Escrito por Claudia Tarud / Nº 228 /  26 August 2015
Aspectos que deben cambiar

Tal como deben mejorar los espacios laborales incorporando políticas de flexibilidad, muchos hombres tienen que asumir roles más proactivos frente a su hogar, familia y cuidado de los hijos.

Carola y Juan son un matrimonio joven, con dos hijos de 6 y 1 año. Ambos trabajan fuera de casa. La organización no ha sido fácil y las relaciones entre ambos han estado tirantes. Desde que Carola volvió del postnatal a trabajar, las peleas abundan. Carola llega a la casa a las 6 de la tarde, a hacer tareas, dar comida, a los baños, a hacer dormir. Juan llega más tarde, a veces ayuda con los niños, pero Carola estima que no es suficiente. Las malas noches dejan huella, su vida íntima ha sido relegada a segundo plano, él se siente abandonado, ella está agotada…

La realidad de Carola y Juan hoy se multiplica. El 47% de las mujeres chilenas están presentes en el mercado del trabajo, el porcentaje es aún mayor en mujeres de estratos socioeconómicos más altos. Las políticas públicas pretenden elevar esta tasa, ya que la evidencia demuestra que si la mujer trabaja, la familia sale de la línea de pobreza. Sin embargo, sacar adelante una familia con ambos padres trabajando fuera de casa, es tarea ardua. Esto explica, en parte, por qué las tasas de natalidad en Chile están bajo las de reposición. Frente a esta realidad ¿Qué podemos hacer? ¿Qué puede hacer Carola y Juan?

El mercado del trabajo ha sido históricamente organizado por hombres y para hombres, con la lógica que hay una mujer dedicada 100% a las tareas del hogar. Esta ha sido la cultura que divide el espacio privado o reproductivo, del público o productivo, como dos mundos autónomos, desvinculados, a veces casi antagónicos. En esta cultura la mujer se ha hecho un espacio.

Carola trabaja en horario completo, ha tratado de flexibilizar su jornada, pero no ha sido posible, sin embargo piensa que, más temprano que tarde, si podrá. La empresa necesita de mujeres jovenes, que no están dispuestas a sólo vivir para trabajar. Es que la incorporación masiva de la mujer al trabajo está presionando un cambio de cultura que va en beneficio de todos.

Así las cosas, hay dos aspectos que exigen una evolución. El primero es mejorar los espacios laborales incorporando políticas de flexibilidad tiempo y espacio, medidas que permitan la armonía de la vida personal, familiar y laboral. El segundo aspecto tiene que ver con Juan y su rol como padre y esposo. Muchos son los hombres que Juan representa, que saben que su aporte proactivo al hogar es indispensable. No sólo es su obligación, sino también su derecho. El derecho a ver a sus hijos, ser parte de su vida diaria, destinar tiempo a su hogar y desarrollar un proyecto familiar que los motive, tanto como el laboral.

Juan ha pensado que él también podría trabajar algunas horas desde su casa, quiere a Carola y a sus hijos, sabe que algo debe hacer para que su familia no fracase. Es un hombre inteligente, la crisis le ha servido para reflexionar. Le tiene a Carola una sorpresa, este fin de semana la invitará a Viña del Mar, los dos solos. Quiere conversar con calma. Entre ambos encontrarán una solución.

 

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