16 October 2012
¿Copiando? ¿Yo?… Y qué tanto

Sin culpa ni pudor (a diferencia de antes). Los estudiantes saben perfectamente cuándo están plagiando de internet, pero lo practican igual por apuro o porque “todos lo hacen”. ¿Para qué reinventar lo que ya está inventado?, dicen.

Un profesor de Periodismo recuerda que una vez sorprendió a una alumna con un trabajo copiado de internet. Después de plantarle un 1.0 y pasarla a la comisión que la sancionó, el papá se apareció por la universidad. “A mi hija todavía no le pasan ética”, lanzó el apoderado, a modo de justificación.

Otro profesor de Ingeniería cuenta que mandó un trabajo de investigación a los 50 alumnos de su clase. Cuando se empezaron a repetir términos como “los costes”, en vez de “los costos”, o “los ordenadores”, en vez de “los computadores”, sospechó. Así fue descubriendo que había trabajos plagiados de internet. ¿Cuántos? 50. Dio una segunda oportunidad: llegaron 25 copiados.

La excusa que utilizaron los que plagiaron por tercera vez le quedó grabada: “Usted no dijo que no se podía copiar desde internet”. Como si lo que está en la web fuera de libre disposición. La excusa es infantil. La copia y el plagio también. Y ha sido siempre así. Hace 50 años, hace 30 y hoy. Pero la manera de enfrentar y justificar la trampa ha cambiado mucho. Demasiado, para la mayor parte de los profesores que se enfrentan a este “recurso” día a día.

Si antes, al ser sorprendido en delito flagrante lo que venía era la vergüenza, la culpa o al menos la incomodidad del transgresor (dependiendo de lo asiduo que fuera a la “técnica”), hoy se ha perdido el pudor, y más que reconocer la falta, se justifica -con desparpajo- que “internet está ahí para eso”, cuando se trata de plagio, y que “es trabajo colaborativo”, cuando se trata de copia, y “todos lo hacen”, que sirve para los dos casos. Así, en estos días la ecuación del “buscar+copiar+pegar” se hace casi sin disimulo.

Maricarmen Casanova, profesora hace 22 años de un colegio de la comuna de Santiago, cuenta que cuando apareció internet el plagio comenzó a hacerse más evidente que cuando copiaban de un libro.

“A los profesores nos costó mucho hacerles entender a los alumnos de qué se trataba. Y ahora ellos no asumen que un trabajo se trata de investigar suficiente información para crear un texto propio”, dice. Eso queda en evidencia cuando son sorprendidos con un trabajo plagiado: “Te dicen ‘pero qué tiene’. Antes se asumía que estaba mal, pero ahora lo hacen igual. Es como que no les importaran las consecuencias”.

Veamos el contexto: estamos en los tiempos en que la principal fuente de búsqueda de información (así lo dicen los estudios) para “elaborar” un trabajo o “investigar” sobre un tema para el colegio o la universidad es Google, y donde el intercambio de archivos personales, mails o fotos deja en evidencia que los límites a la intimidad personal son difusos.

Entonces, la idea de que el conocimiento tiene un dueño o un autor intelectual parece anticuada. Esto se suma a una racionalización de la necesidad de sacar adelante las tareas, ojalá de manera rápida y fácil.

“Hay un montón de presión por obtener buenas notas y competir por premios y becas. Por eso, para algunos estudiantes esta es motivación suficiente (racionalizada) para hacer trampa. Los profesores tienen que construir entornos basados en el dominio de superación, en lugar de rendimiento”, complementa a La Tercera Kenneth Kiewra, profesor de Psicología de la Educación de la Universidad de Nebraska-Lincoln y coautor del estudio Cheating in Academic Institutions: A Decade of Research.

Entre el ”qué tanto” y el mea culpa
La pregunta que sigue es si los alumnos saben que están haciendo trampa. Una encuesta del Departamento de Ingeniería Industrial de la U. de Chile entregó la respuesta.

¿Es copia o plagio buscar información desde internet, desde un libro o una revista y usar esta información en un trabajo sin cambiar el contenido y sin citar desde donde se sacó la información? De 2.031 alumnos de enseñanza media de las regiones Metropolitana y Valparaíso, y 1.126 universitarios de la RM, el 82% de los escolares y el 94% de los universitarios respondieron que sí. Según la misma encuesta, el 55% de los estudiantes y el 42% de los universitarios de media declara haber copiado y pegado información desde internet sin citar la fuente.

“En la mayoría de los casos, saben lo que es hacer trampa, pero lo hacen de todos modos”, insiste Kiewra. Donald McCabe, de la Universidad de Rutgers y coautor del mismo estudio, explica a La Tercera que los estudiantes sienten que pueden utilizar internet como un recurso válido porque es lo que se imaginan haciendo en el mundo ‘real’. “No ven ninguna ventaja en ‘reinventar’ la información que ya se encuentra disponible”, dice.

¿Perdieron la valoración de lo auténtico? No. “Los jóvenes tienen internalizado el valor de crear cosas nuevas y son lo más creativo que hay”, asegura Raúl Zarzuri, sociólogo del Centro de Estudios Socioculturales.

El punto es que, respecto del conocimiento y particularmente de algunas áreas, la fuerza de la repetición -esa que antes se ejercitaba cuando había tarea sobre Prat y todos terminaban recurriendo al mismo libro y traspasando la información al cuaderno- que les ha sido inculcada en la educación básica y media es demasiado fuerte.

“Nos hemos acostumbrado a repetir información. Esa es la enseñanza que deja la escuela, la cual de algún modo se lleva a la universidad. Es muy difícil cambiar un tipo de socialización que ha internalizado este modelo por 12 años”, dice.

Y ese modelo se repite en la universidad. Cuando iba en segundo año de Ingeniería, Matías Rodríguez (nombre cambiado) debía investigar sobre la economía de Brasil. Era segunda vez que hacía el ramo y la presión era grande.

Y, claro, encontró la manera de evadir esa presión: “Me dediqué a buscar trabajos que se parecieran a lo que me pidió el profe y lo encontré en www.rincondelvago.com. Agregué harto de Wikipedia, redacté la introducción y conclusión. Este método me ha salvado en varios trabajos”, cuenta.

Aunque esa vez lo pillaron. El profesor lo llamó delante de sus compañeros y lo sacó de la sala. “Sentí mucha adrenalina cuando tuve que negarle y jurarle algo que en verdad sí lo había hecho… Y el profe me creyó. Reconozco que esa vez sentí miedo y quizás me lo cuestioné un poco, pero para el segundo trabajo ya no me acordaba de lo que había pasado”, dice Matías.

Según la encuesta, el 42% de los universitarios justifica el copy/paste porque les permite ahorrar tiempo, el 11% porque nunca creyó que era un problema y 12%, porque cree que al profesor no le importa.

Otra justificación que se repite es que “todos lo hacen”. “Nadie escribe un trabajo completo. Eso requiere tiempo y nadie hace los trabajos con tiempo, a última hora estamos todos conectados mandándonos los sitios que encontramos, pegando y copiando para no dormirse tan tarde. Pienso que en internet hay tanto donde buscar que cómo voy a tener tan mala suerte que me pillen… y a veces igual reordeno párrafos o les cambio palabras por sinónimos”.

Juan D. Velásquez, profesor de Ingeniería Industrial de la U. de Chile y cabeza de un equipo que desarrolló Docode, un detector de plagio que ya utiliza en varios colegios y universidades, dice que en enseñanza media el 100% de la copia es textual: copy/paste.

En la universidad, en tanto, hay algo de “elaboración”: el 60% es textual y el 40% restante realiza un proceso de “refinamiento” intentando no ser sorprendidos, es decir, usando sinónimos, copiando un párrafo intercalando las ideas, cambiando de posición los párrafos o, incluso, poniendo una foto o un pdf de un texto para que no sea posible verificarlo.

“A los alumnos no se les está enseñando desde las bases cómo se construye un informe original ni se les está explicando que copiar de internet es lo mismo que copiar de un libro… solo que es más fácil”, concluye Velásquez.
Fuente: La Tercera

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