Escrito por Luz Edwards / Nº 194 /  28 November 2012
“La infertilidad se puede prevenir”

María Luisa di Pietro. ¿Quién es? Italiana; casada y con dos hijas. Es médico endocrinólogo, médico legal y experta en bioética. Integra el Comité Nacional de Bioética de su país y es profesora en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Università Cattolica del Sacro Cuore.

La imposibilidad de tener un hijo muchas veces no es un tema de azar, sino consecuencia de situaciones evitables como enfermedades de transmisión sexual, contaminación ambiental o la falta de una vacuna. así lo explica la doctora María Luisa di Pietro, en cuyo país, Italia, la salud pública no da abasto ante la demanda por tratamientos de fertilización asistida.

De acuerdo a los datos de María Luisa di Pietro, la incidencia de esterilidad en los países occidentales es de alrededor de un 15%. En el 40% de los casos la causa es masculina, en 20 a 30% la causa es femenina y 30 a 40% de las veces, una coexistencia de causas masculinas y femeninas.

Explica que puede haber cifras diferentes a éstas porque no es un problema fácil de medir: requeriría no sólo contar a todas las parejas que viven en la zona objeto de estudio, sino también evaluar su deseo de tener o no un embarazo. Por otro lado, varían las interpretaciones. Algunos sostienen que no es que la incidencia de la esterilidad haya aumentado de manera absoluta, sino que ha mejorado la capacidad de diagnóstico en los últimos años.

También que el número creció al incluir en la categoría de esterilidad la subfertilidad, es decir, la infertilidad temporal o modificable provocada por factores culturales, sociales y ambientales que influyen en la vida reproductiva.

Estos factores son los que interesan a la médico italiana María Luisa di Pietro. Porque para ella la salud no se refiere sólo a la dimensión clínica y psicológica, como propone la Organización Mundial de la Salud, sino que tiene una dimensión ética. “Promover la salud no significa sólo informar, sino incentivar que las personas no hagan cosas que vayan en contra de su salud y que tomen opciones que la favorezcan. En eso radica la ética, en que la persona elija actuar de esa manera preventiva de riesgos”, explica di Pietro. En su opinión, una de las áreas donde hay mucho que hacer es la infertilidad, pues dentro de los factores de riesgo, varios son consecuencia de los comportamientos de la persona y de decisiones de la sociedad. Es decir, se puede prevenir mediante un cambio de conducta.

¿Cuál sería un ejemplo de conductas que influyen en la esterilidad?
– El primer factor de riesgo es la edad de la mujer. Una mujer tiene la máxima posibilidad de tener un niño a los 24 años. Pero hoy, al menos en Italia, los matrimonios se dan entre los 30 y 35 años y la búsqueda del embarazo la aplazan hasta los 35 ó 40. Esto se debe, en parte, a que a los jóvenes les cuesta encontrar trabajo y pagar un lugar donde vivir, y así no es posible tener un bebé. Entonces, no es sólo un problema de la persona, sino de la sociedad, del gobierno, que tiene que ayudar a los matrimonios jóvenes a realizar este deseo de paternidad y maternidad.

¿Y qué conductas personales pueden influir?
– Por ejemplo, el incremento de las enfermedades de transmisión sexual, que muchas veces son consecuencia de relaciones sexuales precoces o de una vida sexual promiscua. También la utilización de contraceptivos, sobre todo los antiimplantorios, como la píldora del día después y el DIU -el dispositivo intrauterino- por su acción en el endometrio. Otro factor, sobre todo en los hombres, es el consumo de cigarro, de drogas y alcohol. En ellos también afecta la contaminación ambiental, que es responsabilidad tanto de la persona como de la sociedad.

¿Qué hacer cuando un matrimonio no logra un embarazo?
Lo primero, es un buen diagnóstico, cosa que muchas veces no ocurre. Ante el malestar del matrimonio, a veces los médicos parten ofreciendo la fecundación artificial, que no es un tratamiento, porque no cura nada, sólo sustituye la capacidad generativa de vida de la pareja. Además, la fecundación artificial es una técnica que no respeta la dignidad del ser humano, porque implica manipular el embrión y no da a todos los embriones fecundados la posibilidad de vivir.

¿Con un buen diagnóstico se podría lograr un embarazo sin recurrir a lo artificial?
– Claro, porque puede ser que haya un problema de base que no permite la fertilidad y que, solucionándolo, la pareja puede tener un hijo. Por ejemplo, si hay un problema hormonal de la mujer, se da un tratamiento; si hay una enfermedad de transmisión sexual, se le da una cura. Lo mismo si se descubre que el impedimento es psicológico. Otras veces es necesario hacer una cirugía para acabar con un factor de esterilidad como el varicocele, que genera temperatura alta en los testículos y puede dañar los espermatozoides. Y también puede que haya sólo que esperar o tal vez abrirse a la posibilidad de la adopción, que es una manera de fertilidad que no se considera.

¿Cómo evitar el desgaste que trae la búsqueda de un hijo?
– Muchas veces este deseo del hijo, que no se puede satisfacer, se convierte en un problema grande. Por eso, junto a la consulta médica, clínica, es necesaria una consulta psicológica y también una consulta ética. Porque las parejas muchas veces no conocen cuáles son las técnicas y las consecuencias médicas y éticas de las soluciones que se les plantean.

¿No entienden bien lo que sucede o el problema que existe?
– Las parejas tienen que saber que se puede tener una situación de incapacidad para dar a luz porque, por ejemplo, ninguno de los dos es fértil al 100% entonces se hace más difícil. Hay un tema, además, con los conceptos, porque la definición de fertilidad y de esterilidad no es siempre la misma. Por ejemplo, en la literatura internacional, la esterilidad es la dificultad de una fecundación, para concebir. Infertilidad es la dificultad de concluir un embarazo. Puede concebir, pero el embarazo no se concluye, no llega a vida autónoma. Pero en otras definiciones la infertilidad es la incapacidad de concebir. A veces el paciente no entiende. Hoy se habla mucho de consentimiento informado, pero el verdadero problema es la información. Muchas veces la gente no entiende nada o algunas veces los médicos lo hacen con voluntad de no hacer entender nada.

¿Es la labor del médico informar?
– Él debe contar las posibilidades que existen y hablar de la opción que él cree mejor. Pero la pareja tiene que saber que esa elección no es un problema del médico, sino de ellos y para elegir deben saber lo que están decidiendo, porque en el sentido ético, no todas las opciones son la misma cosa. Yo puedo encontrar un médico que me dice que la fecundación artificial no está bien, pero otro puede tener un centro de fecundación artificial. Las parejas tienen que saber esto y el médico debe comenzar por un diagnóstico bien hecho. Eso es lo deontológicamente correcto, lo que exige la ética profesional del médico.

Lo mismo debiera pasar cuando de pregunta por métodos de control de natalidad…
– Claro, pasa con los métodos naturales. Muchos médicos no los conocen y por eso no hablan de ellos. Y hay otro problema, que es el tiempo. Para aprender un método natural es necesario tiempo y una relación de pareja que, muchas veces, sólo se encuentra en el matrimonio. En cambio para las pastillas anticonceptivas sólo es necesario el tiempo para escribir la receta.

¿En Europa la infertilidad es un tema de salud pública?
– Sí, es un problema de salud individual, pero también de salud pública. Por una parte, porque involucra mucha gente y porque es un problema económico. En Italia hay una ley que dice que el dinero estatal debe financiar la fecundación artificial y, como en casi todos los países, los recursos para la salud no son muchos. Por eso nació la necesidad de pensar si puede prevenirse el problema, lo cual no requiere recursos económicos, aunque sí de recursos humanos, pedagógicos y éticos.

¿Eso porque la infertilidad no es una enfermedad?
– Es una incapacidad y genera mucho dolor, pero no es una verdadera enfermedad. No es una cuestión de vida o de muerte, como el cáncer o la necesidad de diálisis. La idea es que estén disponibles los tratamientos, pero que además se trabaje en prevenir; si no, no es justo.

¿Cómo sería la prevención?
– No es fácil. Cuando le dices a un joven que no haga tal cosa porque puede volverse estéril, el joven dice “a mí no me va a pasar”. Por eso es que no se puede trabajar sólo en una dimensión de información sanitaria. Por el momento, estamos trabajando en una investigación en varias universidades para conocer los estilos de vida de los estudiantes, cómo ellos se desarrollan en la vida universitaria y cómo eso puede influir en la salud y en la vida de la persona, específicamente en la fertilidad. La edad universitaria es muy importante. Todo lo que se hace contra la propia salud entre los 19 y los 25 años genera problemas en la edad adulta.

¿Se puede revertir eso que es consecuencia de un cambio cultural?
– Sería lento, pero es necesario tener en cuenta que la edad de máxima fertilidad de la mujer es a los 24 años. Tratar de adecuarse a esa edad, no suena algo descabellado.

¿Qué áreas contempla la investigación?
– Estamos trabajando sobre todo en la salud psíquica, relación con los compañeros, cómo enfrentan internet y otros medios. Después, trabajamos en estilos de vida, por ejemplo, en alimentación, utilización de alcohol, cigarro y drogas. Luego, todos los problemas de la espera reproductiva. Así a los chicos se les pregunta si han sido vacunadas en contra de papera, si tienen enfermedades sexuales. A las mujeres, por la vacuna de la rubeola y sarampión, por las enfermedades de transmisión sexual, si utilizan contraceptivos. Eso para entender la situación actual, pero también para hacer una proyección futura de esterilidad. Porque es una emergencia en Italia. Hoy los matrimonios se casan tarde y no están pudiendo tener esos dos o un hijo que pretendían tener.

PARA LA BIBLIOTECA FAMILIAR
María Luisa di Pietro vino a Chile a lanzar su libro “Bioética, educación y familia”, a través del cual intenta acercar la bioética a las personas y hacerla parte del proyecto educativo de una familia. Temas como el origen de la vida, el significado de la muerte, la relación entre ciencia y ética, las definiciones de salud y enfermedad, en qué consiste la calidad de vida, la educación de la sexualidad, la fecundación artificial y los trasplantes de órganos, entre otros, son abordados por di Pietro desde una perspectiva histórica, biológica, antropológica, legal y ética; y enfocada a motivar una reflexión profunda acerca de qué es lo mejor para el ser humano en cada caso.
“Bioética, educación y familia”. Ediciones UC, 2012 (www.edicionesuc.cl).
Dónde comprarlo: en librerías de la UC y en el Centro UC de la Familia. Valor: $5.500. HF

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