Escrito por Angélica Heredia /  14 July 2014
¿Cómo ayudamos a nuestros  hijos a ser más felices?

Responde Viviana Venegas, Presidenta de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia (SOPNIA).

1. No hay recetas. En la adolescencia se cosecha lo que se sembró en la infancia. Hay que tener mucha paciencia. Se dice que con los adolescentes hay que tener la boca chica y las orejas grandes, porque básicamente hay que escucharlos.

2. Siempre van a existir cosas que no se hicieron bien. Las reglas de crianza evolucionan con los tiempos, porque las generaciones van cambiando.

3. Entender que la felicidad más que una exigencia, es un estado. Los  niños están llenos de momentos felices y son tan importantes como los tristes. Hay que aprender a reconocer las emociones y sus enseñanzas. La expresión de la emoción es necesaria y parte del proceso de madurez. Estar triste, porque se peleó con un amigo, es normal y aprender a reparar sobre eso, es una experiencia vital que debe existir en la vida de los niños. Como padres debemos propender a generar estados de felicidad, pero entender que esos estados no equlivalen necesariamente a los sentimientos de realización más profundos.

4. Conocer a los hijos es muy importante para entender qué puede generarles una felicidad profunda. Mientras más experiencias de infancia feliz se acumulen, más estabilidad y autoestima adulta habrá. Por eso conviene conversar con ellos y preguntarles ¿qué les puso contentos, por qué lo pasaron bien? Hacer alguna actividad al aire libre, ver una película, acompañarlos en algo que les gusta, entender por qué les gusta algún juego, reírse con ellos, o ir a un partido, es generar instancias y  momentos de felicidad. Conversar, con mente amplia para no sorprenderse con lo que cuenten los hijos. En la medida que demuestras tolerancia van a tener confianza, contarán sus cosas y así será más fácil llegar a ellos.

5. Los regalos son otro tema. Tienen que tener significado, algo por qué celebrar, algo prometido por una actitud, pero no regalar un juguete de moda porque los demás lo tienen.

6. Entregarles valores. Los niños desde temprano aprenden cómo se desarrolla el mundo y las claves sociales; entienden sobre lo moral y lo ético ya a los tres años. Les  hace bien hablar desde muy pequeños sobre la generosidad, el ponerse en el lugar del otro y así el respeto por los demás llega de la mano.

7. El egoísmo puede aparecer con niños que han recibido mucho, pero no agradecen.  Allí lo que sucedió es que no se transmitió correctamente el mensaje.  Por ejemplo decirles: “Yo te acarreo o acompaño porque te quiero, pero quiero que entiendas eso y no porque es mi obligación como mamá”. Que no asuman que es un derecho adquirido. El egoísmo se produce por poca reflexión y falta de tiempo para conversar con los hijos.

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