Escrito por Luz Edwards / ledwards@hacerfamilia.net / Nº 191 /  10 octubre 2012
Al jugar no existe el déficit atencional

Cuando uno está entretenido, pasándolo bien, no se desconcentra. Por otro lado, jugando se aprenden capacidades fundamentales para aprendizajes posteriores, sin que implique ningún esfuerzo. Así lo explica el psicólogo Ricardo Rosas, docente e investigador de la UC.

En un estudio se tomó niños normales y niños diagnosticados con déficit atencional, todos entre 7 y 10 años. Una de las conclusiones fue que los niños con déficit atencional no tienen problemas de atención cuando se les enseña a través de juegos. Hallazgos como éste son los que motivan al psicólogo Ricardo Rosas, quien es director del Cedeti, Centro de Desarrollo de Tecnologías de la Inclusión.

– ¿Por qué a los niños con déficit atencional les cuesta aprender de la manera tradicional?
– La situación escolar es bien poco natural, por eso para muchos niños es muy difícil estar tranquilos largo rato. Se aburren y las distracciones parecen más entretenidas que leer o escuchar al profesor. Esto sucede porque hay una parte del desarrollo del sistema nervioso que permite que las personas se autocontrolen, se autorregulen, y eso no ocurre siempre a la misma edad. Lo más común es que sea a los 6 años.

– ¿Es difícil concentrarse en algo que a uno no le interesa?
– Es muy difícil. A muchos niños les cuesta concentrarse en clases y no se trata de una enfermedad. Por eso el tema importante es cómo aprenden todos los niños y las personas en general, no sólo los niños con déficit atencional. Las personas siempre, por definición, aprenden en contextos en los cuales están motivados. Por algo toda la gente aprende lo que le gusta. Y hay muy pocas cosas que nos gustan a todos y una de esas es jugar. Por eso la relación entre juego y aprendizaje es central.

– ¿Cómo funciona el juego en los niños pequeños?
– La edad de los 2 a los 7 años los psicólogos la llaman la edad del juego. Ahí prácticamente todo lo que aprenden es mediante el juego. Por ejemplo, para los niños chicos la palabra es exactamente la cosa, por eso les parece muy raro que una misma palabra se use para nombrar dos cosas distintas. Pero en un momento aprenden a separar la palabra de la cosa y eso lo hacen jugando, sin darse cuenta. Imaginemos a un niño de 3 años que va al campo, anda a caballo, vuelve a su departamento chico en Santiago, quiere andar a caballo, pero no hay. Entonces, este niño toma la escoba y la convierte en caballo. Es muy interesante esto de transformar la escoba en caballo porque, de esta manera, la palabra escoba ya no está pegada a la escoba y la palabra caballo tampoco está pegada al caballo.

– ¿Ocurre por una necesidad de recrear momentos entretenidos?
– Justamente, es para recrear situaciones irrealizables que le gustan. Por ejemplo, en la caleta de Horcón sacan los botes del agua tirándolos con caballos. Mi hija mayor tenía dos años y medio la primera vez que vio eso y le fascinó. Al día siguiente en la piscina plástica de la casa la vi meter una piedra al agua y se desconcertó absolutamente cuando se hundió. Metió otra piedra, que también se hundió. Sacó la piedra y la puso suavecito. Por supuesto, igual se hundió. Fue corriendo a su pieza y volvió con objetos y los fue tirando al agua hasta que uno flotó. Cuando flotó, lo sacó, igual que los caballos al bote. Estaba jugando a eso. Y así, sola, aprendió que algunas cosas flotan y otras no.

“Las personas siempre, por definición, aprenden en contextos en los cuales están motivados. Por algo toda la gente aprende lo que le gusta. Y hay muy pocas cosas que nos gustan a todos y una de esas pocas cosas es jugar”.

– ¿El colegio debiera tomar más en cuenta esta forma de aprendizaje?
– El preescolar está organizado de esta manera, en base a juegos. Y los niños lo pasan muy bien, es muy raro que un niño lo pase mal. Por alguna razón que desconozco el mundo escolar transforma absolutamente esa dinámica, salvo pocos colegios, y con eso algunos niños quedan absolutamente descolocados. En mi opinión, muchos supuestos casos de déficit atencional son un subproducto del sistema escolar.

– ¿Y se pueden enseñar cosas complejas a través de juegos?
– Más aún. El juego permite que los niños comprendan cosas que con una explicación verbal son muy complejas de entender. Por ejemplo, las divisiones, que son un problema duro para los niños, pueden ser muy simples a través de un juego. En el iPad encontramos uno que se llama Slice It donde te entregan una figura y tienes que dividirla en un número de partes determinado y de tamaño parecido. Lo evaluamos y vimos que niños que no tienen idea de dividir lo pasan increíble porque no los están evaluando, entonces aprenden sin darse cuenta.
Tengo otro ejemplo con mi hija. Ella tenía 4 años y me veía jugar ajedrez. Me pedía que le enseñara y yo no le podía explicar porque a esa edad no se tiene el sistema cognitivo para evaluar esa complejidad. Pero insistía, entonces tuve que encontrar una manera. Dibujamos una matriz de 10 por 10 con tiza en el pasaje.En el fondo, un tablero de ajedrez. Invitamos a los niños de la cuadra a jugar a un pillarse novedoso. En ese pillarse cada uno tenía una polera de color distinto y debía moverse logrando que el resto no lo comiera. Lo pasamos fantástico. Así jugó harto tiempo, y después mi hija me vio de nuevo en el ajedrez y me dijo “Papá, esto es igual al pillarse”. Ahí aprendió rapidísimo a jugar. Antes de los 5 años era ajedrecista.

– ¿El juego entrega un pre aprendizaje?
– El juego te permite automatizar cosas necesarias para un aprendizaje antes de aprenderlas realmente. Es decir, te hace incorporar una capacidad. Eso es lo que pasó con el ajedrez, que es un aprendizaje que requiere conocer los movimientos de manera automática, no pensar cada vez. Eso, ella lo aprendió jugando; entonces después podía entender la lógica que hay detrás. Es como en Karate Kid donde el niño le pide al maestro que le enseñe artes marciales y él lo manda a pintar una reja, a limpiar vidrios, cosas así. Sólo iba corrigiéndole los movimientos. De esta manera se aprende mucho mejor. El niño juega, lo pasa bien y está aprendiendo algo sin verlo. Si con un juego ya sabes dividir, aunque no lo sepas, cuando te enseñan a dividir, ya sabes hacerlo.

– ¿Qué los niños estén hoy rodeados de estímulos hace más difícil que tomen atención en una clase expositiva?
– No necesariamente. Hay profesores que no necesitan ni un powerpoint ni un computador para hacer la clase, porque son geniales. Lo que ellos hacen es seducir a los niños y eso es una cuestión profundamente afectiva, igual que el juego. Esa seducción normalmente tiene que ver con el sentido del humor, con que son cercanos o se ponen en el lugar de los alumnos. Entonces yo me atrevería a decir que la atención tiene que ver con el contexto. Por ejemplo, hay unas conferencias en internet que se llaman TED, en Ted.com, y mis alumnos, que son jóvenes muy al tanto de la tecnología, son fanáticos de ellas. Las TED son charlas de expertos que además de saber mucho, exponen las cosas de manera muy atractiva. Ese tipo de exposición nunca va a quedar obsoleta.

– ¿Entonces qué es el juego?
– Es el motor del aprendizaje. El juego es afecto, es pura emoción positiva. Es hacer algo por espíritu de alegría, como dice una antigua definición. El juego dura mientras dure el placer de jugarlo. Ni un minuto más ni uno menos. De esta manera muchas cosas pueden ser un juego, sólo tiene que gustarte y ser gratuito. Por eso hay que decirles a los padres que les respeten a los hijos las cosas que a ellos les gusta hacer, porque ésa es la manera cómo una persona abre la mente, despliega todas sus capacidades y descubre lo que le gusta y cuáles son sus pasiones. Aunque parezca que no, en una actividad con esas características siempre se está aprendiendo. Se sabe, por ejemplo, que los alumnos que tienen actividades extraescolares que los motivan -no los que van obligados- mejoran sus notas. HF

¿Qué es el Cedeti?
El Centro de Desarrollo de Tecnologías de la Inclusión funciona al al alero de la Universidad Católica. Está orientado a desarrollar y promover herramientas de carácter tecnológico que puedan ayudar a personas con discapacidad, tanto en situaciones de carácter educativo como en la ampliación de su autonomía en la vida cotidiana. Por ejemplo, han desarrollado el software Cantaletras que apoya la enseñanza de la lectura y escritura de niños ciegos y ahora están diseñando tests de inteligencia donde se miden capacidades de forma indirecta a través de juegos.
> Informaciones en www.cedeti.cl

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