Escrito por Patricia Andrighetti / Nº 193 /  23 noviembre 2012
¡Todo es un peligro!

Tienen apenas seis o siete años y toman más precauciones que un adulto. Son niños ansiosos que ven el peligro en todas partes y viven atemorizados por lo que les rodea. ¿Por qué?

Todo comenzó en las vacaciones, cuando Pedro se fue con sus papás y hermanos de camping. Mientras todos los niños del lugar disfrutaban chapoteando en el agua, Pedro se dedicó toda la temporada a señalar los posibles peligros que podían asecharlos a él y su familia. Las abejas en el pasto, la corriente del río o la fogata que podía incendiar las carpas; lo que hizo del veraneo casi un calvario para el pobre Pedo.

Es muy común que los niños a partir de los dos años, se hagan conscientes de los posibles peligros que pueden hacerle daño: Que si tocan algo caliente se pueden quemar o si se asoman al borde de la piscina se pueden caer. El problema surge cuando las reacciones que tiene son desproporcionadas al estímulo que se le presenta y toman precauciones excesivas, como en el caso de Pedro.

Todo bajo control porque…
En general, son niños ansiosos y muy controladores, explica María Paz Altuzarra, psicóloga clínica y académica de la Universidad de Los Andes. “Una persona ansiosa, siempre va a estar pensando que algo puede pasarle, entonces la manera de evitarlo, es controlándolo todo. Sienten que la vida y el mundo es peligroso y que tienen que protegerse. Por eso están muy atentos de no hacer ciertas cosas y tienden a maximizar los peligros.

Por ejemplo, ven un león gigante donde hay sólo un gato”. En esta ansiedad influye la genética, hay niños que por temperamento, es decir, por el ADN que traen, son cautos ante el “peligro”. Pero también pueden influir mucho los padres. “Cuando ellos son sobreprotectores, y aunque lo hagan con la mejor intención y sin darse cuenta, pueden promover este tipo de conducta”, explica la psicóloga familiar Mónica Bulnes.

Según María Paz Altuzarra, la causa también puede estar en una relación insegura por parte de los padres. No se trata de unos papás ausentes, sino que de una actitud poco regular donde a veces sí satisfacen las necesidades de su hijo (abrigarlo cuando tiene frío, alimentarlo cuando tiene hambre, o darle cariño cuando llora), pero otras veces no y lo dejan a la deriva. Esto hace que el niño desde muy chico tenga la sensación de inseguridad, porque no sabe si alguien lo va a ayudar o no. “Es probable que como consecuencia se desarrolle como una persona expectante y nerviosa ante lo que pueda pasar”, concluye María Paz Altuzarra.

Finalmente, distintos estudios han comprobado que los niños precavidos en extremo tienen mucha creatividad y en algunos casos hasta un alto nivel de inteligencia, lo que los hace estar mucho más conscientes de su ambiente y de los desafíos que éste puede presentar.

¡Relajo!
Es importante que los papás sean los primeros en actuar y lo hagan en equipo. Así, si uno de los dos es más audaz, es mejor dejar que él o ella tome las riendas del problema. Sin llegar obviamente a la imprudencia, pero que contenga al padre más aprensivo para que el niño haga las cosas libremente.

Es bueno bajarle el perfil a las reacciones desproporcionadas, mostrarle que puede arreglárselas, darle esa confianza básica de que el mundo no es tan peligroso y que se pueden controlar los peligros. Por ejemplo, explicando que si la abeja le pica sentirá una pequeña molestia y punto.

Como ayuda concreta, Mónica Bulnes aconseja: “Inscribirlo en una clase o que pertenezca a un grupo donde haga cosas nuevas, para que no le tenga tanto miedo a lo desconocido o a lo poco familiar. Hay veces que se acomodan sólo en lo que conocen y es lo único que esos niños consideran seguro. Entonces, por ejemplo, una clase de pintura puede ser algo novedoso e inexplorado que puede darle seguridad”.

Finalmente, es importante ayudar al niño a conocerse mejor. Es probable que lo precavido en extremo no se le quite de un día para otro, pero si sabe cuáles son sus fortalezas y lo que hace bien, podrá controlarse mejor y tener reacciones adecuadas ante los estímulos. Hay diferentes trucos, por ejemplo hay niños que les cuesta conciliar el sueño porque están pensando en todo lo que les preocupa. Cuando eso ocurre, una música suave les puede ayudar a distraerse de los pensamientos y dormir mejor.

Las consecuencias de no solucionar el problema a tiempo
“Cuando esta ansiedad no es tratada adecuadamente, después la persona puede desarrollar un trastorno ansioso mayor. Muchas veces son niños con miedos nocturnos o con problemas en el colegio”, explica María Paz Altuzarra.

Es normal que en un determinado periodo esté más ansioso y preocupado, pero eso es acotado y existe un estímulo que lo provoca. Por el contrario, si es una actitud que se repite mucho en el tiempo es necesario consultar a un experto. Lo aconsejable es que los papás vayan solos primero, para diagnosticar adecuadamente y no agrandar algo que no lo es. Muchas veces el especialista puede dar estrategias para manejar el problema en la casa, sin necesidad de llevar al niño. HF

Es bueno bajarle el perfil a las reacciones desproporcionadas, mostrarle que pueden arreglárselas, darles esa confianza básica de que el mundo no está lleno de peligros y que se pueden controlar.

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Ma1da_2011

(1) Comentario

  1. Me gusta el artículo, es básico para papás que inician su preparación en su labor de educadores de sus hijos.

    Gracias

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