Escrito por Pía Orellana G / Nº 157 /  23 February 2015
Un vocabulario bien nutrido

La buena conversación garantiza un vocabulario amplio. Recuperarla es el primer paso para revertir la actual pobreza lingüística.

Que un niño maneje un amplio vocabulario depende de distintos factores, principalmente del medio en que está inserto y de la interacción comunicativa con sus padres y adultos que lo rodean. Hoy muchos acusan una pobreza de palabras y aunque se podría suponer que el que la mujer trabaje fuera de la casa es el factor más importante en esta carencia, no es tan así.

Mariangela Maggiolo, fonoaudióloga y docente de la Universidad de Chile, señala: “La madre es sin duda quien más influye en que el niño desarrolle un vocabulario adecuado, pero hay que considerar que muchas veces éste queda a cargo de otros: la abuela, la vecina… No es cosa de presencia o ausencia de la madre, sino de que el adulto que lo cuide genere un ambiente nutritivo para él. Es decir, que este adulto transmita al niño experiencias y haya una interacción comunicativa”.

Cuando esta falta de vocabulario es severa, repercute seriamente en el aprendizaje posterior, pues no es posible el conocimiento si no se maneja el lenguaje. Pero no sólo eso. “Impacta también en la capacidad del niño de relacionarse con los demás, algo fundamental para los seres humanos. Eso puede afectar su desarrollo social, afectivo y cognitivo”, agrega la especialista.  ¿Cómo lograr que los niños manejen un lenguaje más rico?

Recuperar el tiempo perdido

Aún habiendo muchísimas técnicas, es difícil medir el manejo de vocabulario de un niño. “El gran problema”, dice María Mercedes Pavez, fonoaudióloga y docente de esa misma universidad, “es que el lenguaje va cambiando muy rápido y está demasiado determinado por el medio. A lo mejor un niño no conoce una máquina de escribir, pero sabe lo que es un teclado. Por eso cuesta determinar cuánto domina en realidad”.

Ayudar a los niños a tener un amplio repertorio de palabras parte por recuperar los espacios de conversación. “Mientras menos oportunidades tengan de interactuar con otros, menor su manejo del lenguaje”, dice Mariangela Maggiolo. “Volver a comer juntos, a hacer sobremesa, a ver televisión en familia, a salir a pasear al perro o a la guagua en coche… Eso da ocasión para hablar con los niños de distintos temas”.

En esta misma línea, tratar de someter al niño a distintas experiencias es básico para que éste tenga algo que contar. “¿Qué se le puede pedir a alguien que está todo el día metido en su pieza?”, pregunta María Mercedes Pavez. Llevarlos -según las posibilidades de cada uno- a la plaza, el zoológico, a comprar el pan o tomar helados les muestra nuevos objetos, personas, conceptos, todos los cuales tienen un nombre que ellos comenzarán a dominar.

Por último, es fundamental tomar en cuenta a los niños cuando en forma natural comienzan a preguntar; jamás ignorarlos. Ponerles atención y darse el tiempo para responder con precisión es la clave para que éstos aprendan palabras nuevas.

En el jardín infantil…
Mostrar y decir: este ejercicio consiste en que el niño trae un objeto (un zapato, una colección de piedras, etc.) o animal de la casa y cuenta algo de él frente a sus compañeros. Los demás le preguntan cosas sobre él.
Canciones: una manera de estimular el canto es grabándolos.

En la casa…
Evite la comunicación que se limita a dar órdenes (“ven para acá”, “ponte chaleco”…) e intente una conversación que busque respuestas, que haga pensar (“Hace frío, ¿crees que será necesario llevar chaleco?”).
Estimule los juegos de rol: los bomberos, el doctor, la cajera… eso los hará aprender palabras que no escuchan necesariamente a diario.
Los niños se divierten con los juegos verbales: las rimas, los trabalenguas (“¿Con qué palabra rima Catalina?” Dirán: cocina, mandarina, etc.).

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