Escrito por Alicia Cruzat. Asesoría Carolina Montalva, Magister en Psicología Clínica U Andes / Nº 187 /  15 noviembre 2011
“Mi marido se está matando”

Consuelo y José están casados hace 13 años, tienen 4 hijos y ella está preocupada porque ve con desesperación que él es el máximo representante de un cuadro muy poco saludable: ha subido mucho de peso, trabaja sin descanso y practica cero deporte.

Cuenta Consuelo
El gran problema es que a José no le importa. No sé si se siente inmortal y definitivamente piensa que las estadísticas corren para todos, menos para él… Le he insistido que vaya a un doctor, que se controle, que vea cómo están su colesterol y el funcionamiento de su corazón. Tiene antecedentes de infarto en su familia, y su físico y estilo de vida gritan que él será el próximo. Yo por mi parte veo que es algo tan prevenible y fácil de abordar, pero definitivamente él no le toma el peso al asunto. A tanto ha llegado el tema que he sido yo la que toma la hora al doctor, pero él, a último minuto, las cancela. Estoy cansada, esto se ha transformado en un motivo de discusión constante y no logro entender ese afán por no cuidarse… Y lo peor es que de verdad temo que las consecuencias pueden ser fatales.

Años atrás, una profesora de teatro irlandesa encontró en su escritorio el siguiente guión. Estaba escrito por un niño de 10 años.
– Título: Asesinos silenciosos.
– Autores: Comida chatarra. Trabajo. Cigarro. Vida sedentaria.
– Colaborador: Genes de mi familia.
– Protagonista: Mi papá. 40 años. Come mucho. Trabaja mucho. No juega soccer.
– Antagonista: Mi mamá. Nosotros.
– Ambiente: Papá con el pelo como Einstein. Mamá comiéndose las uñas. Comemos solos. Nunca va a mis shows. Vacaciones en el Mediterráneo.
– Trama: Papá con un corazón a punto de explotar. Familia con un corazón que va a faltar.
– Frase célebre: Su tardanza por ir al doctor es un error que quizás cobre la vida de mi papá y de todos nosotros.

La historia continuaba un par de páginas más. El final quedaba inconcluso. Pero la idea estaba clara. Incluso para un niño de 10 años. Es curioso entonces, como dice la psicóloga Carolina Montalva, que en los tiempos de hoy, un hombre como José, con el ritmo de vida que lleva, no capte que es el candidato perfecto para un infarto.
Consuelo tiene que buscar una manera diferente de abordarlo e involucrarse en el problema, porque esto es de todos: algo pasa familiarmente.

Aprendiendo a leer entre líneas
A simple vista, éste podría ser el clásico ejemplo del marido gozador y goloso que no le toma el peso al ritmo de vida que lleva. Pero yendo más allá, vemos que José y Consuelo son un matrimonio que, juntos -no sólo José-, han alimentado un estilo de vida poco saludable. Tanto para él como para su familia.

1ª entre-línea. Expectativas familiares de éxito:
¿Por qué José necesita trabajar tanto? ¿Por qué tiene que rendir tan bien? El tema de las expectativas familiares de éxito es algo que ocupa a todos los matrimonios. “Si José trabaja tanto y además, está con ansiedad -por algo come tanto-; si todos saben que es el candidato seguro para un infarto, pero él no se conecta con esa parte; es porque algo anda mal”, explica la psicóloga Carolina Montalva.
Hoy en día, muchas parejas buscan tener una buena calidad de vida, un buen veraneo, una buena casa, un buen colegio, etc. y de alguna manera, las mujeres apoyan al marido en su papel de “trabajador inagotable”. Se quejan de que trabaja mucho, pero gozan de los beneficios de su trabajo. Y eso no es sano. Una buena idea sería que ambos se sentaran a conversar y redefinieran sus prioridades y el estilo de vida que quieren (fuera la compra del auto a cambio de un marido saludable, por ejemplo).

2ª entre-línea. Tácticas de cambio
Es muy difícil sacar una conducta sin poner otra en vez. “Consuelo le pide a José que deje de hacer muchas cosas, pero a cambio de qué. Lo esencial es lograr que él se concentre en HACER ALGO más que en NO hacer algo”. ¿Cómo lograrlo? Buscando estrategias nuevas. “Cuando uno quiere resolver problemas, hay que buscar formas creativas para conseguirlo. Ensayo-error. A veces funciona, a veces no. En este caso, Consuelo alega y alega, y José no cambia. Eso quiere decir que el alegato ya no funcionó. Y hay que cambiar las estrategias”. ¿Cuáles?
Negociar. El negocio siempre es algo atractivo. “Si tú haces esto, yo hago… Siempre los maridos quieren algo de uno. Sólo hay que pensar bien qué los motiva y pedirles cosas concretas y abarcables. No sirve de nada decirle “Llega más temprano”, hay que decirles “Llega a las 8:30”.
Preocupación mutua. Nunca están de más. El coqueteo. El cariño. El estar juntos. Los detalles. “Te traje el chocolate que te gusta”. Es la preocupación recíproca la que abre el corazón del otro. Y la que puede abrir la puerta al cambio.
Empoderar a los hijos. Mostrar el costo que esto tiene para los hijos es una herramienta muy poderosa. “Si la mamá es la única que alega, puede ser totalmente inefectivo; en cambio, si los hijos hablan con el papá, éste puede reconocer el error. Los padres responden muy bien con los hijos”, explica la psicóloga.
Apoyarlo. No es fácil cambiar de rutina. Hay que apoyar a quien debe hacerlo. “Si el marido se pone a hacer régimen, que toda la casa, por ejemplo no coma chocolates delante de él”.

3ª entre-línea. Ansiedad
José tiene un problema con la ansiedad. Come mucho. No hace deporte. ¿Cómo puede mejorar esto? Entre otras cosas, con buenos hábitos: hacer gimnasia, proponerse terminar temprano, dejar el PC en la oficina o consultar al doctor adecuado para que lo oriente.

4ª entre-línea. Todo tiene sus costos
“Claramente alguien está tratando de evitar los costos de llevar una vida poco saludable. Y en este caso, el costo es alto: no hay vida familiar”. Quitar las consecuencias de los actos es algo típico de las madres. Cuando las mamás “hacen de papás”, lo único que hacen es “tapar hoyos” e impedir que los hijos tengan una relación sincera y abierta con sus padres. “Muchos colegios hacen shows para el Día del Padre, pero resulta que un buen porcentaje de la asistencia no es de los papás, sino ¡de las mamás! El rol de la madre es hablar con sus hijos y sugerirles que llamen a su papá para recordarle que vaya al show. El rol de Consuelo es decirle a su hijo que llame a José para que llegue temprano y coman juntos. Es una forma de que el padre se dé cuenta que su actuar tiene consecuencias. Y es bueno que los niños también lo sepan para lograr reconstruir -en familia- lo que se estaba dañando”.

5ª entre-línea. “Con virtudes y defectos…”
Por último. Quererlos como son. Muchas veces los cónyuges tienen expectativas muy altas respecto del otro: que sean flaco(a)s, cero colesterol, deportistas, exitoso(a)s. Pero al cónyuge hay que hay que quererlo tal cual es, con sus virtudes y defectos; y asumir que uno tiene el esposo(a) que tiene. “No le puedes pedir que siempre sea como tú quieres que sea, porque eso desgasta, irrita y aleja”. Y respetarlos y quererlos con autenticidad engrandece el alma de toda la familia. HF

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