Más de quince millones de tarjetas de crédito de casas comerciales están hoy vigentes en Chile.
Sin embargo, cinco millones 400 mil de ellas presentan movimientos a marzo de este año. Y es que este medio de pago dista mucho de ser el favorito de los chilenos.
Un estudio realizado por la Universidad Andrés Bello muestra que sólo un 13% de los consumidores de estratos medios y bajo las prefieren, cifra que llega al 1% en el segmento ABC1. La principal razón que explicaría esto es la desconfianza que el sistema crediticio genera en los consumidores, en gran medida atribuida a la falta de conocimiento al respecto.
Los costos asociados a su tarjeta de retail
Utilizar los plásticos del retail no sólo implica el pago de una tasa de interés. Hay que sumar costos de administración -los cuales muestran diferencias de hasta 74% entre las tarjetas revisadas-, los seguros de desgravamen, el impuesto de timbres y estampillas y, además, las comisiones, si es que realiza avances en efectivo o compras en comercios asociados con su tarjeta.
De ahí la importancia de cotizar y no tomar la decisión a la ligera. Claudio Pizarro, académico del Centro de Estudios del Retail de la Universidad de Chile (Ceret), sostiene que lo primero a tener en cuenta es el costo del crédito, en el que la tasa de interés es la que ocupa el valor primordial: “Es muy importante que el usuario considere todos los factores, pero la tasa de interés es lo más relevante”, dice.
Junto a ello, es imprescindible hacer un análisis del porcentaje del ingreso mensual que usted puede comprometer en este tipo de deudas, el cual, según Alejandro Urzúa académico de la Escuela de Negocios IEDE de la Universidad Andrés Bello, no debiera nunca sobrepasar el 30% del ingreso.
Agrega que un factor a considerar es analizar el tipo de gasto por el que usted se está endeudando. “Lo recomendable es que la alimentación, por ejemplo, no se pague con tarjetas de crédito”, dice.
Ni bueno ni malo
Los expertos coinciden en que las tarjetas de crédito del retail no deben ser “demonizadas”, pues gracias a ellas los quintiles más desfavorecidos de la población pueden optar a bienes que de otra forma no podrían. Sin embargo, advierten que sin prudencia, son herramientas peligrosas. “Es un arma de doble filo. Si una persona no tiene capacidad de ahorro o no está acostumbrada a organizar sus finanzas, el crédito puede generarle más problemas que beneficios”, señala Rodrigo Varela, gerente comercial de Agencia Negociadora.
Mantenciones y seguros incrementan el valor mensual
Antes de decidirse a tener una tarjeta de crédito es fundamental preguntar cuánto le cobrarán por mantención o servicio de administración. Este es un valor mensual que le cobrarán sólo por usar su tarjeta, aunque generalmente se aplica únicamente si la persona tiene deuda pendiente. No hay que ignorarlo, pues este cargo puede incrementar su pago mensual en más de $2 mil. Eso sí, mientras más consuma, este valor puede bajar. En varios comercios, cuando los movimientos mensuales superan las diez UF, este valor no se cobra.
Los seguros son otro factor para estar alerta: mientras en algunas tiendas el seguro de desgravamen (aquel que responde por la deuda en caso de fallecimiento del titular) es obligatorio, e incluso requisito para obtener la tarjeta, en otras, en cambio, es decisión del cliente tomarlo o no.
El mismo plástico, tasas diferentes
Puede parecer extraño, pero las tasas de interés no sólo varían de una casa comercial a otra. Si usted compra en una misma tienda un artículo electrónico y uno de vestuario, es posible que la tasa que le apliquen en cada caso sea diferente.
Un ex ejecutivo de una multitienda explica que un televisor puede tener una tasa más baja que una chaqueta porque el cliente va a cotizar el mismo televisor en distintas tiendas y va a optar por la que le ofrezca una cuota más baja, procedimiento que no se repite en vestuario o en las compras en comercios asociados, donde, dice el ex ejecutivo, se observan tasas de interés más altas.
Pero eso no es todo. La tasa también presenta variaciones según número de cuotas pactadas y montos comprometidos. En este caso la explicación apunta mayormente al riesgo que la tienda asume al otorgar el crédito. Razón que se repite al consultar a los expertos por las diferencias de tasas entre un retailer y otro. “La tasa de interés más alta está asociada a gente más riesgosa”, sostiene Pizarro. “Si el cliente no es buen pagador, la casa comercial estará dispuesta a prestarle dinero, pero a un mayor precio”, agrega Varela.
Lo más caro: el avance en efectivo
Un estudio del Sernac de mayo de este año comparó el costo de realizar un avance en efectivo y comprar utilizando crédito. Concluyó que en la gran mayoría de los casos es más conveniente efectuar una compra con tarjeta. El Sernac explica que las compras con tarjeta en ocasiones tienen promociones de pagos sin interés. A ello se suma que por los avances en efectivo, se cobra una comisión. En efecto, todas las tiendas consultadas para este reportaje, realizan un cargo adicional por este servicio, el que puede superar ampliamente los $2 mil, dependiendo del retailer.
Fuente: El Mercurio, Economía y Negocio

