Escrito por Victoria Dannemann / Nº 200 /  05 abril 2013
La edad de oro de la risa

Los niños se ríen en promedio 200 veces al día, mientras que lo adultos unas 15 a 18. ¿Quién debe aprender de quién?

Reír, y sobre todo reír con otros, es una de las sensaciones más saludables y reconfortantes de la vida. De acuerdo a la psicología positiva una buena carcajada fortalece el sistema inmunológico y provoca una liberación de endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad. Cuando las carcajadas son varias se produce una agradable sensación de vitalidad y energía y se incrementa la actividad cerebral, siendo un estímulo eficaz contra el estrés, la depresión y, evidentemente, la tristeza.

¿Y de qué se ríen nuestros hijos?
El humor y la risa en los niños es especialmente gratificante. Sin embargo, es habitual que los papás nos fijemos más en  “por qué llora una guagua: ¿por hambre, frío o sueño?”, que lo que les haces reír.

Observar qué los hace reír puede ser un excelente modo de conocerlos mejor: desde su primeras sonrisas a los pocos meses,  hasta las carcajadas que les producen las cosquillas a los cuatro años y la explosión incontrolable de risa por una situación absurda cuando tienen ocho.

También es interesante preguntarse por qué a medida que crecen dejan de reír.  Quizás la espontaneidad y el ambiente relajado en la casa se va perdiendo a medida que aparecen mayores obligaciones. No es fácil, pero vale la pena hacer esfuerzo y entender que reír y cumplir con el estudio o el trabajo no son dimensiones opuestas, sino complementarias.

El hábito sí hace el humor
Si los padres están abiertos a la risa y potencian el buen humor, los primeros beneficiados son ellos mismos: “fortalece la relación, la afectividad y logra que sus hijos deseen aprender más de ellos. El sentido del humor le muestra al niño un mundo positivo”, explica Alejandra Iribarren, enfermera y directora de la Corporación Doctor Feliz.

La clave está en empezar desde que los hijos son pequeños:  “Hacer reír a un niño es muy fácil, en especial cuando son chicos. Antes de los cinco años se rien de situaciones graciosas, pero a partir de esa edad el lenguaje se va perfeccionando, con lo que el humor va adquiriendo un componente más semántico y los niños son capaces de entender un chiste”, señala la especialista.

La risa y las guaguas
Los recién nacidos reaccionan a las sonrisas y caras de los papás. Se ríen con juegos como el “No está… aquí está” en que el adulto se tapa y aparece. Un estudio de la Universidad de New Hampshire y del Johnson State College demostró que los hijos aprenden desde esta edad el sentido del humor de sus padres. A los seis meses copian las reacciones emocionales que éstos tienen ante diferentes situaciones, incluída la risa. Más adelante, a partir del año, van formando su propia opinión de lo que es o no divertido.

La risa de un preescolar
A los dos años les divierten las situaciones inesperadas, como una caída, y las “no lógicas,” como un elefante con cuello de jirafa o decirle “gato” al perro. También cuando los papás hacen el ridículo poniéndose un vaso de sombrero, o si actúan personajes. Nada mejor que cuando el papá hace como que no ve al niño y pregunta por todas partes dónde está cuando todos saben que se esconde debajo de una mesa.

La edad de oro

> A los 5-7 años: Les dan risa las exageraciones, los  juegos de palabras y los chistes sencillos. A esta edad también los hacen reír “los payasos, los dibujos animados que muestran la vida con situaciones fantásticas, colores esplendorosos, las acciones erróneas… el niño es espontáneo y se reirá de todo lo que le parezca un poco gracioso”, señala Alejandra Iribarren.

>Desde los 8 años: Empiezan a incluir el sarcasmo y a reírse de algunos problemas tomándolos con humor. Para los padres se hace más difícil hacerlos reír. Al entrar en la preadolescencia, empiezan a tener mucha importancia los amigos y el humor compartido con ellos.
Por esta última razón la edad que va entre los 4 a 8 años es conocida como la “edad de oro” de la risa. Es una etapa que vale la pena aprovechar y darle rienda suelta, pues una carjada acompaña la vida entera.

CORPORACIÓN DOCTOR FELIZ
En su tarea de llevar alegría y humor a los niños hospitalizados, disfrazados de payasos, los voluntarios
de la Corporación Doctor Feliz se han hecho expertos en el tema de la risa. Alejandra Iribarren, directora
de la Corporación, destaca que cuando un niño crece en un ambiente con espacio para el buen humor
y la risa:

  • Desarrolla mejor la empatía.
  • Se vuelve más observador.
  • Aumenta su confianza y autoestima.
  • Se fortalece su sistema inmunológico.
  • Mejora su resiliencia y su salud.
  • Tiende a ser más optimista.
  • Sufre menos depresión y estrés.
  • Es mejor considerado por sus pares.
  • Está mejor dispuesto a lidiar con la adversidad.

 

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