Escrito por Magdalena Pulido S. / Nº 189 /  26 enero 2012
Dime cómo escribes y te diré quien eres

La letra es como la huella digital, no hay ninguna igual a la otra, es parte de la identidad de cada uno y entrega gran información acerca de las características de la persona. Es por esto que hoy esta técnica se está usando para la orientación vocacional.

La escritura es una de las aptitudes humanas más avanzadas: combina el lenguaje con la actividad psicomotora y le da forma física a nuestros pensamientos y emociones. Bastan una firma y unas pocas líneas manuscritas para conocer importantes aspectos de la personalidad y para saber de manera explícita cuáles son nuestras fortalezas y debilidades al desenvolvernos con los otros, en la sociedad.

Según Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infantil, lo manuscrito es expresión de lo más profundo del ser humano, de sus miedos, inseguridades, de sus emociones y de sus rasgos de personalidad. Por esa razón, se dice que la letra es un espejo o una especie de “rayos X” que permite descubrir importantes rasgos personales.

CONTRA EL ESCEPTICISMO

Wilhelm Preyer, médico y catedrático de anatomía y fisiología, se encargó de analizar las leyes de la espontaneidad, del ritmo y del movimiento de la escritura. La conclusión de su investigación advertía que la escritura, no sólo es un acto motriz, sino que existen distintos factores psicológicos que condicionan al sujeto a escribir de una forma única e irrepetible.

De hecho, uno puede variar la letra, o una persona, por diversos motivos, puede escribir con los dientes, los pies o tener problemas motores, pero siempre mantendrá peculiaridades gráficas que se repiten y son expresión de muchos aspectos de su ser.

Marcela González y Francia Ducasse son profesionales chilenas y estudiaron tres años y medio en el Instituto de Pericia Caligráfica. Son peritos caligráficos, es decir, saben medir la autoría de una firma y, basadas en el aspecto neurocientífico y en toda la rigurosidad de un método cuantitativo, se han especializado en analizar las letras y aprovechar toda la información que ellas encierran.

Ambas profesionales logran “leer” a través de la gráfica las habilidades más destacadas en la persona. Luego utilizan esta información tanto para la selección de personal, es decir, encontrar la persona más idónea para cada cargo, como para la orientación vocacional, detectando el campo laboral más apto para el desarrollo del individuo.

Marcela es psicóloga y Francia psicopedagoga. Ambas confiesan que lo más difícil ha sido derribar las barreras de la incredulidad frente a esta técnica y es por esto que son enfáticas en explicar su carácter científico.

En el cerebro es donde empieza todo, es aquí donde se genera el movimiento de la muñeca, los dedos y la mano que escribe, y por tanto, ese impulso necesariamente se entremezcla e interactúa con otra información almacenada en el cerebro, como son las emociones, la memoria, las vivencias y las experiencias.

“Así a medida que se va internalizando el acto de escribir, es decir, que éste deja de ser una acto mecanizado, se van mostrando a través de él, y de manera inconsciente, características de la personalidad. Por ejemplo, quedan al descubierto, los niveles de agresividad, de ansiedad, la capacidad de relacionarse con los demás, el modo de tomar decisiones y un largo listado acerca de la visión de la realidad que tiene la persona”, explica Francia.

¿QUÉ PUEDO ESTUDIAR?
Debido a todo lo que expresa la letra, quizás en ella está la respuesta.
– Datos aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas señalan que cerca del 50% de los alumnos que ingresan a la educación superior jamás termina su carrera.

– De hecho en 2009, sólo 46 mil jóvenes egresaron de sus especialidades, de un total de 99 mil que se habían matriculado cinco años antes.
Si bien las causas son variadas y entre ellas se señalan problemas económicos y déficit en la preparación académica; la alta deserción también se debe a la desorientación vocacional que tienen los alumnos al salir de cuarto medio. Muchos sin conocer realmente lo que les gusta y para lo que son buenos, entran a estudiar lo que escogieron por descarte o bien lo que la tradición familiar “manda”.

– Consciente de este problema, muchos establecimientos educacionales se encargan de orientar la vocación de sus alumnos, pero según la peritas en grafología, no han encontrado la mejor forma de hacerlo. “A veces se les somete a tests en base a interminables preguntas de interés, tales como: qué prefieres, manejar un camión o cuidar un jardín. Y el problemas es que son tantas preguntas, que está comprobado que las primeras son respondidas a conciencia, pero el resto simplemente se rellenan para terminar rápido”, explica Francia.

El modus operandi
Entonces la neuroescritura, es decir, la interpretación de la letra surge como una herramienta a considerar, pues puede dar luces certeras acerca de cuáles son los talentos que se tienen y dónde se pueden desarrollar mejor.

Para ponerla en práctica, lo primero que estas profesionales piden a la persona (a la que no conocen previamente) es que escriba 20 líneas manuscritas en una hoja sin líneas sobre un tema libre. “No puede ser copiado, pues el levantar la vista hace perder la espontaneidad del trazo”, explica Francia, quien añade que el texto, además, debe ser firmado.

Con esto ya está todo el material necesario para la evaluación. Sólo con la firma se conoce el 40% de cómo es la persona y con el resto del texto se evalúa su comportamiento frente a los demás.

Así, este escrito es analizado en 192 factores gráficos. Es decir, se mide el porte de la letra, la distancia entre letra y letra, entre palabra y palabra, entre reglón y reglón, se observa la presión de la mano, si los óvalos están cerrados o abiertos, si el travesaño de la T está arriba abajo o al medio, si la firma la puso a la izquierda, al medio o a la derecha… Y así hasta chequear los 192 aspectos. Cada una de estas señales gráficas es expresión de alguna característica de la persona y cuantitativamente se agrupan para dar sustento a la conducta que se va a describir.

“Es decir, no se dice que la persona es emprendedora sólo por un factor, sino que hay un grupo importante de ellos que apunta a una determinada característica y que le da consistencia. Por ejemplo, el liderazgo, tiene que ver con el travesaño puesto en altura, con el tamaño de la letra, con la presión ejercida y muchos otros más”, explica Marcela.

Una vez que los datos han sido recopilados, contados y puestos en gráficos, es posible, en base a seis tipos de personalidades, detectar cuáles son las tres más predominantes en la persona.

Los seis tipos de personalidad son: realista, investigador, artista, social, emprendedor y convencional. Y cada una de ellas tiene asociadas diez capacidades. Así, si la persona analizada es predominantemente social, se le evalúan con porcentajes exactos y en base a la letra, las capacidades asociadas a esa personalidad.

Por ejemplo, una persona que es predominante social demostró en un 70% tener la capacidad para exponer satisfactoriamente los temas conocidos, o en un 60% la capacidad para comprender los puntos de vista de los demás.

Así, con cada personalidad y con cada capacidad se hace un conteo estandarizado y muy sistematizado que permite llegar a la conclusión final. En ella, para las profesionales, lo más importante es la descripción del ambiente ocupacional ideal para cada persona. Es decir, se detecta dónde una determinada personalidad con sus talentos puede desarrollarse mejor.

“Finalmente, sugerimos tres carreras, pero ellas no son lo más importante, pues toda carrera puede adquirir un enfoque distinto. Lo clave es que ese enfoque se dé de acuerdo a las capacidades descritas”, explica Marcela.

Siguiendo con el caso donde predomina una personalidad social, se le recomienda en la conclusión y según sus capacidades, tener en cuenta que es muy bueno para mantener relación directa con clientes e involucrarse en la resolución de conflictos…

En este caso concreto se sugirieron como carreras: Pedagogía, Publicidad o Psicología Laboral. “Nunca damos más de tres opciones, porque la idea es orientar. Y, pese a que a veces nos sorprendemos de los resultados y por ejemplo, surge una carrera muy rebuscada, sabemos que es tan cierto que debemos comunicarla”, explica Marcela.

Ella recuerda que una vez dieron, de acuerdo a los resultados, la sugerencia de estudiar ingeniería aeroespacial, y efectivamente eso que parecía lejano fue lo que más calzó con la persona en cuestión.

En todo caso, ambas profesionales sostienen que independiente de la carrera, lo más importante es el autoconocimiento que brinda esta técnica. “Puedes escoger una carrera, pero lo mejor es que después sabrás hacia dónde orientarla para poner en desarrollo todos los talentos personales que quizás ni sabían que tenían”.

LOS OCHO GÉNEROS GRÁFICOS
Estos géneros se estudian en un análisis grafopsicológico. El significado de cada uno se relaciona con los otros. Se analizan además otras categorías como el dinamismo, ritmo y la armonía del texto.

1-. Orden: Muestra la distribución de lo escrito en el espacio en blanco, que representa el contexto social y personal en que se desenvuelve el escribiente. Se analizan los márgenes, el espaciamiento entre renglones, las palabras y las letras. Es posible detectar el grado de organización del sujeto, el apego a las normas y la prudencia en las relaciones interpersonales.

2-. Tamaño: La altura de las letras y óvalos expresan la conciencia del yo y la auto imagen del escribiente.

3-. Forma: El estilo representa simbólicamente la manera en que el escribiente desea presentarse frente al medio social.

4-. Inclinación: Da una pauta acerca la sociabilidad de la persona. Así, las escrituras cuyos ejes de letras tienen inclinación a la derecha se correlacionan con personalidades extravertidas.

5-. Dirección de líneas: Ayuda a detectar el estado anímico y el mayor o menor grado de contacto con la realidad que tiene la persona.

6-. Conexión: Se refiere a la unión que las letras tienen entre sí. En este género se estudia, entre otros, la manera en que cognitivamente la persona comprende el mundo que le rodea.

7-. Velocidad: Apunta a inferir la rapidez del escrito realizado por medio del grado de cohesión de las letras, la simplificación del trazado, la presión del lápiz y la inclinación. En general, escribir rápido es un reflejo de la vivacidad mental y la espontaneidad.

8-. Presión: Apunta a inferir la rapidez del escrito realizado por medio del grado de cohesión de las letras, la simplificación del trazado, la presión del lápiz y la inclinación. En general, escribir rápido es un reflejo de la vivacidad mental y la espontaneidad.

Reportajes Relacionados

About Author

Ma1da_2011

(1) Comentario

  1. me encantó el artículo es un tema muy interesante

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *