Escrito por Felipe Hidalgo Bustos /  29 June 2015
Corazón valiente

“Estamos llamados a ser protagonistas de nuestra propia película. Nuestra vida debe tener la trama, los ingredientes y el sabor de un guión que nunca terminará”.

Hace poco días murió la señora Olga Rist de Kast, un año después que su marido, don Miguel. Nunca los conocí en persona, pero me bastó conocer a un par de hijos y nietos suyos para saber que detrás de este matrimonio había un secreto: pasión por la vida y pasión por la familia. Eran poseedores de un corazón valiente.

Se conocieron hace más de 60 años en Alemania, cuando don Miguel, en un acto humanitario visitó a la familia de su futura señora, para entregarles noticias de su hermano recluido junto a él en un campo de prisioneros a fines de la Segunda Guerra Mundial. Luego de fugarse y caminar durante semanas, llegó la casa de los Rist, para entregar noticias de su hijo que había estado junto a él. En ese momento conoció a Olga, una joven alemana de 21 años y de quien quedó completamente enamorado, comenzando una hermosa historia de amor, que se compone de grandes tragedias, alegrías y esfuerzo por salir adelante y conseguir mantener a su familia. Llegaron a Chile y tuvieron 10 hijos. Tres de ellos murieron a temprana edad por diferentes y dolorosas causas.

Entre las múltiples alegrías y penas, esfuerzos y postergaciones, aciertos y fracasos, suertes y desdichas, los Kast Rist fueron dando vida a una historia como la de tantos, como debiera ser la de todos. Una verdadera película de aventuras, de acción a veces, de terror otras, romántica siempre y de amor por definición. Nuestra vida debe tener la trama, los ingredientes y el sabor de un guión que nunca terminará. Así como la suerte, los buenos momentos y las “escenas” felices son parte de la vida, también lo son los momentos duros, cuando parece que la cinta se queda pegada. Pero la película avanza y necesita pasar por esas partes dolorosas. Tenemos que contar con el dolor en nuestras vidas. Vivir de espaldas a éste es simplemente vivir escapando, evadiendo y transitando por un laberinto.

En todas las películas también hay diálogo y conversación. Debemos ser grandes conversadores sin ningún temor a llegar al fondo de los temas hasta aclarar cualquier duda mirándonos siempre a los ojos. William Wallace lo dijo en la película Corazón Valiente “Pregúntele al rey, de frente. Hágalo… y vea si sus ojos la convencen de la verdad.” Debemos abrazar las humanidades porque somos esencialmente humanos, personas. Debemos saber salir adelante, con toda la adversidad en frente y sin quejarnos y decir junto a Wallace “Si me desmayo o me quejo; entonces el rey me habrá vencido.”

Existen películas buenas y malas. Generalmente las películas buenas son las que nos hacen reír, llorar, emocionarnos, estar atentos y finalmente nos hacen salir del cine distintos a como entramos. Que nuestra vida sea como la de don Miguel y la señora Olga, que no termine nunca y se proyecte en la eternidad, como la de William Wallace o la de tantas otras películas que no nos permitieron quedarnos dormidos. Si nos da sueño en nuestra vida o estamos “cansados y sin energía”, como decía Omar Shariff, no nos quedará otra que ponernos una pulsera Optima y ver cómo se nos pasa la vida frente a nosotros mismos, sentados en la última fila.

 

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