Escrito por Claudia Tarud / Nº 229 /  27 September 2015
Hacia la responsabilidad familiar corporativa

En la columna del mes pasado veíamos la historia de Carola y Juan. Un matrimonio joven con niños pequeños, ambos trabajando fuera de casa horario completo. Sin duda esta realidad es común, y también lo son las dificultades que deben enfrentar en su diario vivir para armonizar su vida personal, familiar y laboral.

Carola es ejecutiva de una empresa de retail, altamente competitiva. Las medidas de “conciliación familia y trabajo” no han estado en su prioridad, sin embargo la empresa ha visto cómo algunos de los colaboradores se han ido y a otros les es difícil “ponerse la camiseta de la empresa”. La esperanza es la nueva “Gerente de Personas”: en su discurso de bienvenida dijo expresamente que los trabajadores son su mejor capital y que comenzaría una nueva etapa en que irían cambiando la cultura hacia una de “Responsabilidad Familiar Corporativa”.

Hace unos días le llegó a Carola una encuesta interna en que le preguntaban por las medidas de conciliación que ella conocía, cuáles le gustaría que la empresa implementara, cuáles veía viables para su tipo de trabajo, etc. Junto a ello, le avisaron que vendrían a entrevistarla. Le dijeron que se estaba haciendo un diagnóstico de la situación y evaluando opciones razonables para generar un hábitat laboral favorable a la familia.

Una cultura empresarial con foco en las personas, su desarrollo integral y su familia no es fácil de implementar. Hay que romper esquemas y salir de la zona de confort que induce a seguir haciendo las cosas siempre igual. Hay que derribar mitos respecto a los recursos que se deben invertir en estas materias; mitos sobre la respuesta de las personas y la capacidad de trabajar igual, incluso mejor, cuando la empresa confía en ellos; mitos culturales respecto a los roles entre hombres y mujeres, no sólo en relación a su trabajo remunerado, sino también al que desarrollan al interior de su hogar, etc. Las barreras económicas y culturales constituyen verdaderos paradigmas que impiden evolucionar hacia una forma de organizar el trabajo y la familia de manera nueva y mejor, incluso más productiva.

La empresa de Carola quiere hacerlo bien, la nueva Gerente sabe que en teoría las cosas parecen fáciles, pero en la práctica real no lo son tanto. Es por ello que ha partido con un diagnóstico que deberá mostrar las vías para ir generando el cambio cultural. Este proceso es posible de hacer en cualquier industria, ya sea productiva o no, ya sea en organizaciones educacionales o en el mundo público, en fin, en cualquier ambiente laboral. Se trata de una decisión, que debe ser tomada primero, por la alta dirección y desde allí comenzar paso a paso con medidas adecuadas a su propia realidad. Así como en la formación de una familia y educación de los hijos no hay receta unívoca, en el quehacer empresarial tampoco.

Lo que sí es experiencia transversal es que una organización que vela por sus colaboradores, antes que por sus propios clientes, gana no sólo en buen clima, sino en arraigar una cultura que fideliza a sus trabajadores, baja su rotación, profundiza la responsabilidad y, por último aumenta su productividad. Nadie queda fuera de este desafío, Carola sabe que ella puede aportar y confía en que su empresa le irá permitiendo paso a paso una vida en que pueda armonizar su vida personal, familiar y laboral.

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