Escrito por Ilustraciones: Francisca Rodillo, Texto: María Ester Roblero C. / Nº 202 /  24 abril 2013
Una infancia en el país de los libros

Un niño que lee es un niño con mundo. Recorre paisajes, conoce seres interesantes y se enfrenta a realidades complejas según los expertos.

 

 

Un niño lector, ¿un niño aislado, que no desarrolla habilidades sociales? ¡Falso! Un equipo de sociólogos de la Universidad de Oxford analizó a más de 17 mil personas nacidas en 1970 y demostró que quienes habían leído por placer en su infancia y adolescencia, llegaron en un 58% por ciento de los casos a puestos gerenciales.

Estos resultados, publicados el año 2011, concuerdan con informes de la OCDE, donde las investigadoras Christina Clark y Kate Rumbold, aseguran que “disfrutar de la lectura es más importante para el éxito educacional de los niños que el estatus socioeconómico de su familia”.

Verónica Abud, directora de Fundación La Fuente –que desde hace una década se dedica a incentivar la lectura en Chile- señala: “Si dejamos de pensar en la lectura como una tarea escolar y logramos una mirada más de fondo, podemos darnos cuenta que a través de la literatura el niño construye su propio futuro, porque al leer forma su concepto de libertad y ve su propia trascendencia. Un cuento pasa a ser una herramienta que le permiten afrontar y entender las problemáticas del mundo. Incluso puede ver reflejada su propia experiencia y entender mejor sus emociones”.

Recién llegada de Colombia, donde participó en el II Congreso Iberoamericano de la Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (CILELIJ 2013), agrega que “la literatura infantil y juvenil contemporánea se caracteriza por abordar todos los temas que forman parte del universo de los niños y jóvenes”. Por esta razón, los organizadores del Congreso estructuraron las conferencias en torno a tres ejes temáticos: la vida privada, la vida pública y lo trascendente.

“Frente a este panorama tan amplio, y aceptando que el niño que cruza la frontera hacia ese universo literario debe hacerlo por placer y no por deber, ¿quién podría dudar que la literatura no le ayuda a construir su identidad?”, pregunta Verónica Abud.

La vida privada de un niño

Una de las principales conferencistas en este congreso fue Michèl Petit, antropóloga dedicada a incentivar la lectura en sectores vulnerables de Francia y en países subdesarrollados. Ella definió la lectura como esa “habitación propia” donde se construye lo más íntimo de la infancia, “aquellos puntos imaginarios de ensoñación donde cultivamos las ficciones que luego necesitamos en cualquier edad para re equilibrar nuestras relaciones con la realidad”.

Contraria a aquellos programas educativos centrados en “construir” lectores, Michèl Petit explicó que ella cree fundamental cambiar el foco y entender que “es la lectura quien ayuda a las personas a construirse, a descubrirse, a hacerse un poco más autoras de su vida, sujetos de su destino, aún cuando se encuentren en contextos sociales desfavorecidos”.

Paula Bombara, joven bioquímica argentina y exitosa escritora de cuentos infantiles, señaló en su conferencia “El universo emocional de los niños y jóvenes”, que al leer ellos deben llenar muchos espacios en blanco que deja el texto, con sus propias experiencias. Por eso concibe al lector como un conquistador de territorios, tanto interiores como exteriores, que pueda sostener ante su familia y amigos.

“Narrar, contar historias, es tal vez uno de los rasgos que nos hace más humanos y sin duda, el acto de narrar ha estado en la propia base de la evolución de nuestra raza”. Gabiel Janer Manila, escritor catalán.

Leer la vida en imperfecto

Se ha escrito mucho sobre la tendencia al individualismo de las actuales generaciones. A juicio de otro de los conferencistas de este congreso celebrado en Colombia, el escritor catalán Gabriel Janer Manila, “la literatura, y sobre todo la que pretendemos dirigir a niños y adolescentes, no debe ignorar los dramas de nuestro tiempo. Su campo son también la exclusión, la pobreza, el exilio, el dolor y los intentos globalizantes por homogenizar las tan diversas expresiones culturales de la humanidad”.

Señaló que narrar, contar historias, es tal vez uno de los rasgos que nos hace más humanos y que, sin duda, el acto de narrar ha estado en la propia base de la evolución de nuestra raza.

Lo que un niño y un joven lee pasa a formar parte de su memoria y por esta razón, Javier Cortés, presidente de la Fundación SM, entidad organizadora del congreso, señaló que a través de la lectura “queremos luchar de manera propositiva contra una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo: la amnesia. Los que hemos tenido el privilegio de vivir en entornos creativos sabemos bien que sin acceso a la memoria de la humanidad, la persona está incapacitada para construirse a sí misma”.

En esta misma línea, el escritor y antropólogo argentino Néstor García Canclini declaró que hoy, como pocas veces antes, la lectura es un acto altamente social. Para él, los libros y la lectura sin duda abren la puerta a nuevas relaciones con otras expresiones culturales y sociales.

Subir al tejado y mirar el infinito

“La trascendencia es un tema natural de la literatura leída por niños”, afirmó la periodista y escritora ítalo brasileña Marina Colasanti: “Ellos temen a la muerte, a los monstruos, a lo desconocido y, aceptando su lado oscuro, como lo hace “Max en Donde viven los monstruos”, logran conjurar sus temores, sus enfados y vencerlos”.

En su ponencia, la escritora analizó la trascendencia en cuentos clásicos, como Caperucita Roja, y en los contemporáneos como El principito. “Este último llega a nuestro planeta a preguntarse por el amor, la vida y la muerte y a ver con ojos externos los arquetipos de nuestra cultura humana”, explicó la autora. Agregó que a través de él “podemos arrancarnos de las preocupaciones de lo cotidiano, subir al alto tejado de lo público y lo privado para mirar al infinito y preguntarnos sobre el mundo y sobre nosotros…”

Pero la trascendencia es elusiva al autor que la quiera definir, aclaró Marina Colasanti. “La obra que busque “tratar” lo trascendente simplemente caerá en lo obvio, pues ella sólo es posible cuando emana de un autor que realmente vibre con sus propios interrogantes nacidos de la contemplación de la naturaleza, de su vida. Por eso la trascendencia es eventual, rara, más presente en los libros de literatura que en los comerciales”, señaló.

Que la literatura infantil y juvenil ayuda a los lectores a palpar la trascendencia no cabe duda para los organizadores de este Congreso. Y en palabras del presidente de Fundación SM, la entidad organizadora: “Esta convocatoria se debe… a nuestra pasión por el tesoro que sin duda compartimos con todos los que estamos aquí. Y ese tesoro no es otro que el rostro iluminado y resplandeciente de un niño o un joven auténticamente arrebatado por una lectura. Ese rostro que tantas veces hemos contemplado los que hemos dedicado parte de nuestra vida al trabajo directo con los niños y jóvenes, es la prueba fehaciente de que ese niño lector, al entrar en el relato, ha entrado en lo más íntimo de su corazón y de su pensamiento”, señala.

Pregunta de Fondo: ¿Es igual leer en papel que en las pantallas?

Especialmente creadas para los nativos digitales, hoy existen ediciones de literatura Infantil y juvenil para soportes electrónicos. La pregunta es si el efecto en el lector es el mismo.

Refiriéndose al peligro de la red, a través del chat, Facebook, Twitter, Instagram, el presidente de la Fundación SM, Dr. Javier Cortés, señaló que ese peligro … “es que te dejan atado al presente. Ese presente de la red es una pretensión del que te quiere atar permanentemente a él con el único fin de exprimir tu calidad de ciudadano en tanto que consumidor”, explicó.

Si el niño y el joven logra romper esa atadura y leer buena literatura en soporte digital,  se “puede salvar de este presentismo en conexión permanente con una red pretendidamente libre, pero que a la postre está en manos de los gigantes de la tecnología. Y a esa memoria acudimos en busca de los relatos, los cuentos, las narraciones, las fábulas, los mitos y los paraísos”

“Sólo la literatura te dará acceso a lo que otros han pensado, sentido, vivido, en espacios diversos al tuyo”, Michéle Petit, antropóloga francesa.

“La trascendencia es un tema natural de la literatura leída por niños. Ellos temen a la muerte, a los monstruos, a lo desconocido y, aceptando su lado oscuro, como lo hace “Max en Donde viven los monstruos”, logran conjurar sus temores, sus enfados y vencerlos”. Marina Colasanti, periodista y escritora ítalo-brasileña.

 

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