16 octubre 2012
Nuevas prioridades a la hora de educar

El coraje, la curiosidad y el optimismo llevan a los niños por el camino del éxito. Un futuro marcado por los reconocimientos y buenos resultados está más ligado al área emocional que a las habilidades con las letras y los números.

No es un regalo. No tiene que ver con la genética, ni menos con el azar. El carácter de un niño y la serie de habilidades no cognitivas que lo conforman es algo que los padres pueden potenciar en sus hijos desde temprana edad. Y de esta manera, llevarlos por el camino del éxito. Esta es la teoría que plantea Paul Tough en el libro How Children Succeed (Cómo los niños son exitosos), publicado recientemente en Estados Unidos.

“Hemos cometido un error durante las últimas décadas, definiendo el éxito de los niños en términos de coeficiente intelectual, de puntajes en pruebas y habilidades cognitivas. Sin embargo, se está descubriendo que otras cualidades como la perseverancia, el coraje, la curiosidad, el optimismo y el autocontrol son indicadores del desempeño que los niños tendrán a largo plazo”, cuenta a “El Mercurio” el autor, periodista y ex editor de “The New York Times Magazine”.

Y aunque su investigación -que involucra a especialistas en el área de la neurociencia, psicólogos y economistas- se desarrolló en EE.UU., el panorama en Chile no es muy distinto. “Estamos en una sociedad donde los logros cognitivos están sobrevalorados y los aprendizajes sociales y de convivencia están en segundo lugar”, comenta Paz Valenzuela, psicóloga y académica de la Universidad Diego Portales.

La especialista ha visto llegar niños estresados a su consulta porque no cumplen con los parámetros que se les exigen en el colegio. “Son prioridades que estamos teniendo como país acercándose al desarrollo, y en cierta forma a los niños también se les está pidiendo eso”, dice Valenzuela.

Por su parte, Verónica Garcés, directora de la Escuela de Psicopedagogía de la Universidad Andrés Bello, cuenta que estas habilidades más ligadas a lo emocional son innatas. “El problema es que cuando los niños llegan a primero básico, éstas no se potencian. El contenido no es motivante y no les dan ganas de ser más curiosos”.

Lidiar con el fracaso
Si bien los rasgos del carácter que señala Paul Tough se van desarrollando a lo largo del tiempo, éste enfatiza que es durante los tres primeros años de vida cuando las áreas del cerebro que los controlan son más maleables, lo que facilita su aprendizaje.

Es en esa etapa cuando los padres deben estar más apegados a sus hijos, entregándoles el cariño necesario para generar autoconfianza, pero con los límites correspondientes. Práctica que Tough vivió en primera persona, ya que al empezar su investigación se convirtió en padre por primera vez.

Pero más adelante, desde la preadolescencia, el estadounidense explica que la intervención de los papás debe retroceder y que éstos deben darles más independencia a sus hijos. “Hay que dejarlos sobrellevar por sí solos las decepciones y adversidades. Es natural que queramos protegerlos ante cualquier problema, pero en realidad al hacerlo también podemos perjudicarlos”, advierte el experto.

“El niño que fracasa, pero que está motivado, se va a levantar y va a seguir tratando de aprender. Se puede aprender de los errores, y la equivocación no debiera ser tan sancionada como es ahora”, complementa Garcés.

Según Tough, al enfrentar y solucionar sus propios problemas, los niños van formando su carácter. “Y el carácter, más que el coeficiente intelectual, es lo que conduce al éxito real y duradero; es decir, a una vida productiva, enriquecedora y feliz”.

“Antes veía la infancia como una carrera: mientras antes el niño desarrollaba habilidades, mejor le iba en las pruebas y en la vida en general”. Paul Tough, autor del libro “How children suceed”
Fuente: El Mercurio

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