Escrito por L Edwards /ledwardsqhacerfamilia.net, Luz Edwards / Nº 186 /  25 octubre 2011
Los niños necesitan saber que hay un mundo por descubrir

Las historias de sus libros ocurren en Chile, en ciudades como Temuco o Valparaíso. Y las aventuras no nacen de situaciones extremas, sino de realidades cotidianas como la aparición de un ratón. Así, Sara Bertrand muestra que aunque por Internet creemos conocerlo todo, es muy distinto cuando las cosas se viven en primera persona.

 

Sara Bertrand es de los autores chilenos más reconocidos del momento. Publicó su primer libro en 2007, por una beca que ganó en el Consejo del Libro. Ahora tiene nueve títulos en las librerías y varias historias más en camino. Los niños y jóvenes se devoran sus libros y por eso la invitan a los colegios a que converse con ellos. “Les firmo los libros y quedan fascinados. A lo mejor después no se leen el que escribí yo, sino otro, pero ésa es la idea. Que se motiven a leer lo que más le interese a cada uno”, dice la autora.
Sara estudió Periodismo; de ahí que su estilo de escritura sea ágil, pensado para un público que va a dejar de leer si es que se aburre. También estudió Historia, vocación que se refleja en las costumbres antiguas, mitos y lugares característicos de Chile que aparecen en sus páginas. “Nuestro país, nuestra geografía, los pueblos originarios, el clima, es de una multiplicidad y una complejidad tan espectacular que uno se sorprende cada vez”, dice.

¿Qué la anima a escribir? ¿Motivar la lectura o dar a conocer la historia del país?
No, la motivación para escribir nace totalmente aparte. Las historias surgen y necesitan ser contadas. Eso que puede parecer un cliché, es así. Por ejemplo, el tema de Ramiro, un ratón, salió porque yo veraneé en una casa llena de ratones. Un día empezó la fiesta en el techo y me desvelé; entonces me senté a escribir esta historia, que la comencé a las 12 de la noche y la terminé en la madrugada.

¿Siempre quiso ser escritora?
Yo me defino como periodista todavía, me sería difícil decir que soy escritora. Cuando uno ha leído harto se da cuenta de que hay mucha excelencia, de que hay gente que ha escrito muy bien y que uno hace lo que puede. Por eso, ganarme
la beca del Consejo del Libro fue una sorpresa, porque es difícil ganársela, además.

¿Las historias siguientes fueron tan espontáneas como la del ratón?
Con la publicación del primer libro se destapó una olla, por decirlo de alguna manera, y comencé a escribir historias que me estaban dando vuelta desde antes. Justo se murió un perro mío y escribí la historia de un perro que se llama Otelo. Mi perro era muy querido, era un salchicha enano con complejo de Rottweiler. No sé por qué, se me ocurría que se creía la muerte.

¿Y cuál fue la aventura de Otelo?
Otelo es un perro muy bondadoso y con un ego gigante, y quiere terminar con la pobreza en África. Por los cuadernos de la niñita de la casa, Blanca, él sabía que en África existía una tribu que se llamaban los Tuareg, que eran nómades y se vestían de azul. Otelo se encuentra en la calle con un carretonero vestido de blue jean y entones él dice “obvio, llegué a África, me encontré con un Tuareg”. Lo sigue y llega a una población. Ahí se da cuenta de muchas cosas y tiene una experiencia cercana a la pobreza sin haber ido nunca a África.

¿Cuáles de sus libros son los más históricos?
La casa del ahorcado, La momia del salar, Antonio y el misterio de los hombres roca y Antonio y el tesoro de Juan Fernández. Son libros ubicados en Valparaíso, en Rapa Nui, en San Pedro de Atacama, en Temuco, entonces reflejan esos lugares, se mezcla la historia con aventuras de hoy día. Es una lectura súper funcional respecto de lo que los niños aprenden en el colegio, porque les están enseñando los pueblos originarios. Entonces leer un libro que los sitúa en esa zona en un presente, es atractivo.

¿Cómo competir con Internet y las pantallas?
Yo creo que a los niños hay que tomarlos en la primera página y no soltarlos más. Porque si el libro no es intenso, te la va a ganar el computador. Por eso mismo yo no pongo muchas descripciones, porque para saber cómo es San Pedro de Atacama es mejor Google. El rol de la literatura está en ayudar a los niños en su proceso de individuación, cada libro forma parte de las experiencias que van a constituir a esa persona.

Los libros dan sentido a esos datos que buscan en Internet…
Antes la literatura infantil y juvenil pretendía entregar conocimientos. Hoy, quiere acompañar a los niños en este proceso de desarrollo, de incorporación a un mundo que se está haciendo más frío.
Porque están todos conectados, pero en una realidad que genera ansiedades y una sensación de soledad bastante particular. Porque puedes tener 300 amigos en Facebook, pero ¿con cuántos de ellos puedes llorar una pena, abrazados? Al final están súper desconectados. Para vivir hay que meter los pies en el barro, hay que sentir la lluvia, que te golpee el viento, caerse; así se aprende, no en una pantalla.

¿En ese sentido usted plantea que la vida sigue siendo una aventura?
Uno puede decir que la época de las aventuras ya pasó, pues el mundo ya está descubierto, ya no hay más. Y es verdad, el mundo es un lugar conocido, pero para mí no hay sensación existencial más sofocante. Los niños necesitan sentir que está todo por descubrir y, desde una mirada, es cierto. Si pones a un grupo de niños sin luz eléctrica o si les propones que persigan a unos chanchitos, vivirán una aventura. Ahí se enfrentan a un mundo, entre comillas, desconocido. Desconocido porque es una realidad nueva para ellos, donde no saben bien cómo van a reaccionar. HF

 

Una autora que vale la pena conocer (Por Alicia Cruzat, comentarista de libros de Hacer Familia)
La sabiduría antigua decía que los libros son un fiel reflejo del alma de su autor… Y si hoja tras hoja, la pluma de cada autor deja traslucir su alma -o al menos, parte de ella-, Ramiro Mirón habla de una Sara cálida, divertida, curiosa, juguetona, gran conocedora del alma humana –¡y también ratonesca!, ¿por qué no decirlo?-. Desastres Chilenos, de una mujer estudiosa; una Sara patriota, conocedora, amante y respetuosa de su propio país, con un alma llena de recuerdos por contar y de conocimientos por relatar. La casa del ahorcado, de una Sara cuentera (ha de ser una excelente cuentacuentos), imaginativa, entretenida, amante del misterio, de los niños y de la idiosincrasia nacional. En fin… Una a una, sus palabras urden obras con contenidos atractivos para los niños, bien planeados y amenamente relatados; palabras familiares y prolijamente escogidas; y frases cortas y bien redactadas que hacen de sus historias un gran tesoro para el mundo de la literatura infantil y juvenil.

 

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