Nº 189 /  21 enero 2013
La amistad: un antídoto contra el estrés

Un reciente estudio realizado por la holandesa Mariannne Riksen-Walraven concluyó que la amistad reduce el estrés en los niños, sobre todo en los que son constantemente marginados y aislados por el resto.
Por María José Valdés / cartas@hacerfamilia.net

En su consulta, el cardiólogo argentino Daniel López Rosetti, tiene unos frascos de medicamentos que están vacíos, pero rotulados con indicaciones tales como “actividad física”, “música” y “cápsulas de amigos”, los que no duda en entregar a sus pacientes.

Es que según sostiene el especialista, “el manejo del estrés requiere de diferentes y múltiples herramientas. Por supuesto, de por medio hay acciones médicas, farmacológicas y tratamientos especiales que son muy importantes. Sin embargo, para superarlo lo más efectivo no se vende en farmacias”.
Es el caso de la amistad. Muchas investigaciones han demostrado que los amigos, entendidos éstos, como las personas con las que hay una comunicación emocional, hacen realmente muy bien.

Mariannne Riksen-Walraven, junto a un equipo de científicos holandeses investigó a 100 niños de nueve años. Entre las variables a evaluar estuvieron cómo eran sus amistades y si eran marginados, excluidos o victimizadas por sus compañeros. Los resultados arrojaron que los niños que efectivamente eran marginados poseían altos niveles de cortisol (hormona del estrés), pero que a lo largo del día, ésta disminuía gracias a que los niños excluidos tenían algunos amigos con los que compartían las actividades. Así, estas relaciones les mitigaba el dolor en las áreas del cerebro y se disminuía la tensión.

Al respecto, Esteban Vaucheret, neurólogo infantil, señala que la amistad es muy importante en el desarrollo de los niños. “De hecho, así como el pediatra evalúa el crecimiento en talla y peso de los niños, la normal adquisición de pautas motrices y del lenguaje, la evaluación del desarrollo social es un aspecto que no debería quedar de lado”.

La neuropediatra Lorena Pizarro afirma que la amistad actúa como soporte emocional ya que incrementa la hormona oxitocina que actúa como potenciadora de la disminución del cortisol y proporciona una mayor capacidad de responder al estrés de manera favorable. Por eso, recalca que es importante fomentar la amistad y estrechar vínculos. “Es relevante que las experiencias sean positivas y significativamente afectivas para los niños, ya que ellas favorecen el desarrollo normal de su autoestima, así como el aprendizaje y un mejor control emocional”, explica la neuropediatra quien además dice que los beneficios son aún más amplios. “El apoyo emocional, la amistad y la risa, pueden tener efectos favorables en enfermedades como la hipertensión arterial, la reactividad cardiovascular, el cáncer y la depresión entre otros, siendo no solamente positivo para disminuir el estrés”, concluye la experta.

En busca del “remedio”
La amistad surge aproximadamente a partir desde los 12 años, es decir, cuando los niños ya son capaces de compartir su intimidad mutuamente comunicándose aquello que los hace mejores personas. Los buenos amigos son un tesoro en la vida, ya que ayudan con sus ejemplos y consejos y brindan la oportunidad de servirlos con sacrificios y renuncia personal.

Algunas ideas para afianzar lazos de amistad son:
– Fomentar la comunicación padre-hijo: Conocer cómo se desenvuelven los niños en el curso y evaluar si están siendo marginados por sus compañeros, resulta útil para saber si están pasando por momentos desagradables y difíciles. Por eso es importante incentivar la comunicación padre-hijo para ayudarlos a revertir esa situación. Diagnosticarlo a tiempo es clave.
– Fomentar el cuidado de la lealtad y la sinceridad con lo amigos
– Enseñar a ser generosos con el tiempo que se dedica a los amigos y con la ayuda que se les puede ofrecer. Estar disponibles para escucharlos y atenderlos.
– Organizar actividades e invitar a los amigos a la casa: aprovechar el tiempo de verano para invitar amigos. Eso hará que en sus mentes sólo se alberguen buenos recuerdos. HF

Cuenta una historia:
Un día al estar en mi casa, siendo como las 11:00 de la noche, recibí la llamada telefónica de un querido amigo. Me dio mucho gusto su llamada y lo primero que me preguntó fue: ¿Cómo estás? Y sin saber por qué, le contesté: “me siento muy solo”.
– ¿Quieres que vaya a tu casa y conversemos?- me dijo él. Le respondí que sí.
En menos de quince minutos ya estaba tocando a mi puerta. Yo hablé por horas y horas, de todo, de mi trabajo, de mi familia, de mis deudas, y el atento siempre me escuchó. Se nos hizo de día, me había hecho mucho bien su compañía y sobre todo que me escuchara, que me apoyara y que me hiciera ver mis errores. Me sentía muy a gusto y cuando el notó que yo ya me encontraba mejor, me dijo:
– Bueno. me retiro; tengo que ir a trabajar.
– Pero, por qué no me habías dicho que tenías que ir a trabajar; mira la hora que es, no dormiste nada- le dije.
– No hay problema para eso estamos los amigos- respondió sonriendo.
Lo acompañé a la puerta de mi casa y cuando él caminaba, le pregunté
– Oye amigo, y después de todo esto, ¿por qué llamaste anoche tan tarde?
El regresó y me dijo en voz baja:
– “Es que te quería dar una noticia: ayer fui al doctor y me dijo que mis días están contados, tengo un tumor cerebral, no se puede operar, y sólo me queda esperar”.
Yo me quedé mudo… por qué cuando él me preguntó ¿cómo estás? me olvidé de él y sólo hablé de mí. Cómo tuvo la fuerza de sonreírme, de darme ánimos, de decirme todo lo que me dijo, estando él en esa situación… Desde entonces aprovecho más el tiempo con la gente que quiero.

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