Escrito por Victoria Dannemann / Nº 206 /  08 August 2013
Hazañas a los 80 años

¿Qué hace que algunas personas sean capaces de emprender grandes desafíos, crear empresas y embarcarse en interesantes aventuras, pasadas las ocho décadas de vida?

Con 83 años, 58 de matrimonio, cinco hijos, 21 nietos y dos bisnietas, el año 2012 Eugenio Díaz se embarcó en una aventura de grandes proporciones: mandar a hacer en Alemania, trasladar a Chile e instalar en la Catedral de Antofagasta, doce campanas, la más grande de una tonelada.

La vida tiene muchas vueltas y de eso puede dar testimonio este ingeniero químico de profesión, que nunca había tenido contacto con campanas de ningún tipo, hasta que un particular encargo lo hizo descubrir este cautivante mundo. “El Cardenal Fresno un día me dijo: “Eugenio, quiero que pongas campanas en la catedral de Melipilla, pero no me vengas con campanas eléctricas, yo quiero campanas al viento”. Era claro que no quería nada como un CD y un altavoz”, recuerda Eugenio Díaz. Jamás imaginó cuán larga y complicada sería la tarea.

Recorrió campanarios de iglesias, colegios y monasterios, pero sin resultados: “No encontré a nadie que me pudiera enseñar algo. Las campanas de las iglesias en Santiago no sonaban como debía ser, estaban maltratadas, mal mantenidas y todos los antiguos campaneros habían muertos de viejos”.

La aventura: de Melipilla a Baviera y hasta Antofagasta

Su peregrinar siguió por embajadas de países experimentados en la fabricación de campanas, comenzó a solicitar informes y a recibir fotos y publicidad que le mostraron un mundo desconocido. Así conoció una tradicional fundición de Baviera. Cuando Monseñor Lizama -antiguo obispo de Melipilla y hoy de Antofagasta- emprendió una campaña para poner nuevas campanas en la catedral, contó nuevamente con su ayuda.

Eugenio Díaz buscó al fabricante, fue el contacto con la empresa, ayudó a determinar los tamaños de las campanas, las notas musicales y las melodías, y tuvo que ver con temas de diseño, instalación, planos y arquitectura. Así fueron encargadas doce campanas, tres de ellas de gran tamaño. En conjunto, pesan más de dos toneladas y cuentan con un moderno sistema para programar melodías.

La hazaña de las campanas se ha convertido también en una historia familiar. En la tarea participó su cuarto hijo, Sebastián, arquitecto y músico, quien aportó en aspectos clave, desde ayudar a incorporar las sugerencias del fabricante y proponer estructuras que las soporten, hasta encontrar melodías compatibles con las doce notas de las campanas.

MIENTRAS EL CUERPO AGUANTE…
• Salud:
“Si me preguntan sobre nuevos sueños o proyectos -dice Eugenio Díaz-, diría lo que un día escuché del mismo Cantinflas en la televisión: “Mientras el cuerpo aguante, la voluntad no falta, aunque la edad no me permitirá mucha acción”.

• Motivación: “¿Por qué he hecho estas cosas de campanas? -reflexiona Eugenio Díaz-. Contesto invocando un lema jesuita: porque estoy tratando de servir a la iglesia, por una AMDG (Ad Maiorem Dei Gloriam), a la mayor gloria de Dios”.

• Perseverancia: Sin importar lo grande que fuera la empresa, se ha concentrado en sacar adelante y bien cada paso, desde el inicio de la fabricación hace más de un año en Alemania, hasta ver recientemente las campanas instaladas en Antofagasta.

JIMENA GONZÁLEZ ALLENDE:
El sueño de alimentar a los niños

Entró a estudiar tecnología médica a los 19 años y trabajó hasta los 75 en el Hospital Luis Calvo Mackenna. Hoy, pasados los 80, se atrevió a emprender en una empresa familiar: un servicio de almuerzos escolares, para crear casinos más amables y nutritivos para el paladar de los niños.

Alta, delgada, de caminar seguro. Jimena González saca su carnet de identidad, para demostrar su edad: 82 años. Para no creerlo, le dicen siempre. Hasta hoy sigue levantándose cada día para trabajar, con más ganas que nunca, ya que esta vez lo hace junto a sus hijas, las hermanas Biancani González.

Cuenta que aunque su sueño fue estudiar medicina, su madre quería que se dedicara al servicio social. Llegaron a un acuerdo: tecnología médica. Y con ese título fue que una vez egresada comenzó a trabajar -“desde abajo”, dice- en el departamento de nutrición de la Universidad de Chile: “Trabajé con pediatras muy destacados, como el doctor Carlos Garcés y Aníbal Ariztía, que formaron los primeros laboratorios de investigación en Chile y fundaron la Sociedad Chilena de Pediatría. También trabajé muchos años con el doctor Fernando Monckeberg y me siento orgullosa de haber sido parte de un equipo en el Hospital Calvo Mackenna que luchó contra la desnutrición infantil”.

Emprender a los 80 años

“Hace cinco años comenzamos a pensar en formar una empresa con la mamá para implementar un concepto nuevo de casinos escolares. A todas nos gustan mucho los niños y ella nos enseñó desde muy chicas a cocinar. Sabíamos que teníamos un potencial enorme, porque ella nos transmitió todo lo que sabe de nutrición, además de sus recetas.

La mamá aporta algo muy importante: ella sabe formar a la gente, sabe enseñar”, cuentan sus hijas.

Jimena explica: “Desde que trabajé en el Calvo Mackenna, con niños enfermos, me di cuenta lo importante que era preocuparse de lo que comen los niños en el día a día. Me entusiasmé, porque me ilusiona formar su paladar, nutrirlos y educarlos de verdad en torno a la mesa”.

La idea fue cristalizando y ya cuentan con su primer cliente, el colegio Cordillera: “Estamos en el segundo año y hemos logrado las metas que nos propusimos. Primero, que les guste y respeten la comida y que se porten bien en el comedor. Segundo, que incorporen las ensaladas y las frutas a su dieta, que coman platos sencillos pero bien preparados. Para nosotros es tremendamente gratificante que un niño de 2º básico diga que no se pierde por nada una ensalada. Tercero, hemos podido ir enseñándoles además a los niños a comportarse dentro del comedor y ellos nos han demostrado que si la comida es rica, están dispuestos a aprender”.

Su secreto para “la eterna energía”

1. Trabajar: no hay frase más cierta que “el trabajo dignifica”, pero además, es increíble cómo trabajar mantiene el cerebro activo.
2. Entregarse a la familia
: los lazos familiares revitalizan cada día; para mí, ha sido maravilloso trabajar con mis hijas.
3. Ser positiva
: no agrandar los problemas. Jamás victimizarse y decir ¿por qué a mi?
4. Tener proyectos
: si uno tiene proyectos por delante, tiene motivos para levantarse cada día. Si pierdes los proyectos a futuro, te dejas estar.

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