Escrito por Andrea Puyol M. / Nº 224 /  12 abril 2015
La importancia de los premios en la vida del un niño

En el cuento Alicia conoce a algunos animales con quienes cae al algua. El dodo organiza una carrera para secarse y decide declarar ganadores a todos los participantes. Alicia reparte caramelos y ella misma recibe un simbólico dedal de premio.

La carrera en que participa Alicia y los animales no tiene reglas ni duración definida, salvo correr en círculos, lo que hacen todos hasta quedar secos. El Dodo declara ganadores de la carrera a todos los participantes y decide que Alicia sea quien otorgue los premios. Alicia hurga en sus bolsillos y encuentra varios confites que reparte entre todos. Como la niña también fue ganadora de la carrera pero no recibió confite, su premio es un dedal que ella misma tenía en el bolsillo; se lo entrega al Dodo para que éste se lo de como un premio simbólico.

El efecto no buscado de algunos premios y elogios

Premiar o no a un niño por un logro o por hacer un esfuerzo por superarse a sí mismo, es una herramienta poderosa a la que los padres pueden echar mano durante la formación de sus hijos. Sin embargo, muchos no la utilizan por miedo a exacerbar un apetito insaciable de sus niños por obtener premios y objetos. Lo cierto es que no es un tema simple y, por eso, se debe abordar con sabiduría y consejo.

La filósofa y magíster en psicología educacional Bernardita Debesa indica que “en la formación de la autoestima del niño juega un papel muy importante la opinión que sus adultos significativos (principalmente padres y profesores) tengan de él. Hay evidencia de que el reconocimiento lo más explícito posible de lo que hace bien un niño, tiene un poderoso impacto en la formación de una autoestima positiva, además de crear vínculos positivos con sus padres y profesores”.

Respecto a la conveniencia de los elogios como reconocimiento señala que “también hay ciertos estudiosos que advierten que el elogio puede ser dañino para el niño. Alfie Kohn, por ejemplo, es especialmente crítico en este aspecto. Este autor señala que los elogios incrementan la dependencia de los niños a nuestras propias evaluaciones, lo que los lleva a medir su valor en términos de lo que a nosotros nos hará sonreír y darles un poco más de aprobación”.

¿En ese sentido, tu coincides con Alfie Kohn?
– Personalmente, pienso que el elogio merecido produce efectos positivos para el niño, pues lo hace sentirse satisfecho de sí mismo y tenderá a repetir esa conducta positiva, lo que irá dando lugar a hábitos buenos o virtudes. Eso sí, me parece que el elogio por sí mismo no es suficiente, sino que debe ir acompañado de una explicación de por qué esa acción es buena. Obviamente, la explicación debe ser acorde a la edad del niño. Por ejemplo, al felicitar a un niño por haberle prestado su juguete al amigo, es necesario recalcarle la importancia de compartir porque eso hace felices a los demás. Es decir, el elogio debe ir acompañado de una explicación del valor de la acción misma, porque si no, se corre el riesgo de que el niño actúe sólo para conseguir reconocimiento.

REFORZAMIENTO POSITIVO

Para Bernardita Debesa el reforzamiento positivo tiene que ver con la importancia de apoyar e incentivar a nuestros niños y ayudarlos a sentirse bien con ellos mismos.

¿Los premios son un reforzamiento positivo?
– El premio, que puede ser material o no, es una de las herramientas que se pueden utilizar para esto, pero es algo secundario. La principal herramienta del reforzamiento positivo es reconocer verbalmente y con intencionalidad, lo que hacen bien nuestros hijos.

¿Cuál es la diferencia entre el premiar a un niño y el reconocerle un logro?
– Reconocer un logro a nuestros hijos tiene que ver con hacerle ver lo bien que se ha portado y decirle que estamos orgullosos de él. El premio, en cambio, dice relación con darle algo, que puede ser material o no, a cambio de su buena conducta.

¿Se debe reconocer el logro de un niño a través de un premio?
– No hay nada que haga sentir mejor a un niño que el orgullo y la satisfacción de los padres frente a una acción que realice. En este sentido, los premios más valiosos para un niño son las muestras de cariño como besos, abrazos, felicitaciones y elogios. Además, alabar sus conductas positivas en público es también de gran utilidad. Los premios no necesariamente deben ser materiales. Una forma de premiar conductas positivas sería establecer una asignación de puntos por cada cosa que hagan bien los niños y premiarlos cuando junten cierta cantidad. Por ejemplo, podrían juntar puntos por cada vez que se comen la comida, y al final de la semana, el que juntó los puntos necesarios podría ser recompensado con su comida favorita. Para los niños más pequeños, se pueden utilizar stickers. En cuanto a los premios materiales, estos pueden usarse de vez en cuando, pero sin que el niño se acostumbre a hacer las cosas solamente para obtener algo material. Además, se debe hacer énfasis en los beneficios que esa acción tiene para él mismo.

¿Se puede estar haciendo un daño al premiar constantemente a un niño?
– El peligro que entraña el estar premiando constantemente es que le enseña al niño a actuar por la recompensa que recibe más que por el valor de la acción en sí misma. Los premios no deben ser una respuesta frente a todas las acciones buenas, pues esto puede provocar que el niño sólo actúe a cambio de premios, y además, dejarían de valorarlos. En el caso de los premios materiales (que pueden ser dinero o cosas), el peligro que entrañan es que pueden producir en el hijo el deseo de tener más, en vez de despertarle las ganas de ser mejor. Los hijos deben saber que un buen premio es la alegría de haber actuado bien. Además, si sólo se actúa movido por la obtención de un bien material, cuando éste no exista, no habrá razón para hacer el bien.

Bernardita Debesa señala que todos los niños son distintos y tienen distintas habilidades por lo tanto no se puede estandarizar los logros para premiarlos. “Hay cosas que a algunos niños se les dan muy fáciles, en cambio para otros significan un gran esfuerzo. Por ejemplo, para algunos niños portarse bien en misa o en viajes largos en el auto no reviste una especial dificultad porque son niños tranquilos. Para los que son más inquietos, en cambio, esto representa un gran desafío. Entonces, creo que se podría premiar a los segundos con un sobre del álbum que están coleccionando, por ejemplo. Eso sí, siempre que además esté presente el elogio, que es el mejor premio, y la explicación de por qué esa es una buena acción”.

¿Qué se debe premiar y qué se debe castigar?
– Se debe premiar el esfuerzo, no la acción en sí. Y se debe castigar la falta de esfuerzo. Es importante reconocer el progreso. Por ejemplo, si subió de un 4.0 a un 4.5, decirle te felicito subiste 5 décimas, en vez de podría haber sido un 6.0. Lo importante es que el niño se sienta cada día más a gusto por el hecho de ir mejorando.

LOS PREMIOS NO FIJAN CONDUCTAS A LARGO PLAZO

El psicólogo deportivo Rodrigo Cauas, señala que “premiar a un niño con algo material por haber logrado algo específico no es malo pues los niños son más concretos y por lo tanto entregarles algo, una cosa, tiene efectos similares a las palabras que se les podrían decir felicitándolos”. Pero aclara: “los premios sirven para generar acciones positivas sólo en el corto plazo, pero en el largo plazo se van extinguiendo; al comienzo generan una motivación, pero si yo quiero tener a una persona estable en una conducta, los premios no son tan efectivos. Es por eso que como medida esporádica están bien, pero como medida permanente no. Sirve más para poder extinguir conductas negativas, más que para potenciar y fijar conductas positivas”.

¿Cuáles serían las circunstancias en que sería aconsejable el premio además del reconocimiento?
– En general yo aconsejaría utilizar el sistema de premio entendiendo dos premisas: primero, si alguien desea que su hijo fije una conducta o la mantenga, se debe hacer un reconocimiento e incluso premiarlo, pero teniendo en cuenta que no se debe usar el premio como algo constante. Segundo, también aconsejo premiar a los niños cuando más que un resultado, logran controlar algo que no es bueno para ellos, es decir, este premio tiene que ver más con un proceso interno, un esfuerzo propio por superarse, esto se ve mucho en la práctica deportiva.

¿El cerebro humano necesita premios?
– Para registrar conductas, sí. Se debe obtener algo a cambio que permita establecer una sensación positiva cuando se realiza una acción. Sin embargo, los reforzadores de la conducta deben venir desde dentro de la persona no desde fuera. Es importante que el niño al tener una conducta positiva obtenga un reconocimiento y por eso se sienta bien, entonces cuando más tarde tenga que elegir qué hacer, optará por la conducta que lo hizo sentir bien. Por ejemplo, cuando sea la hora de que haga un deporte, es importante que el niño esté contento y que le guste porque así se sentirá bien cuando lo realice y cuando obtenga logros se sentirá bien y realizado y en otras circunstancias de la vida podrá replicar esa acción porque ya conoce lo bien que se siente por dentro el lograr cosas y superarse a sí mismo.

Rodrigo Cauas también advierte sobre limitar el nivel de los premios: “No se puede regalar un auto si le va bien en el colegio, los premios tienen que ir relacionados con lo que hacen, la norma es que no sean cosas que sean desproporcionadas porque el cerebro del niño y del joven va estableciendo categorías en su cabeza y más tarde buscará ser premiado con cosas más grandes y costosas por logros comunes”.

¿Cómo se puede manejar la situación para el niño o compañero de curso que no está recibiendo un premio o un reconocimiento?
– Primero se debe dejar en claro para todos los niños (hermanos o compañeros de curso) que se premiará a las personas que hagan bien algo específico, y luego se debe decir cuál será el premio. Una vez terminado ese proceso y cuando ya se sabe quién obtuvo el premio, se debe reforzar la idea de que ese niño recibió este premio porque hizo bien tal cosa, así habrá claridad y se bajarán los niveles de ansiedad en el resto.

EL PELIGROSO EFECTO GANADOR
Rodrigo Cauas, señala que este efecto trata sobre la mentalidad que se genera en niños que se acostumbran a ser premiados y reconocidos solo cuando ganan a los demás y no cuando hay un logro interno de superación. Se acostumbran a ganar y sus cerebros se acostumbran a obtener placer a través de la dopamina, sólo al ser ganadores. Esto lo llevan a sus vidas y deben estar en constante obtención de esa sensación de placer al sentirse ganadores y si no la obtienen son capaces de llegar a acciones no muy positivas solo con el objetivo de obtener ese placer de sentirse ganador.

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