06 enero 2012
La familia tradicional, esperanza de la sociedad

Una sociedad fuerte y bien constituida ha de estar integrada por matrimonios estables y duraderos, por familias consolidadas y firmes que den seguridad de futuro.
Se está produciendo el desmantelamiento de la de la familia y sería el momento de preguntarnos qué es lo que está pasando en nuestra sociedad. Hoy asistimos indiferentes a la quiebra de la institución matrimonial como si ello no fuera con nosotros. La triste realidad es que más de la mitad de los matrimonios acaban separándose, esto sin contar con el desconcierto reinante a la hora de discernir la unión matrimonial válida de las que no lo son.

No es la legalización, sino la naturaleza de los hechos lo que cuenta, legalizar es fácil, se puede legalizar todo; pero las cosas siguen siendo lo que son, aunque se hable ya con toda normalidad de parejas de hecho, matrimonios entre homosexuales, matrimonios compartidos, matrimonios a plazos, parejas a prueba. Las leyes han venido a complicarlo todo, hay tanto lío que la barrera entre lo anormal y lo normal comienza a ser borrosa  La situación es ya preocupante.

Es un hecho que las cuestiones familiares tienen dividida a la sociedad. Sin intentar hacer un análisis en profundidad sobre este asunto, porque no es el momento, sí convendría reparar en algún aspecto que me parece especialmente relevante. No sólo la teoría, sino la práctica nos está indicando, de forma clara y contundente, que el amor libre y el divorcio institucionalizado, tal y como lo estamos viendo, acaban teniendo unas consecuencias desastrosas que nos están colocando al borde del caos social. A nadie se le ocurriría poner como ejemplo a seguir un modelo de sociedad integrado por parejas divorciadas, como no lo es tampoco una sociedad sustentada en la poligamia.

Naturalmente que para ser padre o madre de hecho no hace falta casarse. Naturalmente que para compartir lecho basta con que esté de acuerdo la pareja, pero, ¿qué consistencia tiene esto?, ¿cuál es el compromiso?, ¿cuál el grado de responsabilidad? Todo es pura provisionalidad como sucede en tantos órdenes de la vida. La situación dura lo que dura y si te he visto no me acuerdo. Cualquier persona sensata piensa que no es esto lo que la sociedad necesita. Una sociedad fuerte y bien constituida ha de estar integrada por matrimonios estables y duraderos, por familias consolidadas y firmes que den seguridad de futuro.

Si tratáramos de buscar las causas que nos han conducido a la situación actual encontraríamos no una sino muchas; pero, yo voy a hacer hincapié en una de ellas de naturaleza ideológica, que arranca de una concepción de la mujer impropia e irreal. Me estoy refiriendo a la “ideología de género”. Recientemente, la señora Ana Mato, ministra de Sanidad y Servicios Sociales, al referirse al asesinato de una mujer de Roquetas de Mar (Almería) a manos de su marido, ha utilizado la expresión “violencia en el entorno familiar” en lugar de “violencia machista o de género” y, claro está, la Pajín y compañía han montado en cólera y se le han echado encima, porque saben muy bien que este cambio de terminología aparentemente inocente puede resultar vital para sus planes.

Una filosofía feministoide ha tratado de hacernos ver que todos los males que nos suceden, incluida la violencia familiar, son debidos a que la mujer no acaba de dejar de de ser mujer para convertirse en hombre. En otras palabras, la aspiración de la “ideología de género” es convertir a la mujer en un hombre, ya que se parte de la idea de que, por naturaleza, hombre y mujer son dos seres asexuados, siendo la educación y el entorno cultural los que tienen la culpa de que los veamos como seres sexualmente diferenciados. Masculinicemos a la mujer, hagámosla en todo igual al hombre y todos los problemas, incluidos los conflictos familiares, habrán desaparecido.

¿Por qué ese interés de las feministas y los homosexuales en eliminar las diferencias de sexo entre hombre y mujer?, ¿por qué solo hablan de diferencias de género? Sencillo, porque de esta forma tienen la puerta abierta a cualquier desmán o aberración. Si no existe diferencia de sexos, el matrimonio tradicional ya no tiene sentido; si no existen sexos, da igual que sean dos hombres o dos mujeres los que forman pareja; si no existen los sexos, hay que echar abajo toda la estructura socio-familiar; si no existen los sexos, el hombre puede ser mujer y hacer de madre, y la mujer puede ser hombre y hacer de padre.

Como se puede ver, detrás de la palabra género tan inocente aparentemente se esconde una perversión y gran número de incautas e incautos se lo han ido tragando. No creo que la familia tradicional vaya a desaparecer, pero si esto sucede temo por la sociedad.
Fuente: Forum Libertas, Ángel Gutiérrez Sanz, catedrático de Filosofía

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