Escrito por Teresa Arnaboldi / Nº 195 /  28 November 2012
Lectura que desarrolla el cerebro

Leerles cuentos a los niños y usar metáforas y buenas descripciones, les activa ciertas regiones cerebrales en las cuales se encuentra la empatía, la memoria, la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión.

La palabra escrita que describe una aromática lavanda, un jabón con extracto de limón o una jugosa hamburguesa, activa muchas partes del cerebro y es por eso que se siente tan viva. Aquellas palabras que apelan a los sentido no sólo provocan respuestas de las áreas que procesan el lenguaje, sino que también de las que procesan los olores y sabores.

Una descripción de olores tan detallada como, por ejemplo, las que aparecen en el libro El Perfume, en que un hombre extrae los olores de las mujeres, o en El Vaso de Leche de Manuel Rojas en que un hombre describe lo que para él significa mojar un trozo de pan en una leche tibia luego de pasar días de ayuno; aviva los sentidos y logra que percibamos exactamente lo que sienten los protagonistas. Y esto no es casualidad, ya que recientemente se ha descubierto que las historias que evocan metáforas o descripciones detalladas, estimulan nuestro cerebro e incluso pueden cambiar la forma en que actuamos en la vida y ello es más patente aún en los niños.

CON BASE CIENTÍFICA

En un estudio publicado en la revista científica Neuroimagen, investigadores en España le pidieron a los participantes que leyeran palabras con aromas asociadas y otras neutrales. Cuando los sujetos observaron “perfume” y “café” su córtex cerebral se activó mientras que cuando leyeron palabras neutrales como “silla” o “llave” la región no presentó movimiento. El córtex cerebral es el manto de tejido nervioso que cubre la superficie de los hemisferios cerebrales, donde ocurre la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión.

También se descubrió que las palabras que describen movimientos estimulan regiones del cerebro distintas que las que procesan el lenguaje. En Francia se encontró que los cerebros de personas que fueron escaneados mientras leían oraciones como “Pablo chuteó la pelota” o “Juan agarró fuertemente el objeto”, revelaron actividad en la parte que coordina los movimientos y específicamente en la parte relacionada con brazos y piernas respectivamente.

El mismo estudio explica que el cerebro no hace mayor distinción entre leer sobre una experiencia o tener la experiencia en la vida real, ya que se estimulan las mismas regiones neurológicos. El escritor Keith Oakley, quien además es profesor emérito de Psicología de la Universidad de Toronto, afirma que leer produce una viva simulación de la realidad, y que la “ficción” que usa descripción de detalles, metáforas y de acciones, es una réplica especialmente rica porque incluso permite que los lectores entren completamente en los pensamientos y sentimientos de otra gente.

PALABRAS ILUMINADORAS

Mauricio Paredes es un ingeniero que escribe libros para niños y a raíz de todos estos descubrimientos se ha especializado en neurociencia, una disciplina que intenta explicar cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a las conductas.

Según el escritor, los estímulos de los libros, también están relacionados con las emociones y los recuerdos. “Cuando uno siente un olor, un montón de recuerdos aparecen y se activan ciertas zonas del cerebro. Si escucho a alguien leyendo en voz alta ocurre lo mismo, y si el libro está bien escrito y me trae el recuerdo de la canela puedo hasta sentir el olor. Va quedando instalado en el cerebro una memoria de recuerdos positivos y esto es esencial para el bienestar emocional y neurológico de una persona”, dice.

Y, es por esto, que leerle cuentos a los niños desde que son pequeños es fundamental. Según el escritor, la televisión era la nana del siglo XX, y en el siglo XXI son los tablets y smartphones. “Los papás, por comodidad o porque están cansados, dejan a los niños con estos elementos tecnológicos y olvidan que la lectura es sustancial para su desarrollo mental en lo cognitivo, emocional y afectivo”.

El padre puede lograr un gran apego con su hijo cuando le lee cuentos. “La lectura ofrece una oportunidad de crear complicidad lúdica, de juego. Por ejemplo, si se está leyendo La Caperucita Roja y el papá hace la voz del lobo feroz, esa complicidad en torno al libro será esencial en los niños ya que lo preparará posteriormente para la lectura en lo cognitivo y emocional”, dice.

Además, antes se pensaba que la memoria era una gran bodega donde se almacenan los recuerdos, sin embargo, ahora se sabe que esa bodega se construye según cómo se crean y organizan los estímulos. “Si a mí me leyeron cuentos cuando niño, me los mostraban o me ponían voces, eso queda guardado para siempre”, dice el escritor.

Paredes recuerda que cuando era muy pequeño, un profesor les leía en voz alta y ponía las voces de los personajes, como las brujas en los cuentos de Roald Dahl. “Ahora cuando leo a ese escritor, no puedo evitar escuchar la voz del profesor en mi mente. Me quedó muy positivamente marcada esa experiencia y en mi memoria quedó guardado ese recuerdo feliz”, explica.

El escritor afirma que al igual que su experiencia con los cuentos de Roald Dahl, las cosas que se aprenden con placer generan dopamina en el sistema límbico y se fijan mejor en la memoria. “Que te lean o leas un libro tiene que ser igual a comer chocolate, en el sentido de que debe dar placer”, comenta.

LECTURA SABIA

Los educadores y científicos concuerdan en que la lectura tiene distintas instancias: la primera es cuando se recibe el estímulo al leer. El cerebro, mediante las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, transforma las palabras en información y en conocimiento. Luego ese conocimiento, a través de la reflexión o introspección, se convierte en sabiduría. Mauricio Paredes agrega que el libro es un remanso para la vorágine de estímulos, ya que existe una sobredosis de información y la lectura permite procesar esa información de manera coherente. Hay una unidad, es lineal, y ofrece la oportunidad de reflexionar.

Esto es especialmente patente en los niños. “Hoy los niños están durmiendo poco e intranquilos, están acelerados porque permanecen muy cerca de las pantallas, en cambio en el libro cada uno regula la velocidad en que acontecen los sucesos. Uno se enfrenta a decisiones éticas, se toma partido por un personaje, y eso lleva a la reflexión profunda que permite generar contenidos propios”, expresa el escritor.

Y al tomar partido por los personajes, existe evidencia científica, de que al igual que el cerebro responde a descripciones de aroma, texturas y movimientos como si fueran reales; las interacciones con personajes de ficción se ven como si fueran encuentros de la vida real.

Esto es lo que descubrió Raymond Mar, psicólogo de la Universidad York en Canadá, quien en un estudio concluyó que existe conexión entre las redes cerebrales usadas para entender historias y las que se usan cuando se interactúa con otras personas. Específicamente cuando uno trata de figurar los pensamientos y sentimientos de los demás y que los individuos que frecuentemente leen ficción parecen ser más capaces de entender a las personas, empatizar con ellos y ver el mundo desde su perspectiva. La narrativa ofrece entonces una oportunidad única para desarrollar esta capacidad empática.

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(2) Comentarios de lectores

  1. Estimados
    quisiera felicitarlos por el reportaje de lectura para el desarrollo del cerebro
    Escrito por Teresa Arnaboldi / Nº 195 / 28 Noviembre 2012

    Haremos un curso para Fonoaudiólogos en noviembre de este año y queremos poner en la página web de promoción del curso su reportaje, con todos los créditos para la autora
    Traeremos 2 especialistas mexicanas que ocupan el cuento como herramienta terapéutica en niños con hipoacusia , con malformaciones craneofaciales y trastornos de habla y lenguaje.

    atenta a sus comentarios
    Mirta Palomares
    Fonoaudióloga
    Universidad de Chile

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