Escrito por Magdalena Pulido S. / Nº 186 /  17 October 2011
¿Cuándo deben educar los abuelos?

Expectativa de vida prolongada, adultos mayores más activos, padres más tiempo fuera del hogar, son circunstancias que le otorgan a los abuelos un importante rol con sus nietos. ¿Cómo ejercerlo? basta que ellos carguen esta relación con la sabiduría que a estas alturas les es natural, y sin duda, serán un gran aporte. Foto: Carolina Zárate Pérez.

“Odio que mi suegra corrija a mis hijos, por qué se mete”, “Mis papás consienten demasiado a mis niños y eso me molesta”, “El otro día mi mamá se involucró en un conflicto que tenía con mi hija y aunque logró solucionar el problema, encuentro que no corresponde o ¿sí?”
El pliego de quejas y dudas puede ser largo. Y por lo mismo se hace necesario poner este clásico debate “sobre la mesa”. En él hay argumentos válidos y otros que definitivamente no lo son; hay premisas básicas, claras e inviolables como también hay razones de SOBRA para demostrar que la relación abuelos-nietos crezca sin límites.

SIN DISCUSIÓN

Los hijos deben ser educados por sus padres y no por sus abuelos. En este punto no hay discusión, exceptuando por supuesto casos excepcionales, como la ausencia de los primeros.

Los abuelos no debieran inmiscuirse en la educación cotidiana de los nietos tratando, por ejemplo, de imponer hábitos de crianza o de administrar el hogar de los hijos. Y en este contexto deben saber que, muchas veces, sus deseos quedarán de lado y que salvo que implique algún riesgo, deberán respetar la decisión de los padres. Definitivamente no es un “buen negocio” meterse y coartar la independencia de la familia que sus hijos han formado. Otra cosa muy distinta es dar consejos sobre cuestiones en las que se les pregunta y son expresamente requeridos.

“Conviene no olvidar que la nueva pareja está fundada en un compromiso, en un vínculo radical que sólo a ellos compete. De aquí, que lo que pertenece a la intimidad matrimonial debe estar herméticamente velado no sólo a la percepción de los amigos o curiosos, sino también a las respectivas familias de origen”, dice Aquilino Polaino.

Por otro lado, Diana León, coordinadora académica del Programa Adulto Mayor de la Universidad Católica vela por los abuelos. “En una sociedad como la actual, donde la mujer se ha incorporado al trabajo, los abuelos son muy necesarios, pero es fundamental que los padres no se olviden que ellos son irremplazables en la crianza de sus hijos  y que, por lo mismo, no deben exigir a los abuelos dedicación completa ni el 100% de su tiempo. “Ellos también tienen que tener espacio para sus necesidades, para realizar un taller, cultivar sus amistades, aprender algo y disfrutar de su tiempo libre”.

UNA CONEXIÓN ESPECIAL

Sin embargo, en el ámbito de las relaciones familiares entre abuelos y nietos hay un nexo potente y una base natural para desarrollar una maravillosa relación que se caracteriza por grandes aprendizajes y una complicidad a toda prueba que es bueno desarrollar y saber cultivar.

Primero, entre ellos hay una profunda igualdad de condiciones, que los une muchísimo y es que a la tercera edad le sucede lo mismo que le pasa a la primera: sé es dependiente de los demás.

En los niños la causa de ello es que no disponen todavía de la necesaria capacidad de autonomía y, por tanto, no pueden valerse por sí mismos; los abuelos en cambio han de admitir que tal independencia la han perdido.

En el fondo, los dos deben percatarse que necesitan de los demás y de que en cierto modo deben someterse a lo que los otros familiares decidan por ellos.
Obviamente en los abuelos suele ser más doloroso que en los nietos esta percepción, por la sencilla razón de que en ellos supone la pérdida de algo muy valioso de lo que se dispuso durante tantos años. En los niños esta dependencia se encamina a terminar.

Sin embargo, pese a ese matiz, esta característica relativamente común entre abuelos y nietos debiera constituir el puente de unión entre ambos y generar una fluidez en la relación: A los abuelos, por lo general, les cuesta menos demandar de sus nietos que de sus hijos la ayuda que necesitan. Y, por su parte a los nietos, les suele costar menos un pequeño servicio a sus abuelos que a sus padres. Es como si de forma natural se diera una mayor solidaridad entre las generaciones distantes que entre las generaciones más próximas entre sí.

También hay otras razones que explican este excelente ensamblaje y es que los abuelos:

 Mandan de una forma muy distinta a como lo hacen los padres. Los buenos abuelos suelen ser muy comprensivos y no riñen con la dureza, la rapidez y la vehemencia de los padres.
Saben preguntar a sus nietos y les gusta interesarse sinceramente por sus asuntos, acogiendo muy bien lo que éstos les cuentan.
Saben escuchar y disponen de la necesaria paciencia para ello, cosas que a veces los padres, por estar con todas las demandas de la crianza y de sus trabajos, no tienen.
Sirven de soporte emocional en momentos de crisis y por su posición imparcial pueden hacer de puente cuando existen problemas entre padres e hijos.
Tienen una larga memoria y una densa y dilatada vida almacenada en ella que les gusta contar. Son los perfectos historiadores familiares para traspasar anécdotas y biografías que a los niños les fascina.
Tienen la licencia de mimar a los nietos. Las investigaciones demuestran que en esto no hay nada de malo, si se tiene cuidado en no anular la opinión de los padres. – Consentir a los nietos hace que ellos aprecien la existencia de un amor incondicional que con el tiempo, les genera bienestar y confianza en sí mismo.
Tienen la experiencia y los nietos la fuerza. La experiencia y la fuerza suelen complementarse muy bien y casi sin esfuerzo alguno. Los abuelos se rejuvenecen y se actualizan, mientras los nietos encuentran sus raíces. Ambos se necesitan recíprocamente.
Ojo, que ninguno de estos puntos le arrebata el rol educador a los padres. Pero es tanto lo que puede recibir un niño del contacto con sus abuelos, que sería muy aconsejable que esta relación fuera frecuente y cercana.

Reglas de oro
Los estudios demuestran que la relación ideal entre nietos y abuelos se produce cuando el contacto entre ellos es regular y cuando los abuelos son exitosos en desempeñar su propio rol sin ejercer el de padres.
Otra conclusión señala que los niños suelen tener mejor relación con sus abuelos maternos debido a que es común que la madre mantenga una relación más estrecha con sus padres y ponga más empeño en intensificar los contactos familiares.

TODOS GANAN, NADIE PIERDE

Por todo lo anterior, la sintonía natural entre abuelo y nieto no debiera percibirse con recelo, dudas o ponerse en cuestión con frases tales como: “me lo están malcriando, porque le consienten todo cuanto pide”. Cuando así sucede, lo primero es aclarar esta situación entre abuelos e hijos, pues generalmente tras ese malestar hay más bien un conflicto entre adultos, es decir, entre suegra/o y yernos/nuera, que no debe salir de ese círculo.
Y de los mimos ni preocuparse porque nunca hay razón para temerles. No vale la pena entorpecer la relación existente entre nieto y abuelo, que lo único que genera es beneficios.

Los nietos: porque los abuelos los hacen crecer en el propio conocimiento personal, les afirman su autoestima, les hacen experimentar un cierto orgullo de pertenencia y les facilitan la comprensión de la importancia de entregar cultura de generación en generación. Esto a su vez les ayuda en el afianzamiento de su identidad personal.

Los abuelos: porque la relación con sus nietos los rejuvenece y les hace sentirse más útiles y menos dependientes de sus hijos. Los ayudan a tomar conciencia de que es mucho lo que le pueden dar. Al mismo tiempo se olvidan un poco de sus limitaciones y de ellos mismos.
Con esta relación, además los abuelos toman conciencia de que las incomodidades que ahora experimentan y los sufrimientos vividos a los largo de sus vidas no han sido inútiles y absurdos. “Todo ha valido la pena, pues sin aquello sus nietos no estarían presentes”, dice Aquilino Polaino.
Así mismo, los abuelos deben hacer un esfuerzo por dar lo mejor de ellos y, si es el caso, mejorar el carácter y los quejidos sobre los achaques propios de la edad.

Los hijos: se benefician de ver que sus hijos al recibir la riqueza de sus abuelos también serán capaces de transmitirlo a la generación siguiente. Además con la ayuda de los abuelos los hijos ganan un necesario espacio para estar solos.
En definitiva…. nadie pierde.

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