que al ver a los padres regresar algunos niños no se abalancen a sus brazos. Es más, que reaccionen con pena, estén más mañosos de lo normal o manifiesten una regresión a etapas más tempranas de su desarrollo (como volver a hacerse pipí). “Es la manera que tienen para decir que echaron de menos y que son independientes, pero no tanto”, aclara Constanza Bordagorry.¿Puede traer efectos negativos tanto viaje?
Cuando los padres viajan con demasiada frecuencia o por tiempos muy prolongados, la relación con sus hijos podría verse afectada. Por eso es importante tratar de mantenerse lo más presente posible en el día a día, a pesar de la distancia.

