Escrito por Andrea Villalobos / Nº 184 /  10 August 2011
La sala de clases: un tesoro de valores

Grupos de 30 personas (a veces más) conviven dentro de cuatro paredes, por varias horas, durante gran parte del día, por muchos meses y años. Es la vida en la sala de clases, un lugar que puede transformarse en un infierno si no se inculcan a diario los valores indispensables para vivir en comunidad.

Por Andrea Villalobos W.

La sala de clases es, después de la cárcel, el lugar donde más tiempo conviven más personas y en menor espacio. Por eso es que las relaciones entre los alumnos y entre ellos y el profesor pueden llegar a ser mucho más tirantes de lo que quisiéramos.
Así es, gran parte de la vida escolar transcurre entre cuatro paredes. Es ahí donde se aprende mucho sobre convivencia, se forjan las amistades y también se viven importantes conflictos. Por esta misma razón es que la sala de clases es también el lugar perfecto para enseñar y poner en práctica valores tan importantes para la vida como son el compañerismo, la lealtad, la justicia y el respeto.
La psicóloga clínica y educacional Mónica Larraín habla sobre la comunidad escolar que se forma en el aula, la importancia de no dejar su desarrollo al azar y sobre cómo se pueden aminorar los roces al interior de ella.
“Los niños de un curso ya son una comunidad y no pueden elegir serlo, es como una familia… De manera que se puede optar vivir la comunidad que eres con toda su altura, dignidad o belleza”, afirma.

¿Cómo se pueden minimizar los conflictos cuando tanta gente convive en un lugar tan reducido?
Compartir ese espacio exige reglas. Pero no sólo por poner reglas. Nadie se tiene que otorgar a sí mismo ninguna clase de preferencias, debe haber un sistema. El alumno tiene que tener claro que los recursos deben ser repartidos de manera equitativa y que la convivencia tiene que pasar por los buenos modales. El profesor o profesora tiene que invitar a los niños a pensar cómo quieren esa convivencia.

 

El profesor tiene la difícil misión de trabajar para que los valores fundamentales de la sociedad se vivan dentro de la sala de clases. Para ello tiene que recordarlos -y ponerlos en práctica- día a día.

¿De qué manera el profesor invita a esa reflexión?
Debiera ser una conversación. Por ejemplo, los primeros días de clase se les puede decir: ‘Vamos a pasar todo el año juntos. ¿Cómo queremos pasar este año? ¿Cómo vamos a recibir a los alumnos nuevos? ¿Cómo apoyarnos mutuamente? ¿Qué vamos a hacer cuando alguien se equivoque? ¿Cómo lo vamos a hacer para repartir materiales y participar? ¿Cuáles son las reglas que creen ustedes deben existir? ¿Qué puede pasar en la sala de clases y qué no? En fin, conversar sobre lo que es vivir en comunidad y poner en común las exigencias de vivir en ella. La idea es plantearlo como un problema de ellos, que a la vez es un problema común, no del profesor ni de un niño en particular, por lo que la solución tiene que provenir de todos.

¿Cómo se genera un clima agradable al interior del aula? ¿Qué estrategias pueden contribuir?
Una estrategia fundamental es poner énfasis en los buenos modales, recordando la importancia de saludar, dar las gracias, despedirse… y lo importante es que el profesor sea explícito a la hora de inculcarlos.
También ayuda el evitar dejar cosas demasiado libres, por ejemplo, los grupos de trabajo. El profesor debe asegurarse de que el alumno conviva con todo el mundo y aprenda a trabajar con los demás. Los grupos se deben organizar de tal forma, que a todos les toque con todos.
Otra forma, es velar porque la participación sea equitativa. Ésta no puede estar al arbitrio de los alumnos. El profesor es el que debe ir dando la palabra y llamando al pizarrón, para que así todos tengan una ocasión de participar.
En el recreo, el profesor también forma y por lo tanto, se deben acordar ciertas reglas. ¿Qué cosas no pueden pasar en el recreo y cuáles sí? Así, por ejemplo, el profesor debe definir qué es crueldad, qué es abuso, qué es matonaje, de manera que todos lo tengan claro y logren una sana convivencia.

¿Y qué valores hay que reforzar?
Lo más básico es el tema del respeto, entendido en un terreno súper práctico. Es decir, plantearlo, por ejemplo, como: ¿Qué es respeto cuando trabajamos en grupo?
Una vez me tocó ver una profesora norteamericana en acción frente a este tema. Ella estaba a cargo de un tercero básico y les dijo a los niños: “Hoy día vamos a preocuparnos sólo del respeto en el hablar… ¿De qué manera uno puede ser poco respetuoso al hablar?”. Y todos empezaban a dar respuestas. Luego, otro día se trató el respeto en el trabajo en grupo, en el recreo, en el jugar, etc.
Otro valor básico es la justicia. Justicia significa no darse a sí mismo preferencias especiales, por ejemplo para participar en algo. También es fundamental la responsabilidad, en término de hacerse responsable por las propias conductas en la sala de clases.
Finalmente, la preocupación por los compañeros, es otro gran valor. Una mamá decía: “Si un hermano de esta familia lo está pasando mal, a todos nos afecta y nos importa”, ese mensaje se puede llevar a la sala de clases: “Nadie en este curso lo puede pasar mal y que a todos les dé lo mismo”. Y, en todo esto, el profesor debe ser activo y, por ejemplo, no dejar de preguntar, quién faltó, si alguien sabe por qué está faltando, quién le va a mandar las cosas, cómo está el papá que estaba hospitalizado, quién va a ayudar al compañero que tiene la mano quebrada etc…

¿Cómo puede el profesor reforzar estos valores?
Apelando a ellos día a día, recordándolos permanentemente y permitiendo que tengan una existencia real en la sala de clases.
Había una profesora que antes de cada salida a recreo, les decía a sus alumnas: “Somos un curso, estamos juntas por algo, por lo que nadie lo debe pasar mal en el recreo, no tener colación, ni sentirse sola”. Ahora esas niñitas son mujeres de 27 años y recuerdan esa formación porque claramente era una profesora comprometida. Las hacía tener conciencia de ser una comunidad en el día a día. Esto mismo se puede lograr con otras instancias, como por ejemplo, si un niño está sin material, el ideal es no retarlo y dejarlo solo, sino que luego de la debida llamada de atención hacerse cargo, entre todos, de que pueda trabajar, porque es un problema de todos. No hay peor política que tratar de enfatizar la responsabilidad a través de dejar a alguien sin hacer nada.

¿Cómo se pueden enfrentar concretamente los malos modales?
Hay un dicho chino que dice: uno tiene que ser el cambio que quiere ver en el mundo. Por lo que si el profesor es una persona que saluda, pide permiso, dice por favor, da las gracias y tiene muy buenos modales con sus alumnos, generará un ambiente mejor a nivel de convivencia y educación.
Un profesor norteamericano, Ron Clark, escribió un libro: “55 reglas esenciales”. Una de esas reglas plantea que cada vez que se le pasa un material a un alumno y éste en el acto no da las gracias, el profesor debe retirar ese objeto. Y así también con el profesor, es decir, que si un niño le pasa algo a él, por supuesto que él daba las gracias inmediatamente. Esta es una forma súper concreta y práctica de trabajar.
Para que se noten los cambios se debe mantener la exigencia de lo que se considera realmente importante durante el año completo y no se debe bajar nunca la guardia; es un desafío para el profesor y los alumnos.

 

Los padres pueden ayudar a mejorar el clima escolar, reforzando valores como la solidaridad (“Preocúpate hoy de jugar con el que esté solo”) o el respeto (“Ayuda a mantener el silencio en la sala”).

¿Que rol tiene cada alumno en esto?
Tienen que saber que el rol de ellos no da lo mismo. Si el curso va a visitar un asilo de ancianos y se estableció que todos debían llevar algo, pero a uno se le olvidó, hay que conversarlo directamente con él y decirle que esa conducta los afecta a todos, porque muestra desinterés. Hay que enfatizar el rol de la responsabilidad individual. De hecho, yo no creo en los castigos colectivos: si cinco alumnos del curso se están portando mal, castigar al curso completo es un gran error.

¿Qué otros errores suelen cometerse al interior de la sala de clases que impiden un buen ambiente?
No hablar de que somos una comunidad, ese es un error típico. También no tener exigencias claras de convivencia o dejar pasar situaciones que afectan al clima de la comunidad, como una burla dentro de la sala de clase, porque con eso se demuestra que no es algo importante. Siempre, ante cada hecho, hay que generar instancias de diálogo.
Una vez trabajé con un niño que estaba en séptimo básico y se portaba pésimo en clases. Me junté con él y le pregunté si entendía por qué lo retaban y sacaban para afuera… Él decía que los profesores eran injustos y pesados. Entonces le dije: “¿Qué pasa si yo en la final del mundial de fútbol me paro en la mitad de la cancha?” Ante lo que, sin dudarlo, respondió: “Te sacarían, porque estarías interrumpiendo el juego”.  Conclusión: cuando un profesor te saca de la sala de clases no es porque sea pesado, sino porque estás interrumpiendo el juego. Con esto, por primera vez, el alumno se vio a sí mismo como una persona que forma parte de un sistema.

En su opinión, ¿a qué cree que se debe que hoy exista más agresividad entre los alumnos?
El bullying, matonaje, los abusos y la crueldad han existido siempre, pero ahora se han acentuado y tienen relación con que se está jugando menos. Si uno va a los patios se juega mucho menos que antes. Hay menos niños jugando bolitas, al elásticos, a la pelota o el luche… Cuando se juega menos y los niños igual se quieren entretener, la crueldad pasa a ser el reemplazo del juego. Por lo tanto, el gran desafío es recuperar el juego. HF

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