31 January 2012
Sebastián Moller Carafi, una lección de vida

Un accidente cambió para siempre la vida de Sebastián Moller y la de sus padres quienes hoy ven en su hijo discapacitado, una fuente de alegría y de esperanza. Por Teresa Arnaboldi Campos

Hace unos meses, Sebastián Moller corrió los diez kilómetros de la corrida Caja 18 en Santiago. Junto a él, sus amigos que también participaban, lo alentaban a llegar a la meta. Sebastián irradiaba tanta alegría que todos se conmovieron. Nadie lo había visto sonreír así desde aquel negro día del año 2006, cuando un accidente automovilístico lo dejó al borde de la muerte y postrado en una silla de ruedas.
La noche del accidente, Sebastián fue a dejar a su polola a su casa y sólo algunas cuadras más adelante, perdió el control de su auto, impactó un árbol y fue trasladado a la clínica en estado de coma.
Sebastián ingresó a la UTI donde estuvo seis semanas inconsciente, quedó con un TEC grave y una lesión medular cervical que lo dejó con un trastorno cognitivo comunicativo. Mientras Sebastián se encontraba en la UTI, su mamá, Verónica Carafi, lloró un rato junto a su única hija.

En ese minuto ambas hicieron un pacto: se comprometieron a no derramar más lágrimas, a dar vuelta la hoja y a enfocar todas sus energías en ayudar a su hijo a rehabilitarse.
Su madre cuenta que mientras Sebastián estuvo hospitalizado, la gente comenzó a enviarles santitos y reliquias y ella aceptaba todo porque esperaba un milagro. El milagro ocurrió, porque a los tres meses su hijo despertó aunque se alimentaba por sonda y no hacía nada por sí mismo. Luego, alguien le aconsejó que llevara a su hijo donde un doctor muy viejo pero sabio. “El médico le sacó un montón de remedios que según él eran innecesarios. Sebastián entonces empezó a resucitar, a comer y a entender lo que pasaba a su alrededor”, explica.
Cuando al joven lo dieron de alta, lo llevaron a la clínica Los Coigues que se especializa en tratar trastornos traumatológicos. Ahí comenzó su trabajo para rehabilitarse y donde continúa hasta hoy.
Sus padres sienten que Sebastián ha puesto tanta energía en volver a caminar, a pesar de sentirse muy cansado, que piensan que su esfuerzo es un motor para salir adelante como familia. “Hay dos maneras de actuar frente a estos imprevistos que nos pone la vida. Llorar y echarse a morir o hacer lo mejor que se puede. Es una elección. No importa cuán pesado sea”. Agrega también que esta experiencia ha afirmado mucho su fe en Dios, ya que siente que de Él proviene la fuerza para sobreponerse y buscar lo positivo dentro de la adversidad.
“Sebastián nos enseña muchísimo, él siempre nos muestra sus ganas de vivir. Ha comenzado a escribir una bitácora de lo que le pasa cada día y también ha empezado a pintar cuadros. Su alegría es contagiosa, disfruto la vida con él y de estar con él”, expresa su madre.

Los pies en la tierra

Para Sebastián ha sido fundamental el apoyo de los amigos quienes, lo invitan a salir, lo llevan al fútbol y a fiestas. Ellos lo han acompañado y lo ayudan. Incluso la madre de uno de sus amigos le comentó que Sebastián se ha transformado en un ejemplo para todos ellos y los ayuda a poner los pies en la tierra. “Lo que más me emociona es que activa lo mejor de nosotros y de sus amigos, donde él está, hay alegría”, dice Verónica. También siempre han mostrado disposición por ayudar. Su madre cuenta que la última vez que su hijo estuvo en la clínica tuvo un contratiempo. Los amigos hicieron una Sebatón por Facebook, reunieron dinero y compraron una grúa.

“Ahora no se necesita ninguna ayuda para moverlo y gracias a la grúa, la silla especial y el auto acomodado para él, nunca más sufrí un dolor de espalda por cargarlo”, relata. Fueron ellos también los que le consiguieron una silla especial para correr, y a través de aportes, la compraron en Londres. Todos acompañaron a Sebastián en su primera corrida y lograron que llegara a la meta. Al término de la carrera, una mujer le comentó a Verónica que le llamó la atención la alegría que irradiaban todos mientras corrían. Los amigos de Sebastián decidieron que querían hacer lo mismo para ayudar a otras víctimas de accidentes de tránsito y crearon una fundación que integrara a los discapacitados a las actividades normales de la vida diaria y al deporte.

Hoy la fundación Corre Conmigo está en trámite para obtener su personalidad jurídica, cuenta con una página web, e intenta reunir fondos.

-> Fundación Corre Conmigo

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