Escrito por Magdalena Pulido S. / Nº 190 /  12 March 2012
La mente en su lugar: mindfulness

Cuántas veces nos ha pasado que mientras alguien nos habla, pensamos en los problemas del trabajo, en la hora que se nos olvidó pedir al doctor, en el auto que hay que llevar al taller o en los útiles que hay que comprar para el colegio. Cuando estamos así frente al cónyuge o frente a los propios hijos, el problema es grave y es necesario saber focalizarse y preocuparse por atender el momento.

La explicación de por qué suceden esas cotidianas distracciones es simple: el cuerpo tiene la capacidad de estar en el presente y punto. La mente, en cambio, puede retroceder al pasado lamentándose de lo que ya sucedió o no sucedió y también puede viajar al futuro y enredarse en miles de pendientes y planes.

La consecuencia es que el cuerpo, por decirlo de alguna manera, queda deshabitado y, la persona que supuestamente está conversando con el marido o con la señora, jugando con los hijos, compartiendo un asado familiar o ayudando con las tareas a un niño, en realidad está en otro lugar. Y como si fuera poco su mente, atosigada de pensamientos, pierde el control.

Hoy el problema se agrava, pues contribuyen excesivamente a este “alejamiento”, elementos tan propios de la modernidad como los celulares, la conexión las 24 horas del día al mail y las intermitentes conversaciones on line.

“Con todo esto, la vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados haciendo otros planes”, concluye la psicóloga Bárbara Porter, del Centro de Estudios y Atención de las personas de la Universidad Adolfo Ibañez, citando a John Lennon. Es decir, la vida pasa por una vía paralela mientras la mente se ocupa de infinitas cosas.

Con esta actitud nunca se está completamente presente y no es raro entonces que se pierdan grandes e importantes momentos familiares o se afecten las relaciones con aquellos que más nos necesitan: la familia.

¡Atención! Presentes aquí y ahora

Mindfulness invita a un cambio de actitud. Mindfulness es una técnica oriental creada por Buda, y se refiere a la capacidad de tener, en cada momento, conciencia plena de lo que se está haciendo. Su traducción literal es presencia de la mente. Es decir, según planteaba Buda, mindfulness es un estado de alerta en el que la persona debe permanecer constantemente. Es la capacidad de focalizarse acerca de lo que está haciendo el cuerpo, acerca de los sentimientos de deseo que se tienen, acerca de las necesidades y acerca de la realidad del mundo que nos rodea.

En su contexto, Buda explica que con mindfulness “cuando un monje está caminando, él sabe que está caminando, cuando está de pie, él sabe que está de pie, cuando está sentado él sabe que está sentado, cuando está recostado él sabe que está recostado. En cualquier postura que esté su cuerpo, él sabe que está en esa postura”.

Llevado a la vida cotidiana y al mundo actual, estar en mindfulness es hacer cada cosa, estando alerta de cada cosa que hacemos, valga la redundancia. Es tomar conciencia de que estamos conversando con el marido, con la señora y focalizados sólo en eso. Es estar conscientes de que estamos jugando con los hijos. Es estar alerta de que estamos manejando y de que llegamos a un lugar no por arte de magia. Es darse cuenta de que lo que hacemos, no lo hacemos en forma automática.

¡Qué placer!

Uno de los seguidores de Buda, un monje vietnamita pionero en traspasar esta filosofía a occidente cuenta la siguiente anécdota:
El vivía en una comunidad con muchas otras personas y era el encargado de lavar todos los platos. Una tarea aburrida, agobiante, tediosa y además difícil, pues, en aquella época no contaba con las comodidades de los tiempos actuales.

Al contrario, tenía que trabajar con muy poca agua y sin lavalozas. Lo increíble es que haciendo esta actividad en mindfulness, es decir, con plena conciencia y focalización, sin pensar en nada más que en el lavado de platos, su tarea comenzó a ser cada vez más atractiva a tal punto que llegó a disfrutarlo.

La conclusión es que la plena conciencia, lleva a realizar hasta lo más aburrido con placer y gusto, pues nos permite, al estar focalizados en una cosa a la vez, ser dueños de nosotros mismos y recuperar la plenitud del sentido de cada cosa que estamos haciendo.

Por todo esto, mindfulness es increíblemente positivo para el desarrollo de las buenas relaciones familiares, para el ejercicio de la paternidad y de la maternidad.

Es que según dice Bárbara Porter, el amor no es más que prestar atención al otro, “entonces si uno está constantemente en los propios pensamientos, en las propias preocupaciones, en lo que se tiene que hacer, es imposible realmente acoger al marido, a la señora o al hijo”. Mindfulness permite estar en un 100% disponible para el otro, una actitud indispensable en la vida familiar.

Más tarde el concepto de mindfulness fue aún más occidentalizado por Jon Kabat Zinn, un médico norteamericano quién se dedicó a operacionalizarlo para utilizarlo en terapias con pacientes con depresión, con alguna adicción o con algún trastorno de la personalidad.

Los resultados que ha tenido esta práctica en la clínica son sorprendentes, tanto que empieza a ganar terreno y se ha hecho muy efectiva en disminuir el dolor crónico en pacientes oncológicos, disminuir la ansiedad, el colon irritable, la fibromialgia y también se aplica en los tratamientos contra el insomnio.

Jon Kabat Zinn define mindfulness como la capacidad de prestar atención al presente sin juzgar. Y es justamente de esta definición que nuevamente la consecuencia de vivir así se traduce en más tranquilidad y capacidad de gozar las cosas.

“Para qué divagar sobre lo que pasó o lo que podrá pasar mañana, si lo único concreto es el presente”, explica el psiquiatra Francisco Bustamante. Y en cuanto al hecho de no juzgar, Bustamante explica, que “generalmente, estamos poniendo adjetivos calificativos a las cosas, a las personas y a las situaciones: esto es difícil, es fácil, es bueno, es malo… lo que llena la mente de ruidos innecesarios”. Estando en mindfulness esto se evita y por lo mismo el mundo, las personas y las diversas situaciones dejan de ser amenazantes.

En concreto; por ejemplo, si se tiene una pelea con un hijo, con la señora, con el marido, y se tiene rabia no es necesario acompañarlo de adjetivos tales como: es que es tan enojón, maniático, mañoso, difícil…., ni menos hay que cultivar ese pensamiento. “Mindfulness permite tener la emoción, en este caso la rabia, pero cada vez que piensas en ella, enseña a tener la capacidad de dejarla pasar y volver a lo que se está haciendo”, explica Bárbara Porter.

La experta añade que esto se logra con una serie de ejercicios prácticos, entre ellos, por ejemplo, aprender a tener conciencia de la respiración. “Es increíble cómo desaparecen las emociones intensas y desmedidas y se favorece la acción mesurada y efectiva”, concluye Porter. Esta es una capacidad que requiere por sobre todo mucha voluntad, pero hay que tener en cuenta que es absolutamente posible para todos.

¿Cómo hacerlo?

Para aprender mindfulness, necesariamente se requiere de la enseñanza de los ejercicios adecuados, de práctica y mucha constancia. “Hemos pasado 20, 30, 40 o los años que se tengan, acostumbrados a llenar la mente de pensamientos que suelen viajar al pasado, al futuro y a resolver los infinitos problemas. Si bien eso es necesario, también hay que entrenar a la mente para que pueda focalizarse en lo que está y punto: Si estás jugando con tu hijo, estás jugando con tu hijo; si está conversando con alguien, está conversando con alguien”, insiste Bárbara Porter.

El ideal es participar de un taller y luego ser constante en la realización de los ejercicios, cuyo principal fin, es a través de la respiración y la conciencia del cuerpo, volver al presente. Hay ejercicios específicos, para los cuales se debe destinar un rato en el día y también hay ejercicios para practicar mientras se hacen acciones cotidianas como comer, conversar o jugar.

Mindfulness, aunque incluye muchos tipos de meditación, no es una práctica que tenga como objetivo la relajación, la paz, la mente en blanco. No es entonces, un modo de escapar de la realidad como podría pensarse. Al contrario, su objetivo es permitir ver la realidad como es. Después de los talleres y con la práctica necesaria, mindfulness se transforma naturalmente en un estilo de vida.

Hay lugares especializados donde se realizan talleres aptos para todo tipo de público: jóvenes, tercera edad, ejecutivos, estudiantes, mujeres, hombres, de cualquier profesión… También se puede conocer mucho por internet donde es posible acceder a videos de personas capacitadas que guían los ejercicios.

Para más información www.institutomindfulness.cl

ESTAR MINDFULNESS, REQUIERE DOS TIPOS DE HABILIDADES:

› Las “habilidades qué”, se refieren a lo que hay que hacer para focalizarse:

● Observar: prestar atención consciente a nuestro alrededor.
● Describir: poner palabras a la sensación que percibimos.
● Participar: estar realmente en el presente, en lo que se está haciendo.

› Las “habilidades cómo” son para mantenerse en mindfulness:

● No juzgar.
● Estar focalizado: hacer una cosa a la vez.
● Ser eficaz: hacer cosas que funcionen y tengan un buen resultado.

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