Escrito por Francisca Gálvez / Nº 192 /  07 November 2012
¿Se puede mejorar la ortografía?

La mala ortografía es un problema que ha aumentado entre los escolares de hoy. Aunque muchas veces se tiende a bajarle el perfil, lo cierto es que nuestra manera de escribir dice mucho sobre nosotros. Aquí una mirada sobre las causas y la magnitud de la situación, y lo más importante, una entretenida propuesta de solución.

La ortografía es una de esas “piedras de tope” para la mayoría de los niños en el colegio. Para muchos incluso, de adultos, sigue siendo un problema. Es que, por más que se intente disminuir su importancia, escribir mal desacredita. Porque, como hace ver la magíster en Psicopedagogía y profesora básica, Virginia Martínez: “La ortografía es nuestra carta de presentación”. Ya lo dijo hace treinta años el académico español, Fernando Lázaro Carreter: “La observancia de la ortografía es un síntoma de pulcritud mental, de hábitos intelectuales de exactitud”.

Sin embargo, hoy la sociedad, sobre todo los escolares, se han relajado en sus hábitos ortográficos, que son bastante menos que pulcros. Tanto así, que ciertos catedráticos de la lengua española han llegado a hablar de un “caos ortográfico” en el ámbito escolar. Y es que el enorme número de errores que los niños cometen cuando traducen gráficamente sus pensamientos; las continuas impropiedades en el uso del léxico; o la presencia de construcciones “aberrantes” desde un punto de vista gramatical, han dado pie a una profunda preocupación que ha llevado a investigaciones y a una revisión de los actuales métodos pedagógicos.

La Unesco realizó en 2008 un estudio sobre escritura en escolares, que abarcó normas ortográficas y caligráficas en 16 países de América Latina y el Caribe. Los resultados arrojaron que en Chile se comete, en promedio, un error ortográfico por cada diez palabras escritas, situándonos en peor posición que Cuba, Paraguay y Uruguay.

A nivel local, un reciente sondeo realizado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la U. de Chile y la Fundación Educacional Arauco -en escuelas de escasos recursos de la Región del Maule- proyectó que los errores ortográficos más comunes en los estudiantes básicos son la falta de acentos y el mal uso de grafías.

“La alfabetización no sólo tiene que ver con aprender a escribir y expresar las ideas, también tiene relación con un cuidado enfocado en el receptor, para que éste pueda entender en forma cabal las ideas y no se desconcentre con aspectos formales”, dice la lingüista Daniela Molina. Porque aunque las reglas de ortografía pueden parecer arbitrarias y antojadizas -con todas sus inconsecuencias, incoherencias e incluso errores-; son el resultado de una convención que nos permite comunicarnos en forma eficaz con más de 400 millones de hispanohablantes en todo el mundo.

El lingüista suizo, Charles Bally, lo dice claramente: “La ortografía, tan estúpida a veces, no es sólo una forma de la presión social: es, ante todo, una necesidad impuesta por el ojo lector que, privado de los recursos musicales de la palabra viva, exige que cada palabra se presente como una imagen ideográfica”. Así, la correcta ortografía no sólo fomenta la comunicabilidad, sino que también “disminuiría la ‘sanción social’ por escribir mal”, agrega la investigadora del CIAE, Carmen Sotomayor. Pero, ¿por qué estamos escribiendo tan mal?

LOS RESPONSABLES

Existen carencias, por un lado, en el proceso de enseñanza-aprendizaje del lenguaje, desde los primeros niveles de escolarización. “La falta de lectura es una de las causas de la deficiente ortografía, pues les priva del contacto directo con las palabras”, sostiene Virginia Martínez.

Una actitud favorable hacia la lectura aumenta la competencia lingüística, pues no sólo permite la fijación visual de la ortografía de las palabras, sino también la asimilación de su significado contextual. “La lectura es el mejor de los caminos para escribir las palabras con exactitud gráfica, así como para emplear las palabras con mayor precisión”, sostiene el madrileño, Fernando Carratalá, catedrático de lengua española y literatura.

El descrédito social de la convención ortográfica es otra de las razones del problema; la indiferencia de los profesores ante los errores ortográficos que cometen los escolares; las evaluaciones con alternativas, más que con preguntas de desarrollo, el desinterés de los alumnos, sobre todo si las equivocaciones se producen en materias que “nada tienen que ver” con el lenguaje; y por su parte, “el descuido frecuente de los medios de comunicación, también tienen parte de responsabilidad en la degradación de la lengua”, acusa el catedrático español.

Figuras de la talla de Andrés Bello y Gabriel García Márquez han llegado a proponer la simplificación del lenguaje escrito, sugiriendo la eliminación de letras como la “h” del alfabeto, y de la “b” ó “v”, la “y ó “ll”. Esto, que puede parecer práctico, no lo es tanto, pues como apunta Virginia Martínez: “Implica que tendríamos que empezar todo de nuevo. ¿Qué pasaría con todos los textos anteriores? Creo que la diversidad de las palabras y su escritura es parte de la riqueza del lenguaje. Más vale valorarlo como tal y aprender a usarlo”, dice Martínez.

En su visión, otra de las causas del aumento en los errores de ortografía, es la proliferación de tecnologías como chats y mensajes de celulares, que “se caracterizan por una ley de economía de tiempo y búsqueda de fluidez, con lo que las palabras se acortan, se deforman y se escriben mal”.

Carrusel tendencia vida escolarTIP PARA PROFESORES
 “Cuando los niños se equivoquen en la ortografía de ciertas palabras -ya sea en pruebas o dictados- en vez de simplemente bajarles  la  nota, se les puede ofrecer -como oportunidad para mejorar su calificación- que para la próxima clase traigan cada palabra en la  que se equivocaron, correctamente escrita en una tarjeta, con dibujos y colores, según el concepto que mejor les represente a ellos la  palabra. Lo más seguro es que no se volverán a equivocar en esas palabras”, asegura Virgina.

 

MÉTODOS RETRÓGRADOS

Los métodos convencionales de enseñanza de la ortografía en el aula han venido insistiendo en el aprendizaje de memoria de reglas ortográficas. “Sin embargo, es un planteamiento didáctico bastante nefasto y poco práctico, que no ha dado buenos resultados”, sostiene la psicopedagoga, Virginia Martínez.

El dictado, si bien sirve para controlar el número de palabras erróneamente escritas, es inadecuado como método de enseñanza, pues se basa en la previa memorización, por parte de los niños, de palabras sueltas, que al no estar insertas en un contexto, no representan más que letras sin un significado aplicable. “Si no conocen la palabra y su aplicación, por más que intenten memorizarla, lo más probable es que la primera vez la escriban mal. Con esto, la primera imagen, la más potente, se graba erróneamente en el cerebro y es difícil de borrar”, advierte Virginia. Por eso es mejor enseñar primero la correcta ortografía, en un contexto que le dé sentido a la palabra.

La psicopedagoga no recomienda la presentación de dos listas de palabras para que los escolares identifiquen las acertadas de las erradas, ni la tarea de rellenar espacios en blanco entre palabras. “Porque es muy fácil que se equivoquen”, recalca. Tampoco está de acuerdo con la práctica de descontar nota por cada falta de ortografía en las pruebas. “El niño que tiene problemas de ortografía se pondrá tenso y no fluirán sus ideas, escribirá muy poco, por miedo a equivocarse. Eso es muy desmotivante”.

“MIRA Y ESCRIBE”: APRENDER JUGANDO

Consciente de todos estos problemas, Virginia Martínez fue concibiendo -en su trabajo como psicopedagoga- una mejor manera de enseñar la ortografía. Una manera para fijarla en sus memorias de forma entretenida y eficaz.

“Se me ocurrió empezar a transformar las palabras en dibujos, asociando la ortografía con la palabra misma y su significado. Así, fue desarrollando “Mira y Escribe”, un método de enseñanza conceptual y visual, en el cual las palabras se convierten en imágenes.

Funciona como un aprendizaje gráfico y permite mejorar la ortografía sin necesidad de memorizar reglas ortográficas. Es, por ejemplo, mucho más fácil recordar que la palabra “arveja”, se escribe con “v”, cuando vemos esta letra -que puede presentar dificultad- destacada en color verde, y uno de los vértices que la forman se convierte en una vaina de arvejitas. O la palabra “sillón”, donde la “ll” está formada por dos sillones, y la tilde sobre la “o” es también un pequeño sillón. “Mucho más importante que la memorización es el conocimiento práctico de las palabras”, agrega.

Virginia ha estado aplicando esta técnica -que desarrolla habilidades cognitivas como la memoria visual, la atención y la concentración- hace más de cinco años. Partió con dibujos en un cuaderno y, hoy “Mira y Escribe” conforma un material didáctico en forma de juego, con 2.000 palabras de diferente dificultad ortográfica, ilustradas en cartas y láminas a todo color y en varios sets diferentes, abarcando dos niveles: de pre-kinder a 4º básico, y de 5º a 8º.

Los juegos se pueden emplear en el hogar, en la sala de clases o en intervención psicopedagógica. Lo mejor es que funciona: reduce en un 80% sus errores ortográficos. “Además es una metodología que los niños pueden aplicar libremente, ante cualquier palabra que les presente dificultad, sólo tienen que usar su creatividad, dibujar, mirar y escribir”, concluye la creadora.

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