Escrito por Priscilla Heiss / Nº 207 /  09 septiembre 2013
Los jóvenes del nuevo Chile

No los detienen las fronteras a la hora de elegir donde estudiar; No creen que Santiago sea el mejor lugar del pais para vivir; sueñan con transformar las ciudades en espacios más habitables y comienzan a mirar las carreras técnicas como áreas de trabajo con futuro. 

Diego Herreros y Estefanía Siles: Médicos en Calbuco

Luego de casarse, este matrimonio no lo pensó mucho y partió a Calbuco para desempeñarse como doctores en un hospital de escasos recursos de la comunidad. Un colchón inflable y un termo eran lo único que tenían cuando comenzaron su aventura en el sur de Chile hace más de dos años.

Estafanía (27), cuenta que ha sido una experiencia de mucho crecimiento. “Vivir y trabajar en Calbuco te hace conocer de cerca la verdadera realidad de Chile, además de adquirir una enorme experiencia laboral”. Señala que la falta de recursos, una infinidad de problemas sociales como delincuencia, alcoholismo y drogadicción son parte del mundo con el que tienen que convivir, lo que les provoca mucha frustración. “De verdad creo que hay gente que no se imagina otras realidades, que no tiene idea que hay gente que se muere por falta de recursos, de médicos o de ignorancia”, señala.

Su vocación por la medicina, vino precisamente acompañada de su afinidad por el servicio social. “Esta es mi forma de devolver la mano, ya que tuve la oportunidad de formarme y estudiar”.  Otra de las cosas valiosas ha sido la oportunidad  de vivir en el mismo lugar que sus pacientes, conocer sus necesidades, problemas y de acuerdo a eso también aprender a ver la vida con otros ojos.

Pocos compromisos sociales, una vida familiar tranquila de gran unión con su marido e hijo de un año son otra ventaja, y que asegura, son circunstancias únicas.

Por su parte, Diego cuenta que la mayor ventaja de su experiencia en Calbuco “es conocer los problemas de la gente que vive una realidad diametralmente distinta a la nuestra, en que la oportunidad y el acceso a la salud, la educación de calidad y trabajos dignos, son mucho menores. Sensibilizarse con esta realidad permite aprovechar la experiencia ganada para buscar generar instancias orientadas a mejorar algunos de estos problemas”, señala.

Respecto al aporte que hacen al país, Diego es claro en señalar que tratan por sobre todo de mejorar la salud pública del lugar. “Tenemos una alta carga laboral, los recursos son muy escasos, y es una realidad compleja con altas tasas de violencia intrafamiliar y alcoholismo. Debemos esforzarnos de no caer en la indiferencia y ver a cada paciente con respeto y dedicación”. Cuenta que muchas veces los pacientes vienen de muy lejos, se levantan a las 4 de la mañana para cruzar en balsa y llegar al consultorio.

Actualmente les queda más de un año para volver a especializarse a Santiago, esperan su segundo hijo y se sientes felices y agradecidos de la oportunidad laboral y familiar que ha significado su vida al sur de nuestro país.

Matías Hernández : Un joven científico en Europa

Luego de vivir en Sudáfrica, Venezuela y Brasil, debido al trabajo de su padre, Matías (30) llegó a Chile a terminar el colegio, siempre con la idea de volver a partir. Así, y gracias a que su hermano estaba en Sidney, decidió hacer su licenciatura y un Máster en Química en el mismo país.  Posteriormente eligió Europa, el prestigioso Instituto Max Planck en Alemania,  para continuar con sus estudios de doctorado y post doctorado.

En esta misma institución este joven chileno se ha dedicado a estudiar el funcionamiento de los mecanismos de fusión de las membranas celulares. Actualmente se encuentra en la sede de München, lugar desde donde habla con Hacer Familia acerca de su experiencia. “Estudiar y vivir fuera de Chile ha sido una gran ventaja a mi carrera como científico gracias a los lugares que existen y los recursos”, señala. Cuenta que ha tenido la suerte de que uno de los miembros de su comité asesor de doctorado haya sido un premio nobel, lo que le hace entender el nivel al que están las personas con las que ha tenido la suerte de compartir experiencias. “La ciencia funciona a nivel internacional, y estar aquí me ha permitido estar al tanto de los avances científicos más importantes, técnicas nuevas, equipamiento de primer nivel y ser parte de una comunidad muy prestigiosa y activa”, señala.

El 2012, Matías fue galardonado con la medalla Otto Hahn 2012, que se entrega a los mejores investigadores de la sociedad Max Planck, la segunda organización dedicada a las ciencias con mayor impacto mundial. Hoy está muy motivado por realizar y estrechar lazos con científicos chilenos que se están formando en el extranjero, y cree que en nuestro país falta mucho por invertir en temas como la física experimental. Siente un especial interés por la institucionalización de la ciencia, por lo que cuenta estar muy activo en la comunidad científica de nuestro país y en otros temas como la política nacional.

Es categórico al comentar que es necesario que en nuestro país los sistemas de becas sean creados pensando en el futuro campo laboral, ya que a su juicio en un par de años no habrá espacio para tantos profesionales con estudios de post grado en el ambiente académico.

A la hora de dar una mirada a la realidad nacional, asegura ser muy optimista: “Veo que en Chile los jóvenes están siendo cada vez más  activos por los temas que les importan, al contrario que en Alemania, donde los veo más pasivos, en gran parte porque aquí pareciera que todo está hecho o ya solucionado”, señala.

Aunque hace un tiempo trató de volver a nuestro país para ejercer un cargo académico, lo que finalmente no resultó, hoy está enfocado en sus estudios en el Instituto Max Planck, el lugar que hasta ahora le ha dado la oportunidad de desarrollar su carrera como científico.

Rodrigo Jara, (27): El primer profesional de su familia

Desde Longaví, séptima región, llegó Rodrigo a Santiago hace cinco años. La ilusión y el férreo propósito de salir adelante y convertirse en un profesional lo han guiado en estos años de esfuerzo y dificultades.

Ha trabajado como guardia y supervisor, y hace un año, se decidió a estudiar Administración Logística. Cuenta que se decidió por esta carrera por la duración-sólo dos años- y gracias a que los aranceles son compatibles con sus posibilidades actuales. Por otro lado ha visto el tremendo auge que tiene en el país. “Hay muchos lugares donde puedo trabajar después, desde aeropuertos, supermercados, farmacias, etc.” Además agrega que sueña algún día en convertirse en un profesional. “Esto es un reto personal muy importante, para salir adelante y poder acceder a nuevas oportunidades”, asegura. Actualmente trabaja entre 7.30 am y 17.00 hrs. en un supermercado. Luego entre 18.45 y 23 horas, cursa sus estudios en el Centro de Formación Técnica La Araucana. Aunque reconoce que el esfuerzo humano y económico para él es muy grande, no se deja vencer y está seguro que podrá cumplir su meta, y convertirse en el primer profesional de su familia.

Cursar esta carrera, le permite también tener la posibilidad de en un futuro estudiar ingeniería industrial, su gran sueño, ya que le convalida las materias aprobadas.

Rodrigo Jara es parte de los más de 340 mil jóvenes que cursan estudios superiores y que además trabajan. Según el INJUV uno de cada tres realiza ambas actividades en paralelo.

Por otro lado las carreras técnicas de corta duración son una opción que les permite recuperar la inversión monetaria en un tiempo más prudente que una carrera profesional.  En Chile hoy existen 61 centros de formación técnica con 140 mil alumnos.

Según datos por confirmar del Censo 2012 el 40.33% de la población reside en la Región Metropolitana, seguida por las regiones del Biobío con un 11.86% y Valparaíso con un 10.40%. Lo anterior muestra que estas tres regiones concentran el 62.59% de la población.
Radar Chile: Arquitectos con mirada social

Como una entidad de integración, que busca generar vínculos entre escuelas de arquitectura, grupos sociales y la empresa privada, y desarrollar proyectos de infraestructura social, hace tres años nace RadarChile.

Dos de sus fundadores, Juan Pablo Puigrredón (25) y Constanza Quioza (25), ambos arquitectos de la Universidad del Desarrollo, cuentan que la idea parte por su frustración de que muchas veces los proyectos de arquitectura o concursos no se concretaran.

“Nos dimos cuenta que los proyectos o concursos de arquitectura muchas veces no estaban vinculados a la realidad o no se concretaban, y por otro lado no había una relación con la comunidad”, cuenta Constanza Quioza. Y agrega: “Una empresa a través de su RSE puede querer plantar árboles en un lugar, pero a lo mejor lo que realmente necesita la gente es un centro deportivo, entonces ahí estamos nosotros como equipo para detectar lo que necesita la comunidad”.

Hace un año, realizaron su primer proyecto piloto, una sede social en Conchalí, en conjunto con la municipalidad de esa comuna y la Universidad del Desarrollo, y gracias a los fondos dados por Desafío Clave. Juan Pablo, señala que lo fundamental aquí fue trabajar de cerca con la comunidad y conocer su realidad. “Los vecinos estuvieron muy involucrados en el proceso de diseño, en la elección del tipo de sede y pudimos ver en terreno cuáles eran sus necesidades reales”, señala.

Por su parte, Carla Morgado (25), socióloga que hace un tiempo se sumó a Radar, para darle una visión más integral, cree que el poder hacer un diagnóstico social con el municipio y la comunidad, permite detectar necesidades que sólo conocen quienes habitan en el lugar.

“La mantención de los lugares y su cuidado es algo donde la comunidad debe estar incluida y los vecinos quieren empoderarse de los espacios que están pensados para ellos”, señala. Actualmente el proyecto de la sede está en la última etapa para comenzar su construcción.

Hoy gracias a los fondos de Start Up, han transformado Radar en una empresa que busca mejorar la calidad de vida de la comunidad y crecer en el desafío de hacer ciudades de acuerdo a este modelo. También han incorporado aspectos como la sustentabilidad y el reciclado en sus proyectos, temas cada vez más en boga en nuestro país.

“RadarChile busca dar una mirada renovada. Es una entidad de innovación social, y a través de la gestión queremos llegar a provocar cambios urbanos y también sociales dentro de la manera de hacer ciudad”, señala Juan Pablo Puigrredón.

LA GENERACIÓN NI-NI

Según la OCDE, Chile se encuentra entre los cinco países con mayor número de jóvenes que ni estudian, ni trabajan, también conocidos como la generación “ni-ni”, y que superan los 600 mil en nuestro país.

Los jóvenes “ni-ni” se caracterizan por su doble condición de desempleados y desintegrados del sistema educativo.

Su primera característica es que aumentan en tiempos de crisis económica, ya que generalmente son personas con poca calificación (sin estudios completos) y, por ende, las primeras en sufrir con los recortes de personal.

La segunda característica de este grupo de jóvenes es que la preponderancia entre los que no estudian ni trabajan está en las mujeres. La  proporción de “ni-ni” en 2010 era 4 puntos porcentuales más alta para las mujeres de 15 a 29 años que para los hombre de la misma edad, según la OCDE.

Y la tercera característica de los “ni-ni”  está en que la mayoría de los jóvenes que no trabajan ni estudian se concentra en el 20% de la población más pobre.

 

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