Escrito por María Ester Roblero C. / Nº 229 /  20 septiembre 2015
Antes de decir: “Si quiero”

El último informe del Proyecto Nacional del Matrimonio, de la Universidad de Virginia, EE.UU., co-escrito por los psicólogos Galena K. Rhoades y Scott M. Stanley, explora cómo las experiencias previas al matrimonio pueden favorecer o perjudicar la futura calidad de la vida conyugal.

Los autores de este estudio realizaron un seguimiento a 1.200 norteamericanos solteros, cuya edad fluctuaba entre los 18 y 34 años, pero que mantenían alguna relación amorosa el año 2007. Los siguieron durante cinco años, con recolección de datos semestrales y luego analizaron a los 418 que se casaron. El estudio tuvo en cuenta raza y etnia, años de educación, ingresos personales y en qué medida los sujetos eran religiosos.
Los resultados informan sólo acerca de la primera etapa de la relación de estas parejas. Sin embargo, muestran claramente las razones que han llevado a algunos a terminar y a otros a comprometerse, y además, el grado de bienestar y felicidad que han alcanzado los casados al comienzo de su matrimonio. Datos muy importantes, como señalan los autores, teniendo en cuenta que un enorme porcentaje de norteamericanos quiere casarse alguna vez en su vida.

Las nuevas tendencias culturales

Como anécdota, este informe parte contando que mientras se realizaba el seguimento a 1.200 estadounidenses desconocidos, la prensa miraba atenta a Angelina Jolie y Brad Pitt quienes después de casi diez años de convivencia y seis hijos en común decidieron casarse. Los autores señalan: “Ellos se parecen mucho a otras parejas de Hollywood que tuvieron hijos antes de atar el nudo: Ben Affleck y Jennifer Garner, Guy Ritchie y Madonna, Tom Cruise y Katie Holmes, y Ashton Kutcher y Mila Kunis”. No son solo historias de amor de Hollywood: representan tendencias culturales más amplias. Cada vez más, según demuestran las estadísticas, los principales hitos de una relación están ocurriendo antes del matrimonio y no después.

En el siglo XX el cortejo llevaba al noviazgo, éste al matrimonio, a la vida sexual, la convivencia y los hijos. Hoy en día, el matrimonio aparece al final de la línea.

Es este cambio el que llevó a plantearse algunas preguntas interesantes en el mencionado estudio: Las experiencias prematrimoniales, tanto con los demás y con el futuro cónyuge, ¿afectan la felicidad conyugal y la estabilidad? Los enredos románticos anteriores, ¿dañan las posibilidades de felicidad conyugal? Y una vez que aparece “la verdadera media naranja”, ¿el modo en que se toman las decisiones influyen en la capacidad para tener un matrimonio exitoso?

Quiénes son:
Galena Rhoades, Ph.D., es psicólga clínica y profesora investigadora del Departamento de Psicología de la Universidad de Denver. Su investigación se centra en el desarrollo y funcionamiento de las relaciones de pareja, y sus efectos en niños y adultos.
Scott Stanley, Ph.D., es investigador y co-Director del Centro de Estudios de Estado civil y de la Familia de la Universidad de Denver, y miembro del National Marriage Project de la Universidad de Virginia. Su investigación se centra en el compromiso en las relaciones, el desarrollo de la pareja, la cohabitación, los factores de riesgo para el divorcio y la prevención del conflicto matrimonial.

Después de analizar los datos, Galena K. Rhoades y Scott M. Stanley llegaron a tres conclusiones principales y que enuncian recurriendo en algunos casos a títulos de exitosas películas románticas hollywoodenses:

1. Lo que pasa en Las Vegas no se queda en Las Vegas: Nuestras experiencias pasadas, especialmente cuando se trata de amor, sexo e hijos, quedan vinculadas a nuestra futura calidad marital.
2. La importancia de decidir vs. dejarse llevar: Algunas parejas se deslizan a través de las principales transiciones de su relación, mientras que otras toman decisiones deliberadas acerca de cómo moverse hacia el futuro. A las segundas les va mejor.
3. Un gran casamiento griego: El modo en que se celebra el rito dice algo sobre la calidad de los matrimonios.

Primera conclusión: La fantasía de Las vegas

“En realidad, lo que se hace antes del matrimonio si importa. En concreto, la forma en que los jóvenes conducen sus vidas románticas antes de casarse está vinculada a sus probabilidades de tener matrimonios felices”, concluyen los autores.

“No hay que consultar a los científicos sociales para saber que el sexo antes del matrimonio es la norma entre los jóvenes estadounidenses. En nuestra muestra, el encuestado promedio reportó tener cinco parejas sexuales previas. Muchos jóvenes de la Generación YOLO (You Only Live Once, “sólo se vive una vez”) creen que lo que sucede mientras se es joven no afectará su futuro. Pero nuestra investigación pinta un cuadro diferente”, señalan. “No queremos decir que el sexo prematrimonial invalide para un matrimonio feliz, pero el sexo con muchas parejas diferentes puede ser riesgoso si la persona está buscando un matrimonio de alta calidad”, explican.

Este estudio confirma además lo señalado en otras investigaciones: la crianza de hijos de relaciones anteriores pueden añadir estrés a un matrimonio.

¿PUEDO CAMBIAR MIS PROBABILIDADES?
He aquí algunas sugerencias para aumentar las posibilidades de éxito matrimonial, incluso con factores de riesgo en su pasado, señaladas por Galena K. Rhoades y Scott M. Stanley, en el informe “Before I do”.

1. Adoptar como mentalidad que se debe decidir el futuro. Entender que el modo como se viven las transiciones pueden afectar los resultados posteriores.

2. Hablar con la pareja acerca de sus antecedentes románticos. Ser sincero(a) sobre cómo sus experiencias pasadas han tenido un impacto positivo o negativo y qué lecciones ha aprendido.

3. Considerar la posibilidad de buscar el consejo sabio de los demás, tal vez a través de libros, cursos, talleres, o consejería. Estos pueden ayudar a mejorar su capacidad de buscar la felicidad y estabilidad en el matrimonio.

4. Lo más importante, darse cuenta de la importancia del pasado. Todo lo que hacemos antes de establecerse en un matrimonio puede no permanecer atrás. Los fantasmas de los romances anteriores pueden perseguir a los nuevos.

5. Buscar el apoyo de la comunidad. Muchas parejas harían bien en estudiar la manera de estar más conectados, como pareja, con otros en la comunidad. El mantenimiento de las amistades importantes y las conexiones con la familia, son claves.

Segunda conclusión: Decidir y no deslizarse

Los autores explican que las relaciones de las parejas en todo el mundo pasan por varios hitos, desde el primer beso hasta casarse y tener hijos. Cada transición implica decisiones consecuentes: ¿Nos mudamos juntos si nos contratan en otra ciudad, o nos casamos antes de mudarnos? ¿Tenemos los niños antes de que nos casemos, o después? ¿Queremos tener una celebración matrimonial o fugarnos?

Cómo cada pareja maneja estas opciones es importante. Algunos toman las decisiones que los mueven de un hito a otro de la relación. Otros se deslizan a través de los hitos sin una planificación previa. “Nuestros hallazgos muestran que las parejas que se deslizan a través de sus transiciones de relación tienen peor calidad marital que los que toman decisiones intencionales sobre los principales hitos”, explican Galena K. Rhoades y Scott M. Stanley. La explicación es que en momentos de transiciones importantes, el proceso de tomar una decisión establece un compromiso más en la pareja. Por ello hablar con claridad acerca de las posibles futuras transiciones contribuye a mejores matrimonios.

Tercera conclusión: El rito del matrimonio

El conjunto final de resultados se relaciona con el mayor ritual de la mayoría de las relaciones: la boda. Los autores analizaron factores como ingresos y educación, pero concluyeron que cuando el rito se efectua en una fecha determinada, previamente comunicada y con el apoyo de la comunidad, es un predictor de la calidad matrimonial.

Una interpretación de este hallazgo es que el no tener una celebración es reflejo de otras desventajas que algunas parejas tienen y que luego afecta su vida en común. Por ejemplo, la vulnerabilidad social, la inestabilidad laboral, las dudas acerca de su relación, hijos anteriores, poco apoyo de sus familias de origen…

Este estudio concluye que una ceremonia pública simboliza una clara decisión de comprometerse. “Pequeña o grande, las ceremonias de boda reflejan y aumentan el sentido de comunidad de los matrimonios. Son celebraciones que involucran a la familia, los amigos cercanos y a una red más amplia de personas alrededor de una pareja. Emile Durkheim, sociólogo célebre, es famoso por el argumento de que la comunidad y los rituales asociados con la vida colectiva, dan significado, propósito y estabilidad a la vida social”, escriben.
Galena K. Rhoades y Scott M. Stanley terminan su informe “Before I do” señalando que confían que “con la ayuda de nuestra investigación las parejas actuales y futuras puedan entender mejor los factores que parecen contribuir a la construcción de un matrimonio saludable en la sociedad contemporánea”.

TRES ALERTAS ROJAS PARA DECIR “NO QUIERO”
“Algunos factores de riesgo que examinamos en nuestro estudio representan una bandera roja que debe conducir a una seria consideración acerca del futuro de la relación”, aconsejan Galena K. Rhoades y Scott M. Stanley, en el informe “Before I do”.

Los diferentes niveles de compromiso:
“Por compromiso, nos referimos a la fuerza con que cada cual desea un futuro juntos, cuánto él o ella está dispuesto a sacrificar o dar por la pareja y la relación. Hemos encontrado que cuando alguien siente que su nivel de compromiso es más fuerte que el del otro antes del matrimonio, luego informó una menor calidad de vida marital.

Infidelidad prematrimonial:
En este estudio, el 16 por ciento de los participantes informó haber sido infiel y el 10 señaló que sabía a ciencia cierta que su eventual conyugue no era fiel mientras eran novios. Estos últimos reportaron menor calidad matrimonial, aunque la magnitud de este hallazgo se ve disminuida después de controlar los resultado según raza / etnia, educación, ingresos, y la religiosidad.

La agresión física:
Los que reportaron haber experimentado agresión física en su relación antes del matrimonio informaron una calidad inferior más adelante. En esta muestra, el 53 por ciento de los encuestados dijeron que habían experimentado alguna vez una o más de formas de agresión. Pero quienes reportaron la agresión de parte de la persona con que se casaron tuvieron bajísimos niveles de felicidad matrimonial.

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