Escrito por Luz Edwards / Nº 180 /  02 February 2015
La escritura manual no puede morir

Escribir a mano es una habilidad que activa innumerables zonas del cerebro, estimulando el lenguaje, la memoria y el pensamiento. Por eso muchos pusieron el grito en el cielo apenas el teclado se empezó a popularizar. Pero, para tranquilidad de ellos, el uso del lápiz y el papel seguirá vigente, ya que es el puntos de partida del aprendizaje.

Steve Jobs, el afamado co fundador de Apple, no fue a la universidad. Por el alto costo, tuvo que abandonar sus estudios en el Reed College de Portland, Oregon, pero, a cambio, tomó breves cursos de caligrafía. Se fascinó con los distintos tipos de letra, con lo que lograba al combinar diversos espaciados, aunque “nada de esto albergaba siquiera la mínima esperanza de alguna aplicación práctica en mi vida”.

Pero diez años más tarde, cuando estaba diseñando el primer Mac, todo volvió a su mente: sus conocimientos caligráficos le permitieron dar vida a la tipografía que hoy tienen los programas computacionales. Sólo una muestra de cómo, a pesar de los avances tecnológicos, la escritura sigue siendo fundamental para la humanidad.

Ni nostálgicos ni escépticos

Para las generaciones anteriores, una escritura clara y veloz era esencial para todo: registrar los pacientes que llegaban a un hospital, llevar las cuentas de un almacén, apuntar los nacimientos… Tan fundamental era, que existían los calígrafos, gente que perfeccionaba su técnica para realizar profesionalmente ese trabajo.

Con la proliferación de las máquinas de escribir, tras la Segunda Guerra Mundial, la escritura a mano empezó a ser reemplazada. Luego vinieron los teléfonos, los computadores y los correos electrónicos, cambiando radicalmente nuestra forma de comunicarnos. Adiós a las profundas cartas de amor, esas cuyas manchas y borrones dejaban huella de la emoción y pasión con que su autor las escribió. Adiós a esos diarios de vida que registraban toda la trayectoria de una persona y que eran guardados como verdaderos tesoros.

Muchos se comenzaron a preguntar si no estaremos presenciando el ocaso de la escritura manual. La escritora norteamericana Kitty Burns Florey es una de ellos. Se interesó en el tema luego de leer que el uso de teclados estaba reemplazado a la escritura a mano en las escuelas y comenzó a investigar. Las conclusiones están en su libro “Letra y garabatos: el auge y caída de la manuscrita”, que salió a la venta el 2009 en Estados Unidos. “Al leer la noticia, mi primera reacción fue de horror”, ha dicho. “Pero luego pensé: ¿por qué alguien escribiría a mano hoy? ¡Yo misma escribo mis libros en el computador!”.

Cómo no: sus últimas ocho producciones literarias son “hijos” de Word y no recuerda la última vez que el cartero le entregó una carta escrita de puño y letra, con estampilla y timbre, en su casa. Tal como la mayoría de nosotros, prácticamente todo lo envía y recibe por e-mail.

Desde el otro lado del Atlántico, el italiano Umberto Eco entró al debate a raíz de un informe que indicaba que la mitad de los niños de su país tenía problemas para escribir a mano. En su opinión, aunque la pulcritud de la escritura no asegura la brillantez mental, el declive de la enseñanza de la caligrafía ha ido minando el aprendizaje de una habilidad psicomotriz fundamental.

Como él, quienes están preocupados por la pérdida de la escritura manual no son reticentes a la tecnología ni nostálgicos del pasado, sino sólo conscientes de que hay aspectos de la enseñanza que son inherentes al ser humano y que simplemente no pueden pasar de moda.

bondades de escribir a manoUna visión que inevitablemente lleva a la pregunta acerca de la importancia que tendría la escritura y -lo que no es lo mismo- la caligrafía hoy. El académico del Departamento de Lingüística de la Universidad de Chile, Guillermo Soto, explica: “Desde mucho antes de la irrupción de los nuevos medios tecnológicos que se ha investigado sobre el valor de la lengua escrita como puesta al servicio de la oralidad.

Uno de los estudiosos más conocidos del siglo XX es el jesuita Walter Ong, quien planteó que la escritura permite el desarrollo de formas de pensamiento que no eran posibles con el lenguaje oral”. Como plantea en la revista Profesorado Emilio Pérez Vilches, Doctor en Pedagogía de la Universidad de Granada, hablar casi no necesita intención y leer suele exigir un cierto esfuerzo, mientras escribir es una tarea difícil que requiere trabajo y disposición.

Guillermo Soto agrega que en los últimos años, el inglés Andy Clark ha acuñado la frase de que “la tecnología es la extensión de la mente humana”. Es decir, lo que antes hacíamos dentro del cráneo, lo podemos llevar hacia afuera. “Ya el lenguaje oral es una extensión de la mente, pero la escritura es una extensión de la mente aún más fuerte”, explica Soto.

Con él concuerda el grafólogo Patricio González Sepúlveda, quien recuerda: “La escritura es lo que logra diferenciarnos de los animales. Yo diría que es de vital importancia para el crecimiento del ser humano, porque por medio de ella se adquiere el conocimiento. Para que un niño pueda avanzar, debe saber leer, y para eso debe antes saber escribir”.

Las bondades de escribir a mano

La escritura ha sido definida como la representación por medio de letras o signos de una idea o concepto; para su invención fue necesario un gran nivel de abstracción mental. Los últimos estudios (2010) se han encargado de reafirmar su valor. Mediante herramientas avanzadas como las imágenes de resonancia magnética, los investigadores se están dando cuenta que es más que una forma de comunicación.

En niños, ayuda a mejorar sus habilidades motrices, su capacidad de expresión y de generar ideas, porque exige componer la frase mentalmente antes de escribirla. Es más, los movimientos secuenciales de los dedos, necesarios para escribir a mano, activan regiones del cerebro que involucran el pensamiento, lenguaje y memoria a corto plazo; en síntesis, aumenta la actividad neuronal.

Pero ellos no son los únicos beneficiados, dicen los estudios. La escritura manual permite a los alumnos mayores tomar mejores apuntes, en el sentido de que no se restringen a la sola redacción o el punteo. “Hay gente que hace dibujos, otros hacen esquemas, otros gráficos… es algo muy personal y cada uno tiene una técnica que le acomoda”, asegura Guillermo Soto.

El periodista inglés Robert Fisk, por ejemplo, es hincha del lápiz y el papel. Recuerda haberse quedado sin palabras con lo que vio durante una jornada de reporteo mientras cubría la guerra del Líbano. Por eso sus anotaciones se limitaron a un dibujo de una plaza en la cual los muertos abundaban. Sólo logró escribir su nota para el diario más tarde, y basándose en ese dibujo, que trajo de vuelta a su mente todo lo que oyó, olió, y observó.

Por otra parte, escribir a mano conlleva una mejor ortografía, evitando que el computador “piense” por uno y subraye todo aquello que esté mal. En el fondo, exige una mayor reflexión. Incluso muchos psicólogos piden a sus pacientes que escriban sus vivencias a mano, como parte de una terapia muy efectiva para describir los sentimientos más profundos.

Ximena Torres, directora académica del colegio San Joaquín de Renca, ve también una incidencia en la cantidad de palabras que manejan los adolescentes. “Lo grave de las nuevas tecnologías es que te obligan a escribir menos. Ya sea porque el medio así lo establece (Twitter soporta sólo 140 caracteres, por ejemplo) o por razones económicas (mientras más corto el mensaje de texto por el celular, más barato), nos vemos restringidos a la hora de expresarnos. No puedes desarrollar una gran idea en ese espacio y la cantidad de vocabulario que empiezas a utilizar es menor”.

Patricio González complementa: “La escritura a mano aporta en otro sentido también, que es ayudar a fijar el aprendizaje. La mejor forma de entender algo es escribiéndolo. Antiguamente, cuando uno se portaba mal, lo hacían escribir cien veces ‘no me debo portar mal’. Y para estudiar, lo que uno hacía era volver a escribir la materia”.

Asimismo, los adultos podrían mejorar su actividad neuronal de una manera parecida a lo que logran los niños si es que aprenden una lengua gráficamente distinta, como el mandarín o los símbolos musicales. Incluso hay quienes aseguran que la caligrafía podría ser un buen ejercicio cognitivo para la gente que está envejeciendo.

escritura y actividad neuronalPor eso es que en agosto de 1966, en cuanto Gabriel García Márquez comprobó que el original (mecanografiado) de “Cien años de soledad” había llegado a la editorial, rompió y quemó todas las anotaciones manuscritas en las que se había apoyado para escribir la novela. Ante el escándalo general, el autor recurrió al pudor. “Es como que te sorprendan en ropa interior”, dijo, ante la posibilidad de que aquellos papeles vieran la luz.

Y es que, efectivamente, la letra de una persona exhibe mucho de su carácter. El periodista Robert Fisk hizo el experimento y visitó el Musée des Lettres et Manuscrits de Paris. Se encontró con que “los grandes y los genios también escribieron con furia y tristeza y, a menudo, con muy mala letra”. Se impresionó con la letra de Napoleón, una mano militar y obstinada que a veces firmaba “Nap”; con las cartas de Churchill a su mujer, llenas de dibujos de chanchitos; con los escritos de Robespierre, casi ilegibles…

Por algo es que en estricto rigor se le llama escritura autógrafa. Para Patricio González, “tiene el mismo potencial que lanzar un discurso oral espontáneo. En la letra se ve la trayectoria de la persona, su estado de ánimo, sus emociones”. Además, claramente el lápiz y el papel permiten la expresión de ideas o sentimientos que dichas oralmente o enviadas por mail tienen otro valor. Imposible no recordar esas primeras tarjetas de cumpleaños hechas por nuestros hijos con gran esfuerzo, o esas que ya de adolescentes nos sacaron lágrimas por lo sinceras y profundas… más de alguien habrá dicho: “nunca pensé que iba a escribir algo así”.

Querámoslo o no, con las nuevas tecnologías se ha dado otro fenómeno: el fin de la privacidad. Mientras las cartas de antaño estaban dirigidas a alguien, hoy los sentimientos andan flotando por la web. “Estoy chato” o “Soltera otra vez” acompañan los perfiles de Facebook, dando cuenta del estado anímico momentáneo de cada persona. Lo mismo muchos blogs, considerado el diario de vida de la modernidad. Para algunos, como el grafólogo Patricio González Sepúlveda, se trata del punto final del acercamiento entre seres humanos.

Raïssa Kordic, Doctora en Filología y académica de la Universidad de Chile, concluye: “La información se transmite, evidentemente, de manera más acelerada e impersonal, y eso hace que seamos menos reflexivos no sólo en nuestra vida, sino también con el lenguaje. Nuestros ritmos internos antes eran menos impulsivos y lo mismo nuestra manera de decir las cosas; nos centrábamos más en el contenido del mensaje y en su forma estética y mucho menos en el canal de comunicación, que ha pasado ahora a ser el rey.

Es muy simple: si no nos damos el tiempo para leer y saborear una lectura, sino que nos centramos en la agilidad comunicativa y en sus soportes lúdicos electrónicos, evidentemente estaremos disminuyendo nuestra atención a otros aspectos más fundamentales. Sería muy poco científico demonizar a los medios de comunicación y de escritura actuales por sí mismos: el problema es que ellos han llegado a ser un componente principal de una manera distinta y poco reflexiva de vivir”.

LA CALIGRAFÍA SIGUE VIGENTE

Pese a que hoy en día le damos menos uso a la escritura manual, la caligrafía -para algunos, un arte- sigue siendo un eje fundamental en la educación. La educadora Carolina Pérez, directora académica del Helsby Preschool, de La Reina, explica: “Hay destrezas que los niños tienen que lograr sí o sí, independiente de la tecnología. Por mucho que tengan acceso a un computador, los niños van a tener que escribir a mano; quizás no tan seguido como antes, pero es una habilidad que van a necesitar incluso para prepararse un café o escribir en el Blackberry”.

Un sistema distinto, aplicable desde preescolares en adelante, es el grafismo, que promueve la realización de una serie de dibujos previo al aprendizaje de las letras. “Hace veinte años, los franceses se preocuparon del tema porque vieron que sus niños estaban estresados, que no querían ir al colegio, que eran tildados de hiperactivos”, explica Carolina Pérez, quien ha aplicado el metodo. “Se dieron cuenta que desde la pintura rupestre y antes de la escritura, el hombre hacía rayas. Entonces desarrollaron un sistema que consiste en que los niños realicen repetitivamente una serie de movimientos básicos (líneas, serpentinas, olas, puntos), hasta que logren dominar su mano”.

Los niños hacen estos grafismos, pero con un tema artístico-cultural detrás. Por ejemplo, un día se les enseña sobre las máscaras egipcias. Luego, ellos realizan su propia máscara, reproduciendo esta serie de dibujos libremente. Gracias a ello desarrollan también el goce estético, porque todo se hace en un contexto cultural que les permite aprender desde caracteres chinos, hasta mandalas, pintura moderna, etc.

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