Escrito por Luz Edwards / Nº 171 /  15 Febrero 2012
Frente a los abusos de autoridad: Niños capaces de hablar

Es imposible mantenerlos en una burbuja. Por eso, debemos enseñarles a protegerse. La mejor manera es que confíen en su propio criterio y que se atrevan a conversar con sus papás cada vez que se sientan extraños con alguien.

Por Luz Edwards S. / ledwards@hacerfamilia.net

“No te quedes solo con un desconocido”, “No dejes que nadie te toque”, “No permitas que te hagan nada que tú no quieras”, son algunas de las frases que comúnmente decimos a los niños, muy seriamente y con voz fuerte. Pero, en realidad, no es la mejor manera de asegurar que estén siempre sanos y salvos. “Estos mensajes le traspasan toda la responsabilidad al niño y muchas veces se trata de situaciones que él no puede manejar. ¿Cómo le dice que no a un adulto que se supone que debería ser bueno y que está usando todo un discurso para persuadirlo?”, ejemplifica la psicóloga Marcela Concha.

Un desenlace común es que el niño ve como una falta no haber sido capaz de impedir esa situación que sus papás tanto le advirtieron. Se siente culpable y, por lo tanto, calla, lo cual se convierte en la circunstancia perfecta para que el abuso continúe. Este mismo silencio es el que permite la horrible realidad de que el 80% de los abusos a menores los realizan personas del ambiente supuestamente seguro de los niños, como familiares, educadores o personas cercanas a sus padres.

Estas relaciones dañinas son distintas al acoso de un extraño, que es terrible, pero es casi un accidente. Es una situación que comienza sutilmente, de manera casi imperceptible y que sólo avanza si las condiciones lo permiten. Es decir, si el niño se siente capaz de hablar al comienzo, el proceso se detiene, evitando sufrimientos mayores.

Ser precavido no es ser desconfiado

Pensar que las personas tienen buena voluntad y que cumplirán lo que prometen, está bien. Es una disposición llamada confianza social y lo interesante es que no se considera antónimo de desconfianza.

  •  Confianza y desconfianza no son una positiva y la otra negativa, sino que son los mecanismos para manejar la complejidad y la incertidumbre.
  •  A esta actitud se le llama también confianza prudente y significa correr riesgos, pero calculados, y estar siempre monitoreando la propia vulnerabilidad según el contexto.
  •  Una confianza ciega se considera teóricamente excesiva, pues sólo de alguien perfecto sería sensato esperar un comportamiento perfecto.
  •  Los estudios muestran que las personas ingenuas, al no desarrollar herramientas para protegerse, se sienten tremendamente vulnerables y optan por aislarse socialmente.

¿No confiar en nadie?
A simple vista, sospechar de los demás parece una solución. Pero la verdad es que educar hijos desconfiados es un flaco favor para ellos, porque para mantener cualquier relación humana de amistad, de pareja o de trabajo, es necesario estar abiertos a lo que los demás pueden entregar.

Marcela Concha enfatiza, además, que las personas desconfiadas muchas veces terminan siendo más complacientes, porque les da miedo pensar qué puede suceder si dicen que no. “Lo importante aquí es no quedarse en los sentimientos o las sensaciones y definir medios concretos para evitar cualquier tipo de abuso a lo largo de nuestras vidas”, advierte.

La respuesta a cómo protegerse es precisamente la confianza, según la especialista, pero en uno mismo y, todavía en esta edad, en los papás u otros adultos cercanos, si es que ellos no están. “Los niños tienen una capacidad especial para darse cuenta de cuándo una persona tiene dobles intenciones. Es necesario reforzarles la importancia de estar atentos a esas señales, a no pasarlas por alto y que se atrevan a conversarlo”, aconseja la psicóloga.

Esto último es clave, pero no ocurre por milagro, sino que es fruto de un niño seguro de sí mismo y de un ambiente donde se acepta que todas las personas pueden cometer errores.

 

Siempre creerles a los niños
Cuando hay abuso sostenido en el tiempo, existe de todas maneras una deficiencia en este campo. En esto coinciden los especialistas y en esa línea fue el testimonio de la doctora Francesca Navratil, ginecóloga sueca de gran prestigio que trabaja en ese país con niños y adolescentes que se sospecha que son víctimas sexuales. Invitada a nuestro país por la Sociedad Chilena de Pediatría dio una charla donde contó muchos casos de pacientes que diez años después de haber pasado por su consulta le han enviado un mail o una carta contándole que por fin se habían atrevido a hablar.

“De niños no fueron capaces porque les daba miedo que los papás no les creyeran y a veces ni siquiera sabían cómo poner en palabras lo que les estaba pasando”, dijo la experta, y le dio gran énfasis el tema de la comunicación. Contó que a veces los niños dicen frases que no calzan con la realidad, pero no es que estén inventando o exagerando, sino que ellos lo interpretaron así.

“Además, cuando están frente a un adulto que pregunta y pregunta, sin estar verdaderamente abierto a entenderlo, el niño se abruma y puede decir cosas que él sabe que no son ciertas. Pero es por cumplir con las expectativas del interrogador”, advierte desde su experiencia. La psicóloga Marcela Concha agrega que como es una situación tan difícil de aceptar, no es raro que se le confundan los recuerdos y comience a dudar si no habrá inventado algunas cosas. “Los niños vienen preparados para confiar en los adultos. Los abusos los descolocan, no es natural”, dice.

El principio rector debe ser que a los niños siempre hay que creerles. Eso no significa necesariamente que se va a hacer lo que ellos digan, sino permitirles sentir lo que están sintiendo. Desde esa base, los papás darán el apoyo que necesita cada niño.

 

No poner autoridad como sinónimo de perfección
Contarles a los papás que un adulto que ellos conocen y tienen por bueno quiere aprovecharse de él, no es fácil. Menos aún si piensa que sus padres no estarán abiertos a la posibilidad de que su testimonio sea verdad.

Por eso, Marcela Concha dice que no hay que mezclar el concepto de autoridad con el de perfección y eso comienza por cómo se presentan los papás a sus hijos. “Es común ver padres que creen que por reconocer un error o pedir perdón van a perder la autoridad, y no es así. No quita mérito, sino que los hace más humanos, más cercanos al hijo y de paso le muestra que todas las personas pueden equivocarse”, dice la psicóloga.

Otra arista clave es no dar órdenes sin explicaciones a los hijos. Es decir, no ser dictadores en la casa, si no gobernantes amorosos. “Si sólo se manda, el niño se convierte en un objeto obediente que hace caso porque sí. En cambio, si se le da la razón que fundamenta la norma, entenderá que es por su bien”, dice Marcela Concha.

Definiendo abuso
Es un concepto difícil por lo amplio y por lo subjetivo. Por eso, hay cifras que dicen que un 5% de los menores han sido abusados y otras, que el 75%. Lo único cierto -y objetivo- es que si un niño dice que otra persona se comporta raro con él, hay que creerle y tomar cartas en el asunto.

 

Niños que se hacen valer
Es fundamental conseguir que el niño se sienta importante y protagonista de su propia educación. Para lograrlo, en algunos casos habrá que negociar con él, como cuando son chicos y no quieren saludar de beso a todos los amigos de la abuela que nunca en su vida han visto. “Hay niños para quienes esa cercanía física es incómoda y es necesario respetárselos. Si no, entienden que lo único importante es cumplir las expectativas de los adultos y que su sentir no vale nada”, ejemplifica la psicóloga.

La relación con los padres es clave, pues marca la manera de relacionarse con las demás autoridades. Si con ellos se atreve a opinar, es más probable que muestre su punto de vista sobre otras autoridades y las demás personas en general.

 

Ayudarlos a conversar
A medida que se acerca la pubertad comienza a ser más difícil para los niños abrirse a sus papás. Para que el esfuerzo valga la pena, necesitan saber que los adultos van a interesarse en lo que él cuente y que le van a dedicar tiempo.

Respecto de esto, la doctora Francesca Navratil fue muy práctica: “Los profesionales que trabajan con niños y adolescentes no pueden tener la sala de espera llena o permitir que un asistente interrumpa a cada rato a la consulta. Es importante que estén las condiciones para que, si el niño está preparado para decir algo que lo aqueja, pueda hablar”.

El mensaje es perfectamente extrapolable a los padres y a los profesores: estar disponibles y no sólo en teoría, sino que crear las condiciones para que pueda darse una conversación cuando el niño lo necesite. HF

 

En la práctica

- Hablarles desde chicos sobre cómo se portará con ellos alguien que quiere su bien.
- Siempre permitirles sentir lo que dicen que están sintiendo. De lo contrario, comenzarán a no creer en su brújula interior y a no hablar.
- Los niños hombres no se atreven a contar que otro hombre los tocó o los trata de seducir por miedo a ser tildados de homosexuales. Aclararles que es el otro el del problema.
- Conversar en la casa acerca de que todas las personas, antes de ser autoridad o pariente cercano, son humanos. Y que los humanos, por definición, tienen defectos y debilidades.


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