01 agosto 2012
Divorcio y separación: carga para padres europeos

En Italia, las beneficencias dicen que un creciente número de quienes usan los comedores y dormitorios comunitarios de iglesias y otros organismos son padres separados

Una nueva clase de personas siente claramente el dolor de la crisis económica europea: hombres separados y divorciados que terminan empobrecidos o en las calles, mientras batallan para mantenerse y estar al día con los pagos de la pensión alimenticia.

No es fácil precisar la cantidad de padres que tienen esas dificultades; y, aunque puede no ser extremadamente grande, está aumentando, según investigadores, estadísticas gubernamentales y anécdotas de trabajadores sociales, particularmente en la muy duramente golpeada parte sur de Europa.

En Italia, donde es posible que sea más agudo el fenómeno, refleja una tremenda combinación de fuerzas a medida que la crisis económica, que ya lleva cuatro años, se topa con el desgaste constante de la red de seguridad social y la implosión en cámara lenta de la familia italiana.

Para algunos padres separados, la carga se ha vuelto insoportable porque son desempleados o no pueden llegar a fin de mes mientras sus hijos, quienes también enfrentan perspectivas económicas desalentadoras, siguen dependiendo del apoyo familiar hasta la adultez.

 

 

 

“El apoyo que las familias italianas solían proporcionar”, que, esencialmente, sustituyó al Estado de bienestar, “ya no es algo que se puede dar por sentado”, dijo Alberto Bruno, el comisionado provincial de la Cruz Roja Italiana en Milán. Sus voluntarios, dijo, se han topado con hombres que viven en automóviles, hasta en el Aeropuerto Linate de Milán, “confundiéndose con los pasajeros, vestidos de traje”.

Un voluntario, Gianni Villa, de 25 años, quien lleva alimentos, ropa y cobijas una vez a la semana a las crecientes legiones de indigentes de Milán, dijo que le sorprendió el cambio que ha visto. “Antes, hombres que vivían en las calles eran vagos, gente desorientada o drogadictos”, notó. “Hoy día, encuentras a personas ahí por la crisis económica o porque tienen problemas personales. No te dicen que son padres”, dijo, “porque no quieren que sepan sus familias”.

Franco, de 56 años, quien no quiso usar su nombre completo para evitar la vergüenza de que su esposa y sus dos hijas se enteraran de sus problemas, salió de su Puglia natal en abril, después de que quebró su negocio. Dijo que viajó a Milán en busca de empleo, en parte para seguir pagando la pensión alimenticia a su esposa durante 34 años, de quien se está divorciando. La pareja se separó hace como un año y medio.

“En Puglia, vivía día a día, pero no podía seguir así por siempre”, señaló, y agregó que todavía mantiene a sus hijas, mismas que tienen veintitantos años, pero están desempleadas. Sin ningún lugar donde quedarse en Milán a partir de abril, Franco dijo que fue “muy afortunado” al conocer a un hombre en McDonald’s que le dio una cobija y le enseñó “a cómo vivir en las calles”. No pasó mucho tiempo para que durmiera en una caja bajo el pórtico frente a la bolsa de valores de Milán.

Las separaciones y los divorcios han aumentado sistemáticamente en este país tradicionalmente católico romano desde la legalización del divorcio en 1970. En 1995, 158 de cada mil matrimonios terminaban en separación y 80 de cada mil, en divorcio. En 2009, el último año para el cual hay estadísticas disponibles, las cantidades llegaron a 297 separaciones y 181 divorcios por cada mil, según Istat, el organismo nacional de estadísticas.

 

Aunque una ley de 2006 hizo que la custodia conjunta fuera la norma cuando los padres se separaran, los juzgados italianos siguen haciendo que las madres sean las principales cuidadoras, mientras que los padres llevan la carga financiera de la separación.

Los críticos dicen que la ley, como se aplica, favorece a las mujeres, cuya participación en la fuerza laboral ha aumentado continuamente hasta llegar a 46.5%, según Istat. No obstante, más de la mitad de las mujeres que están separadas también ven un descenso en su situación económica, de acuerdo con Istat.

Padres solteros utilizan refugios
En Italia, las beneficencias dicen que un creciente número de quienes usan los comedores y dormitorios comunitarios de iglesias y otros organismos son padres separados.

El reverendo Clemente Moriggi, quien supervisa la beneficencia católica milanesa Hermanos de San Francisco de Asís, dijo que en el último año, padres separados de 28 a 60 años ocuparon 80 de las 700 camas en los dormitorios de la fundación, en los cuales no se alberga a niños. Esa es más del doble de la cantidad de apenas hace unos cuantos años.

“Estos hombres ganaban salarios promedio que sólo les dejaron lágrimas que derramar una vez que pagaron la pensión y la hipoteca”, dijo Moriggi. “Son personas que vienen a nosotros. Pero no es una situación en la que pueda prosperar la vida familiar. Les avergüenza ver a sus hijos en estas estructuras, y eso los hace sufrir. Y hace que sufran las relaciones”.

En las ciudades grandes, como Milán, Roma y Turín, los gobernantes locales se están volviendo cada vez más conscientes de la crisis. Hace dos años, legisladores del gobierno provincial de Milán inauguraron un proyecto de vivienda para padres separados en el Oblate Missionary College en Rho, justo en las afueras de la ciudad.
Los hombres ocupan 15 habitaciones en una casa de huéspedes del siglo XVI recién restaurada que también atiende a turistas y peregrinos. El alojamiento es austero, pero la ubicación exquisita, en un parque, es acogedora para las visitas de los hijos. Cada mes, los huéspedes pagan 200 euros, o cerca de 250 dólares, por el alojamiento y la asistencia de psicólogos y trabajadores sociales, y el gobierno provincial paga el doble de eso como un subsidio.
Fuente: el nuevo diario.com

 

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