Escrito por Andrea Puyol M. / Nº 227 /  12 July 2015
“Papás, quiero ser artista”

Ante este anuncio muchos padres recomiendan a sus hijos dejar el arte como un hobby; otros les dicen: “Como yo pago tus estudios, estudias lo que yo quiero y después verás tú lo que haces con tu plata”. Muchos menos se alegran y entregan todo su apoyo. Los testimonios de dos jóvenes artistas nos permiten evaluar que tan justificadas son las aprensiones paternas.

Daniela Fuenzalida, actriz egresada  de la Escuela de Teatro UC:
“EL QUE SE MUEVE Y ESFUERZA, LOGRA QUE LE VAYA BIEN”.

Egresó hace dos años de Teatro, fue buena alumna y no le ha faltado trabajo, pero reconoce que no ha sido fácil.Durante sus años en el colegio Nuestra Señora del Camino no se distinguió por ser “matea” pero sí por su capacidad de liderazgo y por una personalidad muy atractiva. Siempre tuvo claro que quería estudiar teatro, estar en un escenario o eventualmente en la TV. Pero cuando decía que quería ser actriz, la palabra hobby aparecía en todos los adultos que la rodeaban. Sus padres no la presionaban, pero sí le decían que mirase otras opciones sobre todo por el tema económico.

Cuando entró a la enseñanza media se puso muy estudiosa y empezaron, según sus propias palabras, a interesarle más las notas. Se  compenetró en el mundo de la ciencia y la biología. Entonces cuando llegó el momento de entrar a un preuniversitario y sobre todo porque había madurado en ella la idea de que era muy difícil mantenerse económicamente en teatro, se volcó a la posibilidad de estudiar carreras científicas: medicina como su papá, enfermería, o biología marina. Sin embargo nunca dejó de lado los talleres de teatro y su amor al cine.

Así y todo dio la prueba especial de Teatro en la UC. “Me convencí de que quería estudiar eso, boté los libros de biología y me conseguí los de historia para dar una buena PSU y entrar definitivamente a teatro”.

Cuando le comunicó a sus papás la noticia, nuevamente le preguntaron si no prefería dejarlo como hobby. Sin embargo, no fue un shock para ellos porque siempre mantuvo teatro como una opción. Así comenzó el 2009 en su carrera que ella califica como muy exigente y demandante. “Tienes muchos ensayos, vas al teatro, respiras teatro; es una carrera en que tienes que estar en continuo movimiento”, cuenta Daniela.
También recuerda que estudiando se dio cuenta de lo difícil que sería salir al mundo laboral. “En la universidad cuentas con salas y equipos a la mano, con gente que te ayuda, con la posibilidad de construir escenografías y luego poder guardarlas, etc. Es muy cómodo estar ahí. Después, al salir, hay un shock. Primero por los fondos disponibles, si quieres hacer una obra tienes que postular al FONDART, arrendar sala para ensayar y luego para estrenar, eso  antes de comenzar a ganar plata por tu trabajo”.

“Hemos hablado con algunos compañeros y llegamos a la conclusión que en Teatro hay que tener un pie adentro y un pie afuera; hay gente que logra solo hacer teatro y que logra los FONDART, o se mantiene con clases muy fijas en lugares establecidos, o que tiene una carrera en TV que es lo que generalmente más paga. Pero no es lo habitual. Entonces tener un pie afuera significa que hay que tener otro trabajo, eso ayuda mucho”, dice.

¿Cómo te ha ido a ti?
– Bien, yo he tenido la suerte de haber tenido trabajo siempre. El año pasado me llamaron unos profesores para hacer dos obras diferentes y con una de ellas llamada La dama boba, nos vamos ahora al Festival de Teatro Clásico en Almagro, España, que es uno de los más importantes en este tipo. Tendré la oportunidad de ver a otras compañías y voy a actuar en otro contexto. Además estoy con una obra en las mañanas en el Teatro de la UC, con funciones para colegios, y despertarme para ir a hacer teatro se siente muy bien. Además estoy trabajando en un proyecto de una obra propia.

¿Qué haces además?
– Yo hago clases en unos talleres electivos de II y IV medio en el colegio Mariano y también en 8° básico. Además trabajo como asistente en una oficina de arquitectura porque es un trabajo fijo por el cual me pagan mes a mes. En el teatro los pagos se pueden atrasar hasta tres meses.

¿Cómo les va a tus compañeros y colegas?
– Hay de todo, están los que siguen y les va bien, y otros que definitivamente han dejado el teatro por otros trabajo. En general el que se mueve y esfuerza logra que le vaya bien. El que es flojo o no le gusta ensayar, no tiene futuro en esta carrera.

¿Cuáles son tus proyecciones?
– La verdad es que me interesa hacer mi carrera acá, tal vez salir a estudiar, pero me interesa realizar mi trabajo acá. El currículum en teatro se hace actuando y de verdad tu trabajo es tu carta de presentación.

Daniela reconoce que lo más difícil que ve en el haberse dedicado  al Teatro es definitivamente la inestabilidad económica: “Uno presenta, tiene temporadas con las obra que hace, pero cuando se acaba la temporada hay que empezar todo de nuevo. Uno además de hacer teatro, tiene que mantenerse económicamente; entonces eso a veces te puede distraer”.

Felipe Zenteno, estudiante de Música:
“ME PROYECTO COMPONIENDO MÚSICA PARA TEATRO Y CINE”.

La historia de Felipe es distinta, su familia es una familia de músicos: él partió estudiando piano clásico a los seis años con su hermano que es pianista y estudia en la escuela Eastman de Nueva York.  Felipe, en cambio, siguió solo hasta los 12 años porque era, según él, más flojo y no tenía la disciplina que se requería.  Después, hasta los 18 años estudió guitarra clásica con su mamá que es profesora de este instrumento. Pero no pudo seguir porque no se sentía cómodo con que su propia madre fuera quien le enseñara.  Al terminar IV medio en su colegio San Ignacio entró a estudiar Psicología en la UDP.

En ese momento decidió dejar la música como hobby, tal cual se lo habían dicho muchas personas. Sí, porque a pesar de que su hermano es pianista y su mamá profesora de guitarra, su papá es ingeniero comercial de familia de campo, muy conservador, y más de alguna vez le sugirió estudiar música como hobby.  Sin embargo al año Felipe dejó Psicología y se fue a estudiar composición a la Escuela Moderna de Música donde permaneció dos años. Luego se pasó a estudiar la misma carrera a la Universidad Católica.

¿Qué te hizo cambiarte de psicología y dedicarte a la música?
– Cuando mi hermano entró a estudiar en la Eastman School of Music en New York, me empecé a cuestionar y a replantearme qué estaba haciendo yo con la música, si habíamos tenido la misma infancia, porque yo no podía dedicarme a esto y tomarlo en serio. Obviamente yo no soy músico de conservatorio, pero quería hacer algo que tuviera que ver con la música.

¿Qué pasó con tus papás cuando les contaste?
– Les dije que iba a probar, de hecho congelé Psicología, les dije que iba a probar un año y lo hice. Luego pasó ese año, y otro año y así y después me fui a la UC a estudiar Licenciatura en Música con mención en composición.

¿Qué papel ha jugado tu mamá en tu desarrollo artístico?
– Para mi mamá esta es una batalla ganada, que los dos hijos fueran músicos es una alegría grande para ella. Ella nos ha ayudado mucho, siempre con la verdad en los conciertos, diciéndonos lo bueno y lo malo.

Y con ese mismo estilo honesto, su mamá les traspasó  la experiencia de que dedicarse a la música es una opción más y no un salto al vacío. Por eso Felipe siente  que en lo económico se puede subsistir y que “si bien no es  una tremenda fuente de ingreso, se puede vivir bien. Por ahora las clases particulares me generan ingresos que me permiten ahorrar y financiar algunas cosas.

¿Cómo te proyectas en esta carrera?
– En un mes más me dan la respuesta de un pequeño intercambio a través de la universidad. Estoy postulando a New York, a Londres y a Tokio. Me iría por seis meses a estudiar y a conocer, quiero apartarme un poco de la academia porque he estudiado mucho. Luego de eso y de terminar mi carrera me proyecto más componiendo, por ejemplo, para Teatro o Cine.

A sus 24 años Felipe también tiene claro que no está en música para flojear y que si quiere salir adelante tiene que atreverse a explorar, pero que se debe mantener el equilibrio entre lo que se compone para un público más hermético y entre lo que se compone para otro público que necesita mayor cercanía a la música.

JÓVENES AUDACES Y VALIENTES
Para José Francisco Zegers, director de  Escuela de Comunicación del  DUOC, los jóvenes que estudian carreras artísticas representan perfiles muy diferentes. “Un músico es más introvertido que un actor, algunos son más sensibles a los cambios que otros…, pero lo que sí veo es que son jóvenes con vocación muy grande; audaces y valientes, porque pocos son los que se atreven, y por eso les gusta sentirse especiales”.

¿Por qué crees tú que jóvenes chilenos que son talentosos para estas carreras,  desechan la posibilidad de estudiarlas?
– Es difícil generalizar. Existe una presión de las familias: en estratos socio-económicos altos, los padres quieren que estudien carreras más tradicionales; en los más bajos, muchas veces depende de estos jóvenes el sustento de la familia, y es por eso que eligen trabajar en vez de estudiar u optan por otra carrera.

¿Prefieren tomarlas como un hobby?
– Al final, no les queda otra opción. Ser profesional en estos ámbitos es muy exigente y requiere tiempo.

¿Qué le aconsejarías tú a los padres de los niños que quieren estudiar este tipo de carrera?
– Que guíen a sus hijos para que tomen su propia decisión, con libertad. Es verdad que ejercer cualquier expresión artística es una vocación compleja, pero tiene una trascendencia que pocas profesiones pueden alcanzar. Es una pena -lo he visto en más de una ocasión- negarles esa posibilidad porque no es lo que uno quiere para ellos. También suele ocurrir que hay padres que dicen: “Como yo te pago los estudios, estudias lo que yo quiero y después verás tú lo que haces con tu plata”. Ahora bien, llegado a un acuerdo mutuo, el padre, desde su autoridad, sí que puede y debe exigir que su hijo se deslome por sacar adelante sus estudios.

¿Qué campo laboral tiene alguien que estudia una de estas carreras?  
– Es verdad que muchos estudios de empleabilidad muestra que las carreras artísticas tienen empleo pertinente, más limitado y rentas más reducidas. Es razonable, por tanto, el temor por el futuro. También es verdad que es sacrificado, pero todo trabajo lo es.  Pero en definitiva, lo que realmente llena la vida no es pensar en el futuro, sino poner todos los medios en el presente para que el futuro sea el que se busca. Estas profesiones, como cualquier otra, son 99% transpiración y una persona que se esfuerza por trabajar bien siempre podrá llevar pan a su mesa. Lo que me parece realmente triste es que se condene a alguien a destinar toda su vida laboral a algo que no le hará feliz.

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