Escrito por Angélica Heredia / Nº 226 /  22 June 2015
Magistrada Mariajosé Casanova: Adiós a los padres ausentes

La Ley 20.680, conocida como “Amor de papá”, fue promulgada en junio de 2013. Vino a cambiar el paradigma de que los hijos debían ser criados esencialmente por la madre. ¿Qué ha pasado durante estos dos años? ¿Los padres se han hecho cargo de esta igualdad frente a la ley?

El año 1979 la película Kramer vs. Kramer puso sobre la mesa un tema que en las próximas tres décadas se extendería a toda la sociedad occidental: el de padres que llegan a tribunales para pedir la tuición de sus hijos.

En Chile, el 21 de junio del 2013 se promulgó la Ley de Tuición Compartida, Ley 20.680, conocida como “Amor de Papá” y ésta consagró el principio de corresponsabilidad en la crianza y educación de sus hijos. Desde entonces, en forma exponencial, ha aumentado el número de hombres que piden quedar a cargo del cuidado de sus niños tras una separación. Sin embargo, está ley va mucho más allá y señala que el cuidado de los hijos es un deber prioritario del padre y de la madre, y también, permite a los abuelos ver más a sus nietos.

Magistrada, dos años después de la promulgación de esta ley, ¿puede decirse que hemos vivido un cambio de paradigma en esta materia?
– Esta norma, que vino a hablar sobre la corresponsabilidad parental, generó en un principio muchas expectativas. Los primeros años tuvimos muchos ingresos para obtener el cuidado compartido a través de tribunales. Luego se fue entendiendo que el cuidado compartido tenía lógica y sentido solamente si venía de partes en donde se había logrado de antemano acuerdos para relacionarse adecuadamente. Con el tiempo las expectativas fueron bajando y se aterrizó a la realidad, que tiene herramientas con las que contamos actualmente.

¿Los padres ganaron más terreno y derechos?
– En cierto sentido se puede pensar que los padres sí han tratado de ganar mayor terreno en el cuidado personal de los hijos, entendiendo que hay una normativa que los respalda, ya que hoy se los considera con los mismos derechos que la madre. Antes de los cambios a la normativa se partía de la base que la madre tenía casi un derecho de propiedad sobre los hijos.

Magistrada Mariajosé Casanova, Presidenta  del Segundo Juzgado de Familia de Santiago¿Y se percibe mayor interés en las nuevas generaciones de padres por hacerse cargo de los hijos?
– Sí, hoy en día los padres sí tienen más interés de hacerse cargo y lo piden más en los tribunales, porque saben que hoy tienen más posibilidades de ganar un juicio de cuidado personal de los hijos.

¿Y por qué considera usted que los padres quieren estar más presentes que generaciones anteriores?
– Creo que se ha manifestado un cambio que paulatinamente se venía dando en la sociedad. Desde el momento en que la mujer se fue incorporando al mundo laboral necesariamente hubo que empezar a repartir funciones. Ya no vemos que la mujer esté a cargo de la crianza y educación de los hijos y el padre sea el proveedor. Hoy muchos hogares son sostenidos por las mujeres, la ayuda doméstica tampoco es algo seguro y viable como antes. Hoy la familia tiene que repartirse las responsabilidades. Al tomar el padre un rol más activo en la vida cotidiana, también se acercó más a los hijos. Esto genera un lazo distinto, que no es del padre distante y proveedor de antes.

Adiós al régimen de visitas

¿Y se observa realmente que el padre está cooperando más en la crianza?
– Yo creo que sí, la participación del padre ha mejorado muchísimo, pero falta aún que sea en la misma proporción. Especialmente he notado en el último año un cambio sociocultural, un nuevo enfoque de hombre que ya no es el padre proveedor clásico.

¿La ley fue inductora de cambios?
– Dio herramientas a los padres para pedir. Antes la madre tenía casi un derecho de propiedad sobre los hijos. En el caso de los padres separados existía el llamado “régimen de visitas”, porque en el fondo la mamá era la dueña de sus hijos. Y hoy no es así y por algo estamos hablando de un cuidado personal y no de una tuición, no de una figura legal sino de un ejercicio. En otros casos, ya no se ve si la madre es inhábil para criar, sino que se estudia y analiza quién de verdad tiene más tiempo para cuidar a los hijos, quién tiene más cercanía, quién le va a permitir al otro el estar más presente con los hijos. Al valorar esas herramientas, también desde la ley estamos influyendo para que ambos padres se acerquen a los niños e influyendo para que el padre asuma un rol activo de crianza y en el desarrollo de su hijo. La ley vino a mostrarle al padre que tenía mucho que entregar y hacer por su hijo.

Se decía que antes había abuso por parte de las madres, ¿lo cree así? ¿Era muy difícil que un padre tuviera peso en el cuidado personal de los hijos?
– Creo que sí. Era muy difícil que fuera de otra manera. Hoy se consideran otros elementos. Quién está con el niño, cuánto tiempo lleva con él o ella.

¿Por qué cambió la ley?
– Hubo personas que se atrevieron a ir aplicando la ley y extendiéndose más allá, observando la tendencia. Era un cambio social evidente, el padre había empezado a tomar un rol activo, venía gestándose y de repente logró manifestarse.

¿Fue un acierto?
– Fue un acierto, pero también una decepción porque se pretendía que la sentencia definiera que el padre tenía un rol protagónico y eso no se puede imponer por ley. Por ejemplo, si un padre vive en Maipú y la madre en La Florida no pueden compartir la llevada de los niños al colegio, o que los niños intercambien casas sin problema. Compartir muchas tareas del día a día solo se puede dar si los padres logran tener una relación fluida con el otro. Y si yo tengo un relación fluida con el otro, no necesito llegar hasta el tribunal para que me digan lo que tenemos que hacer. Las primeras demandas de cuidado personal que rechazamos por improcedentes, hicieron mucho ruido. Pero son los padres los llamados a hacer los esfuerzos por fluir, el cuidado siempre tiene que ser compartido. Es la alternancia en el cuidado la que hay que regular, es decir cuánto tiempo pasarán con uno y con el otro. Eso es alternancia, porque repito, el cuidado personal siempre debe ser compartido. La coparentalidad vino a decir eso: los dos pueden ser padres y ser parte del proceso de crianza.

LO QUE MODIFICÓ ESTA LEY:
1. Antes: El Código Civil establecía que el cuidado personal de los niños ante una separación recaía automáticamente sobre la madre.
Ahora: Ante la falta de acuerdo respecto del cuidado de los niños, el padre tiene los mismos derechos que la madre para solicitarlo.

2. Antes: El tutor de los hijos tenía toda la autoridad para decidir aspectos claves en la vida de los hijos: educación, vivienda, salud.
Ahora: Ambos padres tienen los mismos derechos sobre los niños, independiente de quien tenga el cuidado personal.

3. Antes: La patria potestad, que se refiere al patrimonio de los niños, recaía completamente en el padre, aún cuando ellos vivieran con la madre.
Ahora: Hoy ambos padres en conjunto ejercen este derecho.

4. Antes: Los abuelos debían acudir a tribunales para poder ver a sus nietos.
Ahora: Se consagra el derecho de visita de los abuelos, incluso cuando uno de los padres se oponga.

“Creo y veo que hay muchos padres y madres inmaduras”

¿Y usted ve a los padres igual de maduros que las madres para cumplir su rol?
– Hace un tiempo tuve a un perito experto en una audiencia, un reconocido psiquiatra, que expuso brillantemente lo siguiente: “Estamos viviendo en una sociedad que está siendo manejada y gobernada por adolescentes. La adolescencia se ha prolongado y hoy tenemos adolescentes de 35 ó 40 años y que además están a cargo de grandes roles en la sociedad. Creo y veo que no solamente los hombres o padres son inmaduros. A veces uno ve a los madres y padres peleándose por cuidar “a la muñeca” de 15 años, sin entender lo que implica la parentalidad. Por otro lado, también se ven casos de jovencitos de 18 años que son papás y que se lo toman con mucha responsabilidad.

La adolescencia prolongada, ¿es una tendencia generalizada?
– Si, realmente es muy generalizada. Yo me pregunto: ¿cuántos matrimonios se celebran con intención de jugárselas hasta el final? Acá veo todos los días matrimonios que se casaron, gastaron millones en la fiesta y en la luna de miel, pero vuelven y listo, se quieren separar porque no se aguantaron. Estamos frente a una realidad: el matrimonio ya no se aborda con la misma seriedad que antes. ¿Será quizás que ya no lo estamos tomando con madurez? Creo que el compromiso es lo que muchos ya no quieren asumir. Ahora se ve que no me gustó, no me acomodó, me gustó otro y se acabó no más. Cuando no hay niños, bueno, cada cual asume lo suyo por su lado, pero cuando hay niños de por medio, es ese grado de inmadurez el que los afecta. Cuando hay inmadurez, es muy difícil que se pongan de acuerdo, es difícil que piensen en el otro antes que en ellos mismos y cuando alguien no es capaz de pensar en el otro y se antepone ante cualquier cosa, incluyendo a los hijos, empezamos a tener los problemas más serios.

Esa capacidad de ponerse en el papel del otro, ¿ha disminuido a través de los años?
– Nosotros aquí en los tribunales de familia vemos a los que no tienen la capacidad de pensar en el otro, tenemos una visión sesgada. Y eso lo tengo que repetir todos los días en las audiencias. Les digo: “Usted está pensando en usted o en ganarle a él o a ella; no está pensando en que su hijo está al medio y que ustedes lo están tirando de un lado a otro”.

LAS RESPONSABILIDAES ECONÓMICAS
Magistrada, existen evidencias de que muchos padres que no poseen trabajos formales o con contrato, evaden su responsabilidad de pagar mensualmente para el sustento de sus hijos. ¿Cómo se abordan esos casos en los tribunales?

¿Dónde dice que haya que tener un trabajo con contrato? Hay muchas maneras de mostrar que el padre tiene recursos para apoyar económicamente a su hijo. La norma legal tienen herramientas que permiten presumir ingresos y los jueces fallamos conforme a las leyes de la sana crítica, que tiene que ver con la experiencia, las normas legales disponibles: como juez uno puede darse cuenta de lo que se intenta esconder. Los abogados deben usar todas las herramientas que la ley les confiere para pedir lo que sea justo para los hijos. Muchos abogados no saben hacerlo. Ellos critican que lo jueces no saben resolver, pero nosotros vemos que algunos de ellos no saben pedir.

Los niños no quieren estar en la mitad del conflicto

Si pudiera dar una opinión sobre cómo fortalecer la familia, ¿qué diría?
– Lo que falta es compromiso, responsabilidad. Yo repito una y otra vez: la familia no se termina con una separación. Debe seguir el respeto, la empatía y y el deber de poner muchas cosas sobre la mesa antes de mi comodidad o conveniencia.

Y los niños que usted ve aquí en los tribunales, ¿a qué es lo que más le temen?
– Creo que a perder lo poco que tienen. Normalmente la jueza está acompañada de una psicóloga y yo les repito y cumplo a cabalidad ese compromiso, que lo que ellos expresan no lo sabrán sus padres, ni el abogado ni nadie. Y ahí se produce el primer gran relajo y cambio de cara. En ese momento hay muchos que se abren mucho y descansan. Uno los ve desesperanzados, agotados, porque lo que más les cansa es la dinámica del conflicto, el sentir que están en el medio de una fuerte tensión. Los niños lo que menos quieren es estar metidos en el conflicto. La esperanza de que sus padres se lleven bien siempre está presente.

¿Y los ve soñar con una reconciliación?
– Depende. Lo que más quieren es paz, tranquilidad. Y eso es algo que siempre les repito a los padres. En la medida que ustedes sean buenos padres, su hijo va a crecer sin problemas. Un niño puede tener un desarrollo sumamente normal si los papás tienen una dinámica de coparentalidad adecuada. Si comparten tiempo, si existe un diálogo.

¡A TÍ TE AFECTA!
Esta ley habla sobre “corresponsabilidad parental” y señala que la crianza y educación de los hijos debe ser asumida por igual por el padre y la madre.

Algunas investigaciones demuestran que hay padres que no se involucran más en el día a día de sus hijos porque las madres no les permiten entrar en un área que ellas consideran como suya.

El ejemplo que se da a los hijos hombres debe ir en esta línea: aún cuando el padre sea el proveedor, ello no lo dispensa de la preocupación emocional por sus hijos.

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